Dom, 30 noviembre, 2025
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Jane Austen cumple 250 años y Juana Libedinsky mapea bailes, congresos y una devoción eterna

Débora Campos

Podría ser una forma de decir. «Desde muy chica mi vida gira en torno a Jane Austen«, asegura la periodista Juana Libedinsky y, ciertamente, podría ser una exageración, esas maneras de subrayar la importancia de algo. Pero esta mañana, en un jardín que, pese a estar en el corazón del Bajo Belgrano, es un verdadero viaje en el tiempo, justo antes de vestirse como una dama de la Regencia en Inglaterra, Libedinsky es puntillosa con el sentido de esa frase: desde niña, casi al tiempo que aprendía a leer, descubrió a la autora de Orgullo y Prejuicio y nunca más la soltó. Por eso, la publicación de su nuevo libro Queremos tanto a Jane (Seix Barral) es la crónica de una pasión anunciada.

La periodista Juana Libedinsky rodeada por parte de las colecciones construidas por sus padres a lo largo de la vida. Foto: Ariel Grinberg.La periodista Juana Libedinsky rodeada por parte de las colecciones construidas por sus padres a lo largo de la vida. Foto: Ariel Grinberg.

Clase ’73, Juana Libedinsky es una exponente perfecta de su generación. Cumple con los mandatos tradicionales con los que las chicas de los primeros 70 todavía fueron acunadas (estudio, familia y éxito profesional), pero también se permite reírse de ellos, como esas mismas chicas descubrieron que eran capaces de hacer. Por eso, aquellas lecturas que la transformaron de niña persistieron a pesar de que no eran ni prestigiosas ni esperables en una joven educada con refinamiento. Jane Austen siempre estuvo ahí.

Cuando apenas había salido de la universidad, se transformó en la asistente de la socióloga Francis Korn en uno de sus trabajos sobre la Buenos Aires del Centenario. En esas jornadas de trabajo compartido, le contó a la académica de su pasión por la autora de Emma. Lo que sucedió fue que la propia Korn era tan apasionada por Austen como ella. Tiempo después, para cerrar una maestría en Sociología de la Cultura que cursó en la Universidad Nacional de San Martín, eligió a la británica como tema de su tesis. Sin dudas, una elección fuera de registro que sus docentes aceptaron con extrañeza.

¿Quién más, entonces, que Juana Libedinsky para recorrer algunos de las muchas (pero muchas) celebraciones que están desarrollándose en el mundo entero para recordar que este año se cumplen 250 años del nacimiento de Jane Austen? Con ese objetivo, la periodista realizó una peregrinación entre bailes, congresos y conferencias de Londres a Bath, de Chawton a Winchester, y por supuesto en Nueva York, donde reside, y en Buenos Aires, donde nació y siempre regresa. El resultado se encuentra en este libro lleno de sorpresas para una fan que sabía, desde el inicio, que Jane Austen siempre tiene algo más para ofrecer.

–Hay decenas de actividades para celebrar el aniversario de Jane Austen, ¿con qué criterio elegiste los bailes, congresos y encuentros que narrás en el libro?

–Si bien hay muchos autores que me gustan mucho, Jane Austen es mi pasión y lo es desde súper chica. Pero, algo que cuento en el libro, para mí esta pasión siempre fue privada. Yo no conocía todo este universo comunitario, performativo, de fandom, y encontrarlo fue una gran revolución. Una de las ventajas de vivir en Nueva York es que es el epicentro de todo. Por eso, no me quiero hacer la que me tuve que matar para conseguir los materiales del libro, porque algunos simplemente estaban a la vuelta de mi casa. Hablando en serio, en Nueva York se estaban organizando toda una serie de conferencias de la rama local de la Jane Austen Society of North America, que proponía actividades dos o tres veces por semana, con conferencias de grandes eminencias o con la participación de un descendiente de Jane Austen o una tarotista que leía las cartas o te comunicaba, tipo médium, con algún espíritu que quedó bollando desde que lo mataron las tropas napoleónicas. Luego, había producciones de Broadway, de off-Broadway y del off-off-Broadway que organizaban lecturas dramatizadas de los guiones para buscar inversores. De manera que me sumergí en todo eso, llevé a toda mi familia, que no hizo ningún otro programa salvo acompañarme. Y otro tanto hice en Inglaterra, donde viven mi tía y mis primos y donde vamos bastante seguido para las vacaciones. Ahí me sumé a todo lo que se estaba haciendo: desde llorar ante la tumba de Jane Austen hasta descubrir un baile en la iglesia donde está enterrada. Y justo cuando me sentía tan genial, cómo consigo todas estas cosas, qué buena periodista debo ser, me di cuenta de que en la Argentina había todo esto y mucho más. Y eran cosas que también pasaban en Pakistán y en China y en todas partes. Ser parte de esta comunidad mundial fue una sensación de hermandad muy poderosa, sobre todo para alguien que trabaja de forma muy solitaria como yo.

–El prejuicio podría llevar a suponer que esta comunidad está formada solo por señoras sin demasiadas ocupaciones. ¿Es así?

–En cada lugar siempre es una mezcla increíble. De lo que vi en Estados Unidos, en Reino Unido y acá, en la Argentina está más formado por fandom y mucho trabajo performativo de grupos a los que les gusta vestirse de época. Me invitaron a una conferencia en Brasil y otra en México, y allá tiene un carácter mucho más académico. De todas maneras, diría que una de las cosas llamativas es la buena onda que hay entre gente que viene de ámbitos totalmente distintos. Por ejemplo, en Estados Unidos, donde está la comunidad más grande (incluso más que en Inglaterra), en estas grandes conferencias, encontrás desde extraordinarios académicos de las instituciones más prestigiosas hasta gente que ni siquiera leyó los libros de Jane sino que vio alguna de las películas o una serie o sencillamente le gusta vestirse de época. Y entre todos hay una cohabitación muy pacífica, y eso es muy especial. El título de mi libro es Queremos tanto a Jane, que es un juego con el cuento de Cortázar «Queremos tanto a Glenda», en el que la fascinación por Glenda Jackson y la necesidad de apropiarse de ella termina en violencia. Acá, toda esta gente con la misma necesidad de apropiarse de Jane Austen logra conformar una cosa muy democrática y una gran hermandad. Eso me pareció único.

–De hecho, en el libro te preguntás si los lectores de Jane Austen son gente amorosa y cordial en sí misma o si es la lectura de la obra lo que los transforma. ¿Encontraste una respuesta?

–Como con tantas otras cosas con respecto a Jane Austen, creo que la respuesta es no sé. Y van a pasar 250 años más de gente tratando de encontrar la respuesta, pero me parece que la clave de todo esto es que de Jane Austen solamente quedaron seis novelas canónicas y ella se murió muy joven, a los 41 años; no se casó y la hermana quemó casi toda la correspondencia. Entonces, es un gran enigma y las ventajas de los grandes enigmas son que uno puede también proyectarse y verse reflejado como en un espejo. Por eso, en el fondo también es fácil encontrar un lugar propio en lo que se lee. Eso sin duda colabora.

Vestida para la ocasión, Juana Libedinsky se probó un traje de época. Foto: Ariel Grinberg.Vestida para la ocasión, Juana Libedinsky se probó un traje de época. Foto: Ariel Grinberg.

–Italo Calvino decía que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. ¿Qué tiene para decir hoy Jane Austen a sus lectores jóvenes?

–Estas personas le ven distintas cosas. Hay quienes la ven, por ejemplo, en términos de marketing. Me estaban diciendo que es un muy buen producto para instagramers. También creo que parte de la magia que genera es que es muy fácil de traducir a situaciones muy distintas y contemporáneas. Por ejemplo, una de las adaptaciones más lindas que vi últimamente es una película titulada Fire Island, que traslada la historia de Orgullo y Prejuicio a un entorno gay en Fire Island, Nueva York. Muchos dicen que la traducción más fiel que se hizo es una serie que se llama Clueless, con Alicia Silverstone, que es una maravilla total y consiste en trasladar Emma a una escuela en Beverly Hills en los 90. Uno podría pensar que no hay nada entre un nivel y otro, pero siempre están estas cosas tan profundas del ser humano que tienen que ver con lo que decías de los clásicos. Diría que lo que Jane Austen tiene, a diferencia de otros clásicos, es que se puede leer con una enorme facilidad cada novela y se pueden tomar como una historia de amor o una comedia romántica y ya es irresistible. Después, si querés ir agregando otros niveles, podés encontrar la ironía, podés ver cuán buenos o cuán malos son en realidad los matrimonios que están representando, podés ver si en realidad no está dando una patada a la patriarquía…

–Establecés una conexión entre las novelas de Jane Austen y la comedia romántica tal como la conocemos hoy. ¿Es así?

–Sí, absolutamente. No es que ella haya inventado el género, pero sí lo transformó. Esto no lo digo yo, lo dicen críticos literarios. ¿De qué manera lo hizo? Lo transformó de tal manera que ahora es la comedia romántica que consumimos hoy. Por ejemplo, mis tres novelas preferidas son Orgullo y Prejuicio, donde el arco narrativo va de enemigos a amantes. Eso es lo mismo que encontrás desde El diario de Bridget Jones a la serie Crepúsculo, o 50 sombras de Grey. Otra de mis novelas es Emma, que va de amigos a amantes, que es lo que ves en Cuando Harry conoció a Sally, ahí está. Y mi favorita, por ahí porque soy señora madura y es la novela en la cual la protagonista tiene (horror de los horrores) 27 años y está ya casi desahuciada para el matrimonio, es Persuasión, que es la comedia de las segundas oportunidades, de gente un poco más grande buscando el amor.

–Hay un cambio importante en la valoración de la obra de Jane Austen. En ese marco, detectar, por ejemplo, el feminismo de sus novelas ¿tiene que ver con que eso está ahí o con que ahora pensamos en términos de feminismo y la leemos desde nuestro presente? O, en otros términos: ¿ya sabemos todo lo que podíamos saber sobre Jane Austen y su universo?

–Hay tantas lecturas, relecturas y nuevas lecturas que esta especie de misterio de fondo que hay me lleva a preguntar esto mismo a los críticos y a gente que está muy metida en el tema, y todos coinciden en que es como un pozo sin fondo. Porque podés no solo leer cosas distintas, sino que podés leer cosas totalmente contradictorias. Para darte una idea, una de las reglas de la comedia romántica es que la historia termine en casamiento. Pero una académica escandinava acaba de publicar un libro analizando los finales y explica que son ambiguos, si los mirás con cariño, o que directamente demuelen al matrimonio como institución del patriarcado, si querés meterte más en serio. Así es que están quienes dicen que Jane Austen hacía revoluciones adentro de una taza de té, y muchos que la leen como extraordinariamente conservadora, quienes la leen como protofeminista y de ideas muy radicales, y quienes ofrecen argumentos y contraargumentos. Para mí, fue lindísimo estar en todas estas reuniones tan masivas con gente tan democrática, desde un enorme especialista hasta alguien que solo había visto una película.

Juana Libedinsky básico

  • Nació en Buenos Aires en 1973.
  • Es columnista de La Nación (Argentina) y corresponsal cultural en Nueva York de El País (Uruguay).
  • Graduada de la Universidad de San Andrés, realizó maestrías en Sociología de la Cultura en la Universidad Nacional de San Martín y en Reportaje y Crítica Cultural en la Universidad de Nueva York.
El galán eterno: Mr. Darcy en cera, se consume al encender la llama, cuenta con un guiño Juana Libedinsky. Foto: Ariel Grinberg.El galán eterno: Mr. Darcy en cera, se consume al encender la llama, cuenta con un guiño Juana Libedinsky. Foto: Ariel Grinberg.
  • Fue New York Observer Fellow en la Universidad de Nueva York y Wolfson Press Fellow en la Universidad de Cambridge.
  • Es la autora de English Breakfast. El pensamiento británico hoy (2006) y Cuesta abajo (2024).
  • Su trabajo fue publicado periódicamente en Vanity Fair y Condé Nast Traveler en España. Es profesora de la maestría en Periodismo Cultural de la Universidad San Pablo de Madrid.

Queremos tanto a Jane, de Juana Libedinsky (Seix Barral)


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