Diego García era el último bastión de un proceso que rescató a Almirante Brown del ostracismo y lo devolvió a los roles protagónicos de la segunda división del fútbol argentino. Fue capitán, referente y una figura ineludible de la última década aurinegra.
A diferencia de Ramiro Martínez, quien se despidió formalmente en la última fecha del torneo pasado, el Gurí anunció esta semana en sus redes sociales su salida de la institución. Con ocho años en el lomo (fue cedido dos veces en ese tiempo), un título y 213 partidos -32 goles-. Una cifra gigantesca, que lo ubicó en el séptimo lugar en el ranking histórico de presencias con la camiseta matancera.
El volante entrerriano llegó al Mirasol en agosto de 2017, por expreso pedido del Beto Pascutti, DT aurinegro en aquel entonces, quien ya lo había dirigido en Quilmes. De allí en adelante, se fue convirtiendo en el líder futbolístico del equipo que se salvó de no caer a la Primera C en 2018 y que, dos temporadas más tarde, regresó a la Primera Nacional.
«Siempre voy a estar agradecido con la gente. Disfruté mucho todos estos años en el club. Yo fui capitán porque me eligieron mis compañeros, no por la decisión de un técnico, y eso vale el doble. Almirante me marcó mucho en mi carrera y ahora me va a tocar apoyar desde afuera», destacó el futbolista oriundo de La Paz.
A los 39 años, el ex Atlanta, Belgrano de Córdoba y San Martín de San Juan, entre otros equipos, tiene decidido seguir en actividad y evalúa ofertas. Tal vez, en un futuro, el camino vuelva a cruzarlo con el Mirasol. “Por ahí, en otro rol, quién te dice…”, proyectó.
Cuanta hay tanta ligazón, el cordón nunca termina de romperse. “Seguiré como un hincha y un socio más. Alentando desde afuera”, agregó el Diez. Una despedida que cerró un ciclo de resurrección del club. Con la cinta en el brazo y el pecho inflado llevando la pelota como una postal eterna.



