Por Pablo Kornblum*
Es cierto que se trata de un viejo anhelo, ya que data de hace muchos años. Se trata de un acuerdo general interesante para lo que el Mercosur puede proponer en términos de recursos naturales estratégicos y materias primas, y lo que podría recibir de la Unión Europea.
El tema es ver cómo se implementa y, por supuesto, la letra chica, que tiene que ver con las excepcionalidades que puedan existir para ciertos grupos (como los agricultores franceses) y las patentes.
De todos modos, la batalla final va a ser dura porque la situación en Europa no es fácil: en un contexto complejo por la guerra en Ucrania y los precios de la energía y la inflación, la “invasión” de materias primas de Sudamérica les genera incomodidad.
La lógica de los acuerdos de libre comercio, en la teoría, es que bajan los precios porque cada parte es más eficiente en determinados productos y puede venderlos a menor precio, ya sean manufacturas o materias primas y recursos naturales. El resquemor es sobre qué nos van a vender y cómo va a afectar a nuestra industria de mayor valor agregado, así como de qué manera las materias primas que les vendamos van a perjudicar a los agricultores europeos.
Por eso se tardó 25 años en llegar a un acuerdo: hay reticencias fuertes porque cada parte conoce las valías de la otra, si bien hay países que lo ven como una oportunidad. Lo interesante es que la Unión Europea juegue a la multipolaridad, a diferencia de lo que hacen Estados Unidos, Rusia y China.
Cómo juega Estados Unidos
Con la intervención en militar en Venezuela, Donald Trump está tratando de bajar el precio del barril de petróleo para disminuir la inflación y ningunea a la Unión Europea y dice: mientras yo sea el preferido para hacer negocios con vos, estamos bien; mientras no estén Rusia o China, que son mis enemigos, te doy el OK.
Para Argentina será importante cómo le vaya a Trump en las elecciones de medio término a fin de año. Si se fortalece, será positivo; si le va mal, podría tener un impeachment que perjudicaría los intereses de nuestro país. Así que tendremos que estar muy atentos a lo que pase este año en Estados Unidos.
En general, los presidentes de Estados Unidos no pierden elecciones por una política exterior errada. Es más: suele servirles para dar vuelta elecciones, como pasó con George Bush padre con la primera guerra de Irak. Lo que puede complicar a Trump es la inflación y la cuestión doméstica por la inmigración.
La situación de Estados Unidos no es la mejor en términos económicos ni políticos, ya que hay una grieta que se está ampliando. Trump está jugando fuerte y le puede salir bien o mal.
*Economista y Dr. en Relaciones Internacionales



