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Autobiografía poética de Hélène Cixous y la ferocidad del vínculo humano-animal

Entre las llamas ella tiene que elegir a cuál de sus gatas salvar o, en un dilema mucho mayor, si sacrifica sus papeles, sus libros por esa vida felina que le resulta imprescindible. La escena que relata Hélène Cixous es poética y, por esa misma razón, culminante. En cada imagen se condensa un mundo. No es tanto lo que desarrolla sino la manera en la que busca construir un lenguaje para hablar de una forma de amor más imprecisa, irracional o bestial, pero que esconde una fuerza filosófica capaz de enseñarle algo incapturable.

La escritora y feminista francoargelina Hélène Cixous, galardonada en España con el Premio Formentor de las Letras 2025. EFE/Editions Gallimard/ Francesca Mantovani La escritora y feminista francoargelina Hélène Cixous, galardonada en España con el Premio Formentor de las Letras 2025. EFE/Editions Gallimard/ Francesca Mantovani

Hélène Cixous se vale de los procedimientos de la ficción para abordar esta conferencia pronunciada el 21 de enero del año 2006 en el Nouveau Théâtre de Montreuil (Francia) y publicada por La Marca como un libro llamado Animal Amor. La autobiografía se expresa como la hipérbole de un poema. La voz se configura desde esa desmesura que la convierte en un personaje definido por esa pasión. Ese vínculo que necesita un componente no humano va a eludir toda calma.

La historia con su perro de la infancia, ese hijo que le pidieron al padre con su hermano, ese habitante del jardín que el padre creó después de la guerra como un espacio para reconstruirse, para imaginar que podía existir algo similar al paraíso después del nazismo, fue un amor terrible, casi criminal.

El perro se volvió un ser salvaje que lastimó el cuerpo de la niña que era Cixous en esa época. El amor animal no es aquí idealizado ni entendido como un amparo frente a la maldad humana. Ese perro era una forma del terror, alguien que se resistía al amor, que no quería caer en las comodidades de la domesticación: “Nos lanzaba miradas que gritaban de deseo”.

Algo desbordante

Había algo desbordante, insatisfecho, como si no le alcanzara ese terreno de tierra, ese hogar, ese amor: “Nos amaba según él, no según nuestro orden”. Fips era la encarnación de una libertad (esa que la autora franco-argelina también notaba en su padre) propia del que había vivido el encierro. Ella leía y el perro corría. Dos velocidades diferentes y dos modos de escaparse.

Fips aparece ligado a la historia de Argelia, de algún modo comprende esa violencia, la manifiesta, encarna la furia del colonizado de la que habló Frantz Fanon en Los condenados de la tierra.

Cixous funda su filosofía en ese comportamiento canino, en ese instinto enemigo, en esa desconfianza de no poder responder con calma al amor. “Fips se parecía ahora a los sitiadores, nuestros vecinos árabes rabiosos, enfurecidos por la injusticia y la miseria”.

La guerra había llegado al jardín y el perro lo sabía. Su insurrección, su rabia, su manera fatal de morder y atacar lo convierten en un delincuente, un perro a encerrar, una amenaza. Entonces Cixous entiende que esa suspensión del ser que se da en el perro también los alcanza a ella y a su hermano. Es como si ese orden tuviera que reproducirse en esa casa, como si el perro fuera el condenado de la tierra, la encarnación de todos los otros oprimidos.

La escritura es una manera de aplacar la culpa. El perro le clava los dientes en su pie de niña, no la suelta, ella cree que va a morir. La mujer adulta cuenta este episodio frente a un auditorio, extrae de esa acción una pequeña filosofía.

No piensa al animal desde la mansedumbre, entiende su brutalidad, su disposición para sentir y repetir la violencia, pero es ella la que se considera responsable de esa agresión. Mientras caen enlazados y siguen juntos, aunque él le destroce el pie y ella llore, sucede algo en esa cercanía de los cuerpos: el conocimiento de un lenguaje que le entra en la sangre.

La escritora, dramaturga y filósofa feminista franco-argelina Hélène Cixous (Orán, Argelia, 1937) ganó el Premio Formentor de las Letras 2025. Foto: archivo Clarín.La escritora, dramaturga y filósofa feminista franco-argelina Hélène Cixous (Orán, Argelia, 1937) ganó el Premio Formentor de las Letras 2025. Foto: archivo Clarín.

El mal estaba hecho

La mujer que ve la escena entiende que no puede hacer nada para separarlos: “El mal estaba hecho, yo no podía ser él, él no podía ser yo”. No existiría la noción, la idea, la oportunidad del amor si no fuera posible un daño tan extremo como el que pueden hacerse dos seres que ya no se reconocen. Ella tampoco volverá a ser la misma. ¿De qué modo tratar a un animal capaz de atacarnos? Nada más alejado de esa infantilización de la mascota que busca aplacar esa ferocidad en la que no queremos pensar.

Todo se encadena, la muerte del padre, la agresión de Fips y la escritura. Cixous (como también lo planteaba Julia Kristeva) reconoce que en la escritura, especialmente en su forma más poética, hay algo animal, salvaje, desplazado de lo humano. También el episodio con Fips va a marcar su deseo de abandonar Argelia para no ser ese perro enfurecido, de comenzar sus estudios en Francia, de ir a la tierra del colonizador para conquistar cierta autonomía.

Discute a Heidegger, que consideraba que el animal era carente de mundo, una no vida. Cixous llegó a comprender que tuvo un perro real, que ella ansiaba un perro obediente, un perro robot, pero amar a un animal significa dejar que habite su propio mundo o, más precisamente, aventurarse a esa naturaleza indómita.

Animal Amor, de Héléne Cixous (La Marca).

Redacción

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