La fascinación por el Antiguo Egipto creció en Europa desde que la campaña de Napoleón incluyó científicos y especialistas con la intención de sistematizar ese interés que coronó Jean-François Champollion al descifrar los jeroglíficos egipcios a partir de la Piedra Rosetta. Numerosas expediciones arqueológicas se sucedieron impulsadas por aristócratas europeos, como aquella en que Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón con el apoyo de Lord Carnarvon en 1922.
los académicos y curadores Sergio Baur y José Emilio Burucúa. Foto: Ariel Grinberg.Mucho de esto desató un imaginario fantástico que excedió los estudios científicos y se derramó en la literatura, las novelas de aventuras, en el diseño y en la moda, que convirtió a la cultura egipcia en una verdadera pasión popular. Nuestro país no fue ajeno a este extendido fervor que es evocado ahora por la exhibición Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia en la Argentina, curada por los investigadores Sergio Baur y José Emilio Burucúa en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Miembros ambos de la Academia Nacional de Bellas Artes, fue a partir del acervo de esa institución que surgió la idea que despliega de manera tan abarcadora esta exhibición. Con ellos conversamos sobre el itinerario que recorrió la investigación previa, una aventura igualmente fascinante en la que se complementó con gran solvencia la formación intelectual de ambos.
–¿Cuál fue el punto de partida?
– Sergio Baur: José Emilio sabía que en el archivo González Garaño, que se encuentra en la Academia Nacional de Bellas Artes, existía la colección de fotografías que documentaba el viaje que el matrimonio González Garaño había hecho a Egipto en el año 1926 junto con Le Breton, que en ese momento era un diplomático argentino destinado en el exterior. Cuando me mostró esas fotos y me comentó que quería hacer una exposición con ellas, pensé en un trabajo que yo le había pedido a la investigadora Perla Fuscaldo cuando yo era embajador en Egipto. Como ella era especialista en el Antiguo Egipto y había sido discípula del eminente egiptólogo Abraham Rosenwasser, la idea era que hiciera un libro sobre la evolución de la egiptología en Argentina. Ese libro se publicó y, a partir de él, ambos conocimos en profundidad la participación argentina en la egiptología, que había sido muy profunda y extensa. Así pensamos en reunir el patrimonio que existiera en materia egiptológica con todos aquellos derivados que la egiptología produjo tanto en el arte como en la literatura y en la cultura popular. De ahí surgió el título de la exposición Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia, que fue una idea fantástica de José Emilio porque ambos términos convergen en la muestra.
–Hace tres años hubo un gran despliegue mediático alrededor del centenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922. ¿Si el viaje del matrimonio González Garaño a Egipto, que inspiró esta exhibición, fue en 1926, podría decirse que participa de un mismo espíritu de época y que fue algo propio de las élites?
– Sergio Baur: Sí, claro, la influencia de la egiptología a partir del descubrimiento de la tumba de Tutankamón aparece en la arquitectura, en los paseos públicos, o sea, que se filtró prácticamente sin ser anunciada ni invitada en muchos elementos de la cultura argentina. Sin embargo, no fue un interés exclusivo de las élites, ya que lo que hemos dado en llamar egiptofilia también aparece en distintas formas de la cultura popular, como algunas tapas y contribuciones de la revista Caras y Caretas.
–Pienso también que su gramática ornamental sintonizó con el art déco de la arquitectura que en esta ciudad tuvo un gran desarrollo en ese momento.
– Sergio Baur: Esto se ve muy a través de las fotografías de Facundo de Zuviría y también en los trabajos de Karina El Azen. Pero Egipto se filtró también en los primeros textos de la Argentina. Por ejemplo, en los Cantos de Mayo publicados en la revista musical La Lira Argentina en la mitad de la década del 20, hay referencias y comparaciones de la gesta patria con la grandeza del Antiguo Egipto. Así, para esta muestra, hemos trazado una línea de tiempo en la que todo esto se va reflejando a través de objetos, libros y, sobre todo, en cómo se fueron conformando las colecciones de estudio en los distintos museos del país.
El académico y curador José Emilio Burucúa. Foto: Ariel Grinberg.–Me interesa profundizar sobre ese encuentro con el material del archivo González Garaño en la Academia.
– José Emilio Burucúa: Quien primero conoció y valorizó este material en la Academia fue Héctor Schenone. Fue él quien me llamó la atención sobre el interés de las fotografías de ese fantástico viaje que hicieron los González Garaño a Egipto. Al principio pensé que era realmente una especie de turismo de gran envergadura, propio de los años 20, pero después con Sergio nos fuimos dando cuenta de que no era exactamente así. Que el viaje de los González Garaño fue una especie de bisagra porque ellos llevaron un cajón de libros especializados. En una de las fotos se puede ver a ella en un descanso en la visita a Luxor leyendo uno de esos libros. Lamentablemente, no hay cartas de ellos, tampoco pudimos encontrar material escrito ni un diario de viaje.
–¿Tampoco en el reverso de esas postales que están exhibidas?
– José Emilio Burucúa: No, hay alguna anotación en los libros. Allí encontramos fechas que nos permitieron reconstruir o darnos cuenta de cuál era la época en que eso ocurrió, que fue entre enero y marzo de 1926. Y, por las fotos, pudimos reconstruir el itinerario. Pero debo destacar que fue Sergio quien percibió la posibilidad de ampliar la exhibición en la dimensión que adquirió, ya que en un principio iba a ser una mera muestra de gabinete. Es a partir de ahí que se dilata el horizonte y empiezan a aparecer todas estas expresiones y estos acercamientos de los hombres de letras, los artistas plásticos. Y, más tarde, toda la cuestión de las caricaturas, más relacionadas con la egiptofilia que con la egiptología, que es la ciencia que investiga el Antiguo Egipto. No quisimos poner la palabra egiptomanía en el título por razones obvias, aunque se supone que, por debajo de una egiptofilia, subyace una egiptomanía. Con esa visión de Sergio se amplió muchísimo la primera fase que yo había imaginado. Luego recurrimos a dos destacados especialistas: Diego Santos, que es investigador de Conicet, y Marcelo Campagno, quien dicta la materia que originalmente tuvo el gran egiptólogo Abraham Rosenwasser en la Facultad de Filosofía y Letras. Ellos nos dieron una gran ayuda. Sobre todo, Diego Santos, que conocía el destino y la historia de cada pieza: cómo llegó al país, quién la trajo y en qué colecciones estuvo. Así pudimos ubicar las distintas piezas en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en el Museo Etnográfico, en la colección Fortabat, en el Museo de Calcos de La Cárcova y en el Museo de Tandil, donde está la colección Santa Marina. Tuvimos, por otro lado, un enorme apoyo de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes y, en especial, de Julio Crivelli, su presidente.
–En portugués la palabra pesquisa significa investigación y se aplica también a lo científico. En español suena a trabajo detectivesco. ¿Cuánto tiempo llevó este trabajo detectivesco?
– Sergio Baur: Llevó tres años. Hubo una gran coincidencia entre la selección que habíamos hecho previamente con José Emilio y el aval científico de estos dos académicos que acababan de mencionar. Era fundamental tener ese aval porque la egiptología es una disciplina muy seria, difícil y que requiere de una cantidad de conocimientos. Por eso teníamos que tener la seguridad de que lo que estábamos haciendo era correcto. Gracias a la generosidad de los prestadores, obtuvimos piezas muy especiales, como la estela perteneciente al Museo de La Plata, que procede de la gran expedición de Rosenwasser a Aksha, donde estaba el Templo de Ramsés II. Fue una expedición asociada al rescate de los templos de Nubia, dirigidos por la UNESCO a mediados de la década del 60. Esa estela fue estudiada por el actual director de la UNESCO, Khaled El-Enany, que fue ministro de Antigüedades de Egipto. Cuando nos visitó a principios del año pasado, lo acompañamos a La Plata. Nos mostró la estela y el estudio académico que él había hecho sobre esa pieza, que está ahora en la exhibición. Hay determinados objetos que pertenecen a las colecciones públicas argentinas y son parte del patrimonio nacional, que han llamado la atención de la comunidad científica internacional. Otra pieza para destacar es el fragmento, el llamado Papiro Buenos Aires, en el que figura el texto más antiguo del cuento de Sinué. En el Museo de Arte Decorativo se encuentran los objetos egipcios que trajeron los González Garaño y fueron donados a la institución. Entre ese grupo de piezas se destaca la pulsera ptolemaica de oro, que perteneció a Marieta Ayerza de González Garaño y es una típica joya egipcia del último período.
–Hay dos vasos canopos hermosos.
– Sergio Baur: Sí, esos son de la familia Errázuriz. En el Palacio Errázuriz hay una mascarilla estupenda de la época ptolemaica. Pero hay piezas más antiguas. Lo que se destaca como más antiguo, –de la Tercera Dinastía–, es un vaso de alabastro que fue un regalo del presidente Nasser al presidente Frondizi, quien, a su vez, se lo ofreció a Romero Brest cuando era director del Museo Nacional de Bellas Artes y hoy forma parte del patrimonio del Museo. Para la historiografía argentina, el valor agregado es que es un regalo de Nasser al presidente Frondizi.
El académico y curador Sergio Baur. Foto: Ariel Grinberg.–Que Frondizi lo haya donado es algo para destacar, ya que no es una actitud habitual en los funcionarios recientes.
– Sergio Baur: Se expone también la carta de donación del presidente Frondizi al director del Museo para que lo integre como parte del patrimonio. La colección Fortabat también aportó unas piezas muy importantes, parte de una compra realizada por la señora Fortabat en los años 90.
–¿Cuán difícil fue reunir todas estas piezas en un ámbito expositivo?
– Sergio Baur: Bastante difícil, no solo porque los museos son muy celosos de este material, sino porque son piezas de una gran fragilidad e irremplazables. Por ejemplo, el sarcófago que viene del Museo de Ciencias Naturales de La Plata fue un regalo de Dardo Rocha al museo cuando se fundó.
–¿Y cómo es que lo tenía él?
– Sergio Baur: Había ido a Egipto a fines del siglo XIX. Otro punto para destacar, dicho por las propias autoridades egipcias, es que todo el material que está en nuestras colecciones públicas o privadas está de manera legal. Es muy importante que ninguna de esas piezas esté en conflicto por una demanda de patrimonio. Eso lo tuvimos muy en cuenta, hicimos las consultas respectivas y además teníamos la garantía de los museos sobre ese tema. Una perspectiva que nos pareció interesante es toda la vinculación que tiene Egipto en la tradición literaria argentina, ya que Egipto está muy presente también en la obra de Borges. Desde sus primeros textos, si bien ninguno está dedicado a Egipto, él siempre que se refiere a Medio Oriente hay una referencia a Egipto. Para la mezquita de Amr, que es una de las más antiguas de El Cairo, hay un párrafo dedicado nada menos que en el Aleph. También Oliverio Girondo, quien viajó a Egipto en los años 20 y llevó cuenta de ese viaje a través del Diario de Egipto, del que tenemos un original prestado por la Biblioteca Nacional. En uno de esos diarios incluye el poema El Nilo, que escribe a lápiz durante el viaje. Es un poema algo surrealista, de características totalmente vanguardistas.
Recorrido por la muestra «Ciencia y fantasía. Egiptología egiptofilia en Argentina» el día previo a su inauguración Museo Nacional de Bellas Artes junto al embajador Egipto autoridades del los curadores Sergio Baur José Emilio Burucúa. Foto: Mariana Nedelcu.– José Emilio Burucúa: También en Mujica Láinez tenemos un gran monumento literario vinculado a la egiptología, que es El escarabajo. Para mí es una cumbre, sobre todo porque él recurre a Abraham Rosenwasser para que lo asesore. Estaba muy impresionado con lo bien que escribía Rosenwasser, que se ocupó de la poesía amatoria en Egipto. «Usted escribe muy bien, doctor Rosenwasser, –le dijo– así que yo lo voy a proponer como académico de letras”. Y efectivamente lo propuso y la Academia de Letras lo incorporó.
–Las citas que mencionan de los protagonistas de la vanguardia literaria de los años 20 participan de esa fascinación de época por Egipto, pero, al parecer, continúa años más tarde, por caso, con Mujica Láinez.
– Sergio Baur: Exacto, y en cuanto al tema de vanguardias, ahí nos vamos a la parte de artes visuales porque Xul Solar, cuando vuelve de su viaje a Europa, trae una cantidad de libros vinculados a Egipto que seguramente Borges frecuentó en su biblioteca, ya que era un asiduo visitante de la casa de Xul. En la obra de Xul se ven los dibujos de las pirámides y también en el Tarot de Xul hay dioses egipcios. O sea, que es un tema que lo cautivó mucho. Por otro lado, tenemos un libro muy singular perteneciente a la Biblioteca Nacional, que es una historia de Egipto del siglo XVII, fin del XVII, en una traducción al español, comprada por Manuel Belgrano en su viaje a Europa. Parece increíble que también Manuel Belgrano tuviera ese interés por la historia de Egipto, ¿no?
Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia en la Argentina en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. Del Libertador 1473) de martes a domingo de 11 a 19.30.

