La imagen de un ex combatiente con estres postraumático y acechado por la depresión se ha repetido como un leitmotiv en las películas y series bélicas: es un estereotipo instalado que invita a pensar que el servicio militar siempre deja secuelas psicológicas profundas.
La realidad, sin embargo, parece más compleja. Si bien hay soldados y veteranos que efectivamente sufren estrés postraumático, una investigación reciente indica que el servicio militar puede tener, en muchos casos, un efecto protector contra la depresión.
El estudio, publicado en la revista BMJ Military Health, analizó a casi 26.000 personas en Estados Unidos y encontró que quienes sirvieron en el ejército tenían un 23% menos de riesgo de depresión que quienes nunca lo hicieron. Los resultados contradicen la idea extendida de que la vida militar, por sí misma, siempre aumenta la vulnerabilidad psicológica.

La investigación se basó en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES), que se realiza periódicamente en Estados Unidos. Allí se evaluó a casi 26.000 adultos entre 2011 y 2023, de los cuales 2.400 habían tenido experiencia en el ejército.
Los investigadores compararon la prevalencia de depresión entre los grupos y encontraron que, en la población general, el 9,3% sufría este trastorno, mientras que entre quienes habían servido en el ejército la cifra era del 7,5%. Ajustando por factores como ingresos, estado civil, etnia o enfermedades crónicas, el servicio militar seguía apareciendo como un factor de protección.
Según el equipo liderado por X.L. Shi, del Hospital del Cuerpo Provincial de Shandong (China), estos resultados sugieren que la disciplina, la capacidad de organización y la resiliencia que se entrenan en la vida militar podrían mejorar las habilidades de afrontamiento y ayudar a reducir el riesgo de depresión.
Lo que cambia según el perfil del soldado
El efecto protector del servicio militar no se da en todos los casos por igual. El estudio identificó grupos dentro de las fuerzas armadas que presentan un riesgo mayor de depresión:
- Mujeres soldados: mostraron más del triple de riesgo en comparación con los hombres
- Divorciados o solteros: también tuvieron tres veces más probabilidades de sufrir depresión
- Ingresos bajos: quienes tenían mejores ingresos mostraron un 70% menos de riesgo que aquellos con salarios reducidos
- Condición física: los soldados con presión arterial normal tuvieron un 57% menos de probabilidad de padecer depresión que los que sufrían hipertensión.
Estos matices muestran que, aunque el promedio general indica un efecto positivo, no se puede hablar de una protección universal. La experiencia militar se cruza con factores personales, sociales y de salud que pueden aumentar o reducir el riesgo.

Una conclusión que desafía prejuicios
Los investigadores remarcan que este estudio contradice la idea extendida de que el servicio militar siempre lleva a un deterioro psicológico. Incluso recuerdan que gran parte de las investigaciones previas sobre veteranos se hicieron sobre poblaciones que ya estaban en sistemas de salud, lo que puede haber sobrerrepresentado los casos más graves.
En cambio, el análisis con datos poblacionales más amplios parece indicar que, en muchos contextos, el servicio puede servir como una barrera ante la depresión. No obstante, el estudio también advierte que no se debe pasar por alto la vulnerabilidad de ciertos subgrupos, como las mujeres y quienes enfrentan rupturas de pareja.
Se de tener en cuenta que la depresión es un problema de salud pública creciente y con un alto impacto en la vida cotidiana. Que el servicio militar aparezca como un posible factor de protección no significa que sea una receta aplicable para todos, pero sí abre la puerta a nuevas preguntas sobre cómo influyen la disciplina, la pertenencia a un grupo y el desarrollo de habilidades de resiliencia en la salud mental.