«Varios hombres rubios de aspecto desaseado y cuyos rostros denotaban largo tiempo de navegación y necesidades», describió el cronista del diario El Atlántico a los hombres «sobre la cubierta» del submarino U-530 al entregarse en el puerto de Mar del Plata, el 10 de julio de 1945. Se trataba de un buque nazi que los dejó perplejos emergiendo en estas latitudes, uno de muchos que en esos días, desde la rendición ante los aliados el 7 de mayo de aquel año, navegaba en secreto.
A este se lo pudo observar en detalle al emerger en la Base Naval con 54 marinos de entre 28 y 29 años, los que estaban a cargo del comandante Otto Wermuth, todos exhaustos luego de navegar un mes y medio sin tocar tierra, ya sin víveres.
Luego, en agosto, otro submarino alemán se entregó en el puerto marplatense, pero sobre el destino del resto de las embarcaciones, las que vieron pescadores en distintos puntos de la costa o la que fue descubierta frente a las playas de Quequén, que se supone fue hundida adrede tras dejar a su misteriosa tripulación, la historia es un misterio.
Hay decenas de pequeños detalles que alimentan las hipótesis sobre nazis radicados en estas orillas tras huir de la guerra, como el bote salvavidas del U-530, que no apareció (¿los utilizaron funcionarios o algún militar de rango que venían a bordo?) o como el cuadro que, por obra del azar y de la tenacidad de un grupo de periodistas neerlandeses, apareció, tras ser robado en Ámsterdam, colgado en un chalé del coqueto barrio marplatense de Parque Luro.

En 1945, las autoridades argentinas se apuraron a aclarar que a bordo de ese primer submarino no había ningún político ni militares alemanes de alto rango; sugestivo cuando la premisa principal era huir.
Apenas cinco días después de la rendición, policías de San Clemente del Tuyú, 200 kilómetros al norte de Mar del Plata, reportaron la presencia de dos submarinos W-530 a cinco kilómetros de la costa. La Armada Argentina inspeccionó la zona, luego el Ministerio de Marina declaró que la búsqueda había resultado «infructuosa».
También cerca de Mar de Ajó hubo quienes afirmaron ver a dos submarinos y esto fue reflejado El Tribuno, de Dolores. Otra vez, aviones sobrevolaron la zona y no encontraron nada.
A mediados de agosto de 1945, Mar del Plata volvió ser sacudida. El 17 apareció otro submarino alemán, el U-977. Su comandante, Heinz Schäffer, y sus 48 hombres fueron detenidos en la Base Naval.
Hubo luego una tormenta diplomática. Lo cierto que la llegada consecutiva de dos U-Boote a un país bajo sospechas de simpatía por los nazis (había declarado la guerra a Alemania en marzo a instancias de sus aliados), hizo que hubiera que aclarar que no se había ofrecido asilo a los tripulantes de las fuerzas armadas de aquel país.
De hecho, ambas tripulaciones fueron entregadas. Pero su llegada quedó asociada a una idea que aun inquieta: la de la costa argentina como posible refugio y puerta de entrada del nazismo acabado.
Hallazgo bajo la superficie
En 2021, a 4,2 kilómetros de distancia de las playas bonaerenses de Costa Bonita y Arenas Verdes, a unos 28 metros de profundidad, se encontró la estructura de lo que luego se confirmó es un submarino alemán. Lo hicieron los investigadores de Eslabón Perdido, un equipo multidisciplinario de historiadores, periodistas e ingenieros que se especializa en encontrar huellas del arribo clandestino de distintos oficiales nazis tras la derrota alemana en el conflicto bélico, que creó el periodista y escritor Abel Basti.
Un experto de la Lega Navale Italiana determinó que el buque había sido «deliberadamente explotado con el intento exitoso de borrar el rastro y desintegrar el submarino».
Antes de este hallazgo, Bastí había trabajado en Bariloche, donde existían rumores de submarinos en Caleta de los Loros, Río Negro. Entre Viedma y San Antonio. Esos submarinos fueron vistos durante décadas cuando había bajamares extraordinarias, contó.
Según explicó entonces a este diario, el protocolo de escape incluía hundir los submarinos una vez que los oficiales hayan llegado a tierra, para no dejar ningún tipo de rastro.
El grupo Eslabón Perdido, que confirmó el hallazgo, sostiene que el submarino fue parte de una operación de fuga orquestada por y para jerarcas nazis aun antes de la caída de Berlín. Indica que el submarino dejó a su enigmática tripulación en la playa, entre Arenas Verdes y Costa Bonita, y que las huellas de camiones en la arena vistas horas después revelan que desde allí los recién llegados fueron trasladados hasta una estancia. Clarín estuvo allí: el rastro se pierde frente a una tranquera.

Se trata de la Estancia Moromar. La entrada por la ruta 88 se encuentra en el kilómetro 87. Desde allí hay que internarse 5 kilómetros siguiendo hileras de eucaliptus y un camino de tierra hasta otra tranquera que permanece con cadena y candado. La administra Safico S.A. (Sociedad Anónima, Financiera y Comercial), de la familia Weil, dedicada al agro entre otros negocios.
A su vez, en la sede porteña de Safico, Fiedrich Gustav Kadgien, señalado como el experto en finanzas más importante de Adolf Hitler, fundó en 1951 la firma Imhauka.
Además de millones de dólares, Kadgien trajo obras de arte a la Argentina: fue justamente en un inmueble de su hija -el chalé del Parque Luro- donde apareció el cuadro robado en Ámsterdam durante la ocupación nazi y titulado «Retrato de una dama». Este retrato se alcanzó a ver en un aviso de venta de la propiedad, pero aun sigue sin poder ser localizado.
Cuando la Policía Federal Argentina (PFA) allanó esta vivienda solo encontró más de 25 estampas de colecciones alemanas y francesas de la década del cuarenta, documentación, dos celulares, un revólver y una escopeta.
AA