Cada vez más mujeres se están animando a viajar solas: es una costumbre que se convirtió en un fenómeno global y que refleja no sólo la búsqueda de aventuras, sino también de independencia y autoconocimiento. Viajar sin compañía permite organizar el recorrido a medida, descubrir lugares desde otra perspectiva y tomar decisiones propias sobre el itinerario.
Lejos de ser una experiencia de riesgo, muchas viajeras coinciden en que viajar solas despierta otros sentidos: se prestan más atención a los detalles, a la gente con la que uno se cruza y a los espacios por los que se transita. Esa alerta se traduce en una mayor seguridad y también en una forma distinta de disfrutar cada destino.
Al mismo tiempo, esta modalidad de viaje permite vivir experiencias únicas: desde conocer nuevas personas hasta dedicarse a hobbies propios, descubrir costumbres locales y, sobre todo, sentirse dueña de cada elección.

Con preparación, sentido común y algunos consejos prácticos, viajar sola deja de ser un desafío para convertirse en una oportunidad de crecimiento personal y disfrute. A continuación, se reproduce un ránking con los ocho mejores consejos para planificar un viaje sola.
1- Anticiparse, planificar el viaje y buscar seguridad
Antes de salir de viaje, la seguridad es la primera aliada. Prepararse bien marca la diferencia: llevar agua, un botiquín y saber leer un mapa puede evitar más de un problema. Muchas viajeras recomiendan contar con un GPS satelital si el destino es una zona sin señal.
La clave está en anticiparse: revisar el clima, elegir recorridos seguros y siempre tener a alguien que sepa dónde estás. Así, incluso en excursiones de montaña o caminatas en parques nacionales, se puede disfrutar sin tanta preocupación.
Un extra que suma es hacer un curso de primeros auxilios para estar preparada con el objetivo de resolver cualquier situación inesperada.

2- Saber cuando buscar compañía de expertos
Viajar sola no significa estar completamente sin compañia todo el tiempo. En muchos destinos, sumarse a tours organizados puede ser una gran opción para descubrir lugares de la mano de guías locales o especialistas.
Los trekkings grupales o incluso las visitas a museos con guías son oportunidades para aprender y conectar con otros. Además, hay agencias que organizan excursiones pensadas exclusivamente para mujeres, lo que brinda un plus de seguridad y confianza.
Elegir estos espacios compartidos puede aportar tranquilidad y, de paso, abrir la puerta a nuevas amistades con viajeras de intereses similares.
3. Estar dispuesta a conocer gente
Una de las ventajas de viajar sola es la posibilidad de vincularse con más personas locales o con otros viajeros. Esa apertura genera encuentros que, en muchos casos, terminan en amistades duraderas.
Participar en excursiones, visitas guiadas so unirse a actividades culturales son formas de conocer gente de manera natural y en espacios públicos seguros. Hoy existen aplicaciones y plataformas que facilitan este tipo de encuentros.
La recomendación es siempre escuchar al instinto y elegir bien con quién compartir tiempo.

4- Confiar en el instinto
El instinto es una brújula que nunca falla. Muchas mujeres que viajaron solas destacan lo importante que es escuchar esa voz interna que dice “acá no” o “esto no me convence”.
A veces, actuar de manera defensiva o cortar una situación a tiempo puede evitar malos momentos. No se trata de exagerar, sino de estar atenta y decidir con firmeza cuando algo no resulta cómodo.
La calma, sumada al sentido común, ayuda a tomar mejores decisiones incluso en momentos de tensión. Y con la práctica, esa confianza en una misma se fortalece.
5. Aprender a divertirse solo
En un viaje en solitario sobra el tiempo libre, y eso no es algo negativo. Al contrario, es una oportunidad para reconectar con hobbies o empezar nuevos.
Dibujar, escribir un diario, sacar fotos o simplemente leer un libro en un café son actividades que llenan la experiencia de sentido. Además, pueden convertirse en un puente para conectar con personas locales que se acerquen por curiosidad.
Llevar un cuaderno, una cámara o cualquier herramienta creativa transforma los ratos en soledad en momentos de descubrimiento personal.

6. Alojamiento: pensar en un hostel
Los hostels son mucho más que alojamiento barato: son espacios de encuentro. Alojarse en uno puede ser una gran decisión para quienes viajan solas, porque permiten conocer gente y acceder a recomendaciones de primera mano.
Las reseñas online ayudan a elegir opciones seguras y bien valoradas. Además, los espacios compartidos, como cocinas o terrazas, suelen ser lugares donde surgen conversaciones espontáneas y planes compartidos.
Conectar con otros viajeros no solo suma compañía, también puede enriquecer el recorrido al descubrir actividades que no estaban en el radar.
7. Aprovechar el lado solidario de las personas
Aunque la prudencia es fundamental, los viajes también muestran el costado más solidario de las personas. Muchas viajeras destacan la ayuda desinteresada que recibieron de desconocidos en momentos clave.
Aprender algunas frases básicas en el idioma local o usar aplicaciones de traducción puede facilitar la comunicación y abrir puertas. Incluso un gesto amable alcanza para generar confianza.
La experiencia de recibir ayuda refuerza la idea de que el mundo está lleno de gente dispuesta a tender una mano, aunque no compartan idioma ni cultura.
8. Sumergirse en la cultura local
Viajar sola permite mirar con otros ojos. Sin la compañía de alguien conocido, muchas viajeras aseguran que prestan más atención a los detalles, a las costumbres locales y a las historias que se esconden en cada lugar.
Conectarse con personas del lugar, hospedarse en casas familiares o participar en actividades culturales facilita conocer historias que van más allá de la típica postal turística.
Esos pequeños descubrimientos hacen que el viaje sea más profundo, porque no solo se visitan lugares, también se entienden sus raíces y su gente.