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La Matanza

El arte que libera en las cárceles

El programa “Arte en contexto de encierro” funcionó como una herramienta clave para la inclusión social en las cárceles de la provincia de Buenos Aires. La iniciativa, impulsada desde 2004 por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos provincial, junto con el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), buscó promover actividades artísticas para la formación integral de las personas privadas de su libertad y fomentar la humanización de las unidades penitenciarias.

Gerardo Borello Lista, abogado y excoordinador de la iniciativa, explica que la continuidad de estos espacios “se decide por una cuestión ideológica de cada gobierno”. Sostiene que a menudo “hay una perspectiva de un Estado represor” y que, por eso, “lo primero que se debe hacer es romper y cambiar esa mirada por la de un Estado que acompaña el proceso” que viven las personas que cumplen su condena.

Lo que se pierde no es abstracto. Raúl Malosetti, profesor de guitarra que dio clases en el complejo “Nuestra señora del Rosario de San Nicolás” (ex unidad 31), describe la experiencia como “espectacular”. Relata que en ese espacio “las internas descubrieron que tenían talento artístico y su mentalidad se transformaba”. Según Malosetti, el taller funcionaba como “un espacio de libertad” donde se generaba “un clima de mucho respeto y solidaridad”, algo complejo en un entorno donde “no elegís con quien vivir”.

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Cifras que reflejan una realidad alarmante

El cierre de esta política ocurre en un contexto de cifras crudas. Según datos del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNEEP) y el SPB, en el segundo semestre del 2025 hubo un incremento del 15,5% interanual en la cantidad de personas privadas de su libertad en la provincia, superando los 60.000 presos. Este aumento generó, a la vez, un 115% de sobrepoblación carcelaria.

A este panorama se suma el dato de la reincidencia, que alcanza el 65%. Estas cifras crecientes abren el debate acerca de las posibilidades reales de reinserción social que tiene una persona luego de cumplir su condena. En lugar de abrirse, las puertas parecen cerrarse de nuevo y las oportunidades de una vida mejor se acortan.

Nelson Leuzzi es periodista y se formó entre rejas: estuvo 15 años y un mes privado de su libertad en la Unidad N° 9 de Villa Elvira. Actualmente, ejerce en contexto de encierro, por lo que conoce esa realidad de primera mano. Describe el sistema penitenciario como “crudo, cruel y de brutalidad”. Y asegura que en esos lugares se enseña que la única forma de expresarse es “a través de la violencia”.

Leuzzi, que busca reabrir talleres literarios, recuerda que para muchos era el único espacio donde se sentían “libres de expresar su voz”. Él mismo es la prueba del estigma que enfrentan: “Sale una persona de estar detenida y es estigmatizada, excluida”, comenta, señalando que con antecedentes penales “las posibilidades de contratación se convierten en mínimas”.

Para Borello Lista, el objetivo del programa era, justamente, contrarrestar eso. El fin era “lograr espacios más amables que invitaran a la participación colectiva” y ayuden a disminuir las reincidencias. Ponía un ejemplo simple: “Una persona que durante tres años hace un taller de percusión sale tocando y con esa habilidad, como en algunos casos, arma un taller que le permite generar ingresos”.

El arte como herramienta

El arte, insisten aquellos que participaron de la iniciativa, funciona como una herramienta real. Para Malosetti, el profesor de guitarra, el problema es la percepción social: “Nadie hace propaganda de que da formación musical a los presos porque es como un voto en contra, está mal visto por la sociedad y no debería ser así”.

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En la actualidad, Leuzzi se promociona en sus redes como manager de artistas emergentes. Sabe que en el camino de la reinserción, donde muchos fracasan, lo aprendido por fuera del delito es determinante. “A veces, el delito es lo único que conocés y la educación me enseñó otra herramientas, otros valores”, destaca. Herramientas y valores que, tras el cierre del programa, ahora son más difíciles de encontrar.

Texto: Matías Martin Linares

Esta nota fue escrita en el marco del Taller de Gráfica VI de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNLAM.

Redacción

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