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viernes, agosto 29, 2025

El ciempiés de Charles Trenet

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A principios de los noventa el cantante Charles Trenet actuó en la fiesta del diario comunista L’humanité que, como sucedía también aquí hace un montón de años con la fiesta de Treball (el periódico del PSUC), era un gran acontecimiento político y musical. La revista Charlie Hebdo publicó una caricatura de Trenet, sombrero ladeado, pelo rubio escarolado y ojos de chiflado, cantando: “Dans le gulag… y’a d’la joie! ”. Y’a d’la joie es una canción de 1937 que explica que Trenet está encantado de la vida. Cuando ve al panadero le entran ganas de almorzar. Encuentra al cartero que le parece un ángel. La idea –una poco injusta, porque Trenet era un tipo comprometido que ya había actuado en la fiesta de L’humanité de 1938es que iría al gulag (los campos de concentración de la Unión Soviética) y le parecerían estupendos.

Trenet es el cantante de la alegría eufórica. Y por eso, cuando el verano empieza a declinar y me entra aquel nosequétengo, me gusta escuchar Le retour des saisons , que habla de la vuelta de vacaciones que, según dice, es un momento fantástico, con el otoño tan agradable, y después el invierno y los regalos, hasta llegar a la primavera cuando –para que no falte de nada– las golondrinas regresan del Brasil tras seis meses de exilio -no es ningún misterio zoológico: Brésil rima con exil-. Es una canción que da buen rollo. Cuando piensas que la escribió en 1947 cuando en Europa quedaban todavía cadáveres por enterrar, ves que la depresión posvacaciones es una memez.

Encuentro el jardín lleno de ciempiés atraídos por la humedad de la lluvia de ayer por la tarde

Salgo por la pista camino de Coll del Frare y encuentro una higuera cubierta de polvo con unos higos verdes que empiezan a resquebrajarse entre lágrimas de leche. “¡Buenos días señora higuera!Y’a d’la joie!” Muerdo un higo polvoriento que aún no ha madurado. En medio de la pista veo un juvenil de serpiente verde como un garabato ondulante. Me dispongo a sacarle una foto para alegrar a los seguidores de Instagram: se endereza como un alambre y sale corriendo a esconderse en un agujero. “C’est la vie qui recommence!”, grito al cielo azul manchado por unas nubecitas de los Simpson. “Este se ha creído que es le fou chantant”, piensa la serpiente verde que es pequeña pero está en todo. En medio del sendero, una mantis ha clavado las zarpas en un saltamontes y lo devora vivo. “C’est l’amour qui pénètre, en ouvrant ma fenêtr e! ”, le digo al saltamontes que mueve las patas como émbolos de una máquina escacharrada, el abdomen es un boquete carmesí. Cuando llego a casa encuentro el jardín lleno de ciempiés atraídos por la humedad de la lluvia de ayer por la tarde. Hay centenares de ellos, muchos pequeños, que deambulan por la pared. La vecina dice que son una plaga. “Les mille-pattes qui rappliquent du Brésil après six mois d’exil!”. Un ciempiés mediano no lo ve claro y se enrosca sobre sí mismo.

El lunes, al tajo.

Redacción

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