«¿Por qué viajar con amigas? Por qué es mi lugar más seguro”, con esa simple frase, Sandra Borghi define el principal lineamiento con el que celebró su medio siglo de existencia en Punta Cana con parte de su círculo más íntimo. Después de haber realizado a principios de julio una mega fiesta con estilo campestre en Mercedes, la conductora de Mediodía noticias (eltrece) emprendió una nueva aventura.
Sus acompañantes fueron la periodista Mariel di Lenarda y la relacionista pública Soledad Lladó. “Son las personas que más me conocen. Pasamos gran parte de nuestra vida juntas y decidí coronar los festejos por mis 50 con un viaje con ellas”, dice al compartir en exclusiva con Revista GENTE el álbum íntimo de una semana inolvidable con aire caribeño.


“Fue lo primero que me planteé cuando comenzaba este año en enero y brindaba por 2025. Ahí ya pensé hacer un viaje de amigas para celebrar la vida. Nosotras siempre empezamos el año juntas, entonces brindamos el 31 a la noche proyectando esto. Tuve un año muy difícil y terminarlo así es lo más”, dice.

“Se trató de un viaje de amigas en donde te podés permitir entrar en todas las emociones: llorar, reír, bailar y ayudarnos a salir de cualquier situación. Cuando la otra te mira, sabés lo que le está pasando. Nadie me conoce más en este mundo que ellas y la verdad es que fue como volver a un iglú: ¡un iglú en donde yo me siento absolutamente protegida!”, agrega.


-¿Y cómo se gestó este viaje desde ese momento en el que tuvieron la primera idea durante aquel brindis de Año Nuevo?
-No fue fácil porque tuvimos que ponernos de acuerdo en un montón de cosas y había que congeniar trabajo, familia, hijos. Teníamos una ventaja y era que el Caribe siempre te «invita», sea cual fuese la época del año. El hotel Majestic Resort nos permitió modificar la fecha porque ellos son tremendamente amorosos con el huésped y la gente que los elige. Sucedió que habíamos planteado una fecha y después la tuvimos que cambiar por trabajo…


-Claro, pasaron muchas cosas en el medio.
-Un montón de cosas, y lo íbamos armando sobre la marcha. De a poco fuimos sabiendo cuál era el destino y a qué hotel íbamos…, aunque no teníamos ni idea de lo que nos iba a pasar allá. Ya con tenernos a nosotras tres era suficiente como para saber que el viaje estaba garantizado. Para asegurarnos que todo fuera perfecto, apostamos a lo seguro: uno de los resorts con mejores referencias. Sabíamos que ahí nada podía fallar. Un dato que notamos es que a ese resort la gente siempre vuelve. Cuando sucede, ellos te ponen un cartel en la habitación que dice «welcome back». Bueno, ahora nosotras nos propusimos en un futuro tener ese cartel.
-¿Cuáles fueron las actividades que más te gustaron hacer?
-Fue una: descansar. El hecho de poder desconectarme de todo y no tener horarios. Fui al gimnasio porque me gusta mantener el entrenamiento, y jugué al tenis porque me gusta mantener mis clases. Disfruto mucho del entrenamiento físico, pero la verdad es que las actividades que más me gustaron hacer fueron las de recreación, las de diversión, ir a la fiesta espuma con mis amigas y reírme hasta que me dolía la panza, y hasta el hecho de caminar por la arena blanca sin destino. Este viaje tuvo más que ver con el relax y con el no tener nada que hacer. Fue una semana en la que no escuché “mamá, mamá”, ni una sola vez, y sólo nos mirábamos para ver qué trago tomábamos, qué comíamos o a qué restaurante íbamos a cenar. En eso consistió básicamente el viaje.

-Si pudieras atesorar un recuerdo o tradición de este viaje para siempre, ¿cuál sería y por qué?”
-Primero, me llevo una nueva amiga del Caribe: Ismenia Rodríguez, la gerenta del Majestic Resort. Ya es como una hermana para nosotras. La adoramos. Nos acogió en el hotel como si fuera nuestra casa. Y luego, te puedo contar que el hecho de dormir todas juntas en modo pijamada es uno de los momentos que más voy a atesorar porque a los 50 años, mantener el espíritu es como cuando éramos jóvenes y nos íbamos a dormir y nos reíamos. Entrar las tres juntas al mar y quedarnos largo tiempo bajo el agua cristalina hablando de la vida, también. Y por supuesto, otro de los momentos que más voy a atesorar -y me emociono al decírtelo- fue cuando en una cena nos miramos a los ojos y nos dijimos una y otra vez que era nuestro momento más seguro, nuestro lugar más seguro y el lugar donde siempre vamos a volver. Entre nosotras no hay secretos: somos hermanas, nos miramos y nos entendemos. Cada noche y cada cena fue mirarnos a los ojos y volvernos a reafirmar nuestro amor, nuestra amistad y nuestro compromiso eterno para el resto de nuestras vidas…, por supuesto con nuevos viajes por delante.
-Contame de ellas. ¿Cómo se conocieron y de qué forma se integraron en grupo?
-Nos conocimos hace muchísimos años. La profesión nos unió en diferentes lugares. Teníamos veinte años. Ya viajábamos a esa edad, éramos solteras, no teníamos novios y nos íbamos de vacaciones juntas.. Después pasamos situaciones más complejas y nos mantuvimos así. Hemos pasado muertes de nuestros familiares, separaciones, dolores, angustias, situaciones de mucho apoyo entre las tres, y siempre nos mantuvimos muy unidas.
-¿Recuerdos de cuando eran chicas?
-Miles. Desde momentos divertidos de salidas con chicos hasta situaciones en coberturas periodísticas con Mariel, en donde yo siempre llegaba a último momento, y ella, superprolija, tenía todo anotado. Cuando yo aparecía le robaba el papel y salía al aire en Radio Continental con todos sus datos. También situaciones de viajes a Brasil, por ejemplo, con Soledad: yo me enfermé y estuve siete de los quince días delirando de fiebre. Sole estuvo al lado mío, agarrándome la mano y cancelando sus vacaciones para estar conmigo. Así que una amistad de muchísimos años, de más de treinta años, que nos hace entendernos sólo con mirarnos.
El «año de transformación» de Sandra Borghi

-Más allá de que celebraste con una gran fiesta la llegada de 2025, ¿este viaje te permitió hacer balances, analizar situaciones o algo que desees cambiar para lo que viene?
-Fue un año de mucho cambio y transformación, y decidí que no me pasara por alto, porque entendí que los 50 habían sido una bisagra en mi vida. Nunca me había pasado con la edad que algo me había marcado tanto un antes y un después. Fue un número redondo, pero no como los 40, los 30 ni los 20. Siento que a los 20 miraba al mundo con mucha expectativa y con mucha ansiedad, a los 30 quería concretar, casarme, tener hijos, formar una familia, me apuraba, todo eso. A los 40 estaba abocada a mis hijos. Pero a los 50 me enfoqué en mí. Y fue como un despertar interior. ¿Dónde estoy? ¿Cómo estoy? ¿Qué quiero? ¿Y hacia dónde voy? Muy en presente. Y la verdad es que fue una bisagra que sentí de adentro hacia afuera, que decreté no pasar por alto y que estoy viviendo con ese nivel de intensidad y decisión.

-Un año que incluyó cerrar una etapa familiar con la separación de tu marido.
-También fue un año difícil por eso. Pero lo tuve que pasar. Una etapa cumplida. Sentí que tenía que repactar conmigo misma y ser fiel a mí misma y a mis sentimientos. Y en ese contexto también es donde no dejo pasar por alto ningún momento. Yo siento que en esta etapa de mi vida estoy más presente que nunca. Soy yo conmigo misma. Ya no tengo más mandatos por delante más que vivir, disfrutar y enfocarme en el día a día con las cosas buenas y malas. En este momento me siento plena, fuerte, segura de mí misma, feliz e íntegra. ¡Así me siento! Y muy abundante: con los hijos que tengo, la familia que conformé, mis amigos, que son mi gran tesoro; con mi trabajo, en el que me siento consolidada y sólida. Y pensándome hacia adelante con una mirada puesta claramente en el placer y en el disfrute. Así me siento y así voy.
-Estás bien entonces.
-Sí, en paz conmigo misma después de la separación, porque siento que hicimos las cosas bien. Y de eso me doy cuenta en los chicos, porque ellos son el espejo de cómo uno llevó adelante un proceso de separación en el que la familia se transformó y en el que los padres seguimos ocupando un rol importantísimo en la vida de nuestros hijos. Isabela, que es hija de Fer, cada día me demuestra que a sus cinco años, cuando entró a mi vida, entró en mi corazón y yo en el de ella, y que eso es y será imborrable, intocable y, sobre todo, inviolable. Nadie puede penetrar en el amor que construimos ella y yo, más allá de que yo me haya separado de su papá.

-Muchas veces hablamos de la familia ensamblada que tenían, numerosa y que funcionaba como un engranaje.
-Yo sigo diciendo «tengo cuatro hijos, Isa es mi hija del corazón y lo va a ser para el resto de mi vida. Es la hermana de Josefina, de Valentina y de Juana».

-¿Por qué me decís que sentís que estás en paz?
-Y estoy en paz porque siento haber dado todo en esa relación, en los catorce años que estuvimos juntos. Y sobre todo porque siento que hicimos las cosas bien. Y, no sé, tal vez lo que no funcionó se transformó en sabiduría, y por eso yo hoy estoy plena conmigo misma, enfocada en mi felicidad, en la felicidad de mis hijos, en encontrar la armonía que todos necesitamos, al mismo tiempo que ocupándome que Fer esté bien, como él se ocupa de que yo lo esté… Nos queremos, nos amamos como familia y, eso pone por delante cualquier situación.
Fotos: Starling Sánchez
Retoque digital: Darío Alvarellos
Agradecemos a: @annarosatti, @cocobuenosaires y muy especialmente a Majestic Resort Punta Cana @majesticresorts e Ismenia Rodríguez, rSales & Marketing Manager
Latin America & Europe

