Se cumplen 50 años de la muerte de Howlin’ Wolf, cantante y compositor de blues; un genuino artista nacido en el Delta del Mississippi que logró traer la tradición del blues a la modernidad a través de su energía y talento. Murió el 10 de enero de 1976, a los 65 años, por una falla cardíaca después de haberse sometido a una operación por un tumor cerebral. Este sábado se cumplen cinco décadas de su partida.
«Lobo Aullador» fue un sobrenombre que definió su estilo junto con una riqueza expresiva exuberante. Fue pionero en llevar la música del Delta del Mississippi a la electricidad de Chicago. La desarrolló con una naturalidad que sólo un verdadero artista del Mississippi podría hacerlo.
Howlin Wolf sobresalió por traer al blues a la modernidad con una riqueza expresiva exuberante. Foto: IGUn bluesman excitante y audaz, con shows de una fuerza extraordinaria. Donde actuaba Wolf, la audiencia quedaba rendida a sus pies. “Ningún músico de blues había demostrado tal capacidad para el espectáculo, para crear ese ambiente de carnaval en un club nocturno o en una sala de conciertos, para llevar al público a ese nivel de éxtasis”, señala Ted Goia en su libro Blues, la música del Delta del Mississippi.
Ninguno de sus colegas contemporáneos, Muddy Waters, John Lee Hooker o B.B. King generaba ese tipo de experiencias. Cada uno de ellos generaban un tipo de emoción pero nunca con ese grado de excitación, ni por lejos.
Sobre su fuerza expresiva, el testimonio de Sam Phillips, dueño de Sun Records, de Memphis, sello en el que también debutaron Elvis Presley, Johnny Cash, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins, entre otros, era concluyente: “Dios, vale la pena ver el fervor en la cara de aquel hombre cuando cantaba. ¡Qué distinto era de los demás y qué bueno! Lo mejor que se podía ver en aquel momento. Te lo aseguro”.
La tapa de un compilado de Howlin Wolf. Y agregó: “De todos los famosos artistas con los que trabajé, era el que tenía más talento”.
El guitarrista de blues Johnny Shines que escuchó a Wolf, en una freiduría de pescado, en Arkansas, un sábado a la noche, a mediados de los años ’30: “Tenía miedo de Wolf como lo tendría de un animal o algo así, no era por su tamaño, era por la manera en la que actuaba y el sonido que generaba. Era buenísimo. Llegué a creer que había vendido su alma al diablo para tener aquel talento sobrenatural”.
Dolor y privaciones
El apodo de «Lobo» nació en su infancia de niño travieso, cuando su abuela y su madre lo amenazaban con que vendría el lobo si se portaba mal. De todos modos, le fascinaban las historias de lobos y así comenzaron a llamarlo. «Me enfurecía de niño cuando me llamaban lobo», confesó el artista. Lo de aullador surgió de la propia forma de cantar que se convirtió en un sello.
Howlin’ Wolf en sus inicios. Foto: IGTuvo una infancia durísima con castigos corporales, trabajo inhumano, ninguna paga, poca comida y sin educación, analfabeto. Así Wolf salió a la vida después de escaparse, a los trece años, del infame trato que le daba su tío abuelo, con quien vivió tras el abandono de su madre.
Frente a otros artistas, surgidos también de la zona del Mississippi, todo le costó mucho más, y toda esa vida de dolor y privaciones es la que abonaron esa forma única de cantar, de expresarse y de llegar a su audiencia.
A los 15 años compró su armónica por 16 centavos de dólar, a los 17 logró hacerse de su primera guitarra, y recién a los 31 llegó al estudio de Sun Records para ver sí podía grabar, a instancias de un jovencísimo Ike Turner, que tocaba el piano en la banda de Wolf y era amigo de Sam Phillips. Por cierto, el ejecutivo discográfico ya lo conocía por haberlo escuchado en un programa de radio de West Memphis.
A lo largo de su carrera tuvo una importante cantidad de éxitos discográficos, como Smokestack Lighting, Moanin At Midnight, Little Red Rooster, Killing Floor, Spoonful, How Many More Years, No Place To Go, Rockin’ Daddy y Built For Comfort, entre otros.
El single de «The red rooster», de Howlin’ Wolf. “Siempre compongo canciones sobre cómo vive la gente y cómo actúan entre sí. Algunos tienen altibajos, qué los causa. Muchos músicos salen a cantar, pero nunca lo hacen con dulzura. Hay que explicarle a la gente por qué cantás esto, qué lo causa y mostrarles lo que cantás. Les tenés que explicar tu historia. Tenés que hacer que cada palabra encaje”, señaló Wolf en una entrevista con Chris Strachwitz, en 1967.
Cuando le preguntaron qué es el blues sólo respondió: “Ya los conocerás; si no los tenés hoy, los tendrás mañana”. A buen entendedor. “No soy muy listo; verás, tengo poca cabeza y mucho corazón. Porque el blues se basa en un punto en común que comparten todas las personas, negros, blancos, jóvenes y viejos. El blues es la historia de la vida humana, de sus amores, de sus luchas. Todo el rock and roll, todo el jazz, toda la música estadounidense tiene sus raíces en el góspel y en el blues”, expresó en una entrevista con Michael Erlewine, durante el Ann Arbor Blues Festival, en agosto de 1969.
Sus primeros pasos
Chester Burnett (nombre real de Howlin’ Wolf) nació en White Station, Mississippi, el 10 de junio de 1910. Sus padres fueron un agricultor y una lavandera y empleada doméstica. Sus primeros contactos con la música fueron acompañando a su madre a la iglesia, donde cantaban spirituals y góspel.
Howlin’ Wolf comenzó cantando gospel y spirituals con su madre. Foto: IGUn día su madre, sin mayores explicaciones lo echó siendo un niño y fue a parar a lo de su tío abuelo, un personaje nefasto en su vida por su dureza y crueldad. Vestía harapos, andaba descalzo y no se le permitía estudiar. A los trece se escapa y camina -según él- 137 kilómetros hasta la finca de su padre, Dock Burnett, donde fue acogido y hasta contenido, aunque la dureza del trabajo se mantuvo.
Su primer instrumento fue la armónica, a la que llegó a dominar por su natural talento. Más adelante, Charley Patton, talentoso bluesman del Mississippi, le enseña a tocar la guitarra. Su influencia fue decisiva en la carrera de Wolf, sin duda. Patton, que era uno de los pocos artistas que hacían shows en sus actuaciones, influyó en su manera de aproximarse a las audiencias.
Al poco tiempo de estar con Patton ya subía al escenario a tocar con él. De todos modos, el músico que más lo impresionó según sus propias declaraciones, fue Blind Lemon Jefferson. “Pasó por Ruleville, Mississippi, lo escuché pero no pude decirle nada. También escuché a Lonnie Johnson, a Ma’ Rainey, Tampa Red, pero Lemmon era mi favorito por su estilo límpido, se le entendía todo lo que tocaba”, señaló el artista.
Howlin Wolf grabó en Sun Records y publicó en el famoso sello Chess. A mediados de los años ’30 actuaba en diferentes clubes, con diferentes músicos como el armoniquista “Honeyboy” Edwards, Robert Johnson, Sonny Boy Williamson II (Rice Miller) y Son House, entre otros. De su amistad con el armoniquista Sony Boy II fue que perfeccionó el arte de interpretar la armónica, aunque años más tarde diría que Rice Miller era un verdadero demonio.
Por esta época comenzaron a tejerse la larga lista de leyendas sobre Wolf. Al parecer, al terminar uno de sus shows encontró a una amiga siendo golpeada en la parte de atrás del club por un hombre, y al defenderla en la pelea mató al agresor y debió escapar. Los presentes coincidieron en que esto ocurrió, pero como se supone, jamás lo confirmó.
Años traumáticos en el Ejército
A los 20 años lo convocan a las filas del ejército, abril de 1941. Fue asignado durante ese año a diferentes regimientos, siempre en tareas que no representaban el uso de armas, como cocina y limpieza, pero a la noche tocaba en las escaleras de los dormitorios. Cuando ocurrió el ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, lo trasladaron a Tacoma, Washington, al área de comunicaciones.
Howlin’ Wolf a comienzos de los años ’70. Foto: IGWolf era un analfabeto funcional y ante cualquier error en la lectura o escritura que eran constantes, era golpeado por un superior. Lo mandaron a aprender a leer y escribir, pero todo le costaba horrores y comenzó a tener temblores, desmayos y confusión mental.
Dos años después de su ingresó estuvo internado en un psiquiátrico del ejército, donde lo declararon no apto para el servicio y fue dado de baja en noviembre de 1943. “El ejército no es un lugar para un hombre negro; supongo que no podía resultar que me dieran órdenes. El Lobo es su propio jefe”.
Le diagnosticaron una “neurosis de guerra”. Más allá de la certeza de este diagnóstico, Wolf prefirió darle prioridad a su recuperación antes que a su carrera y volvió a trabajar el campo, aunque nunca dejó de cantar.
Vivió en distintas zonas y tuvo tres parejas entre 1944 y 1947: Lillie Crudup, Blanche Ship y Katie Mae Johnson.
Volver al ruedo
En 1948, Wolf ya estaba preparado para volver al circuito y mostrar su formación blusera de primera mano. Armó su banda, los Houserockers, un grupo con sonido áspero y primitivo, a contramano de lo que buscaban los productores blancos. Sin embargo, obtuvo un enorme reconocimiento y dinero.
Un afiche promocional del gran Howlin’ Wolf. Foto: IGComenzó en Memphis y no paró hasta Chicago, al que llegó manejando su auto DeSoto de dos colores, en enero de 1954. En tres años había conquistado toda la zona del Delta del Mississippi y ahora venía por Chicago y el blues eléctrico, reinado de Muddy Waters.
Se exigió más y más, y después de un inicio con músicos de la banda de Waters, como Otis Spann y Willie Dixon, mandó a llamar a Memphis al pianista Hosea Lee Kenard y a su querido guitarrista Hubert Sumlin, a quien conocía desde los 12 años y con quien tenía “una relación tumultuosa, donde nos faltaban las discusiones (le decía que tenía que tocar sin púa) y algún que otro puñetazo”.
Esta tensión que vivían el Lobo con Sumlin llevaron, tras un ataque de rabia, a que el guitarrista se pasase a la banda de Waters, que le pagaba incluso mucho más. Fue un golpe durísimo para Howlin’. Finalmente, la dureza de las permanentes giras hicieron que Sumlin y Waters discutieran de fea manera y el guitarrista volvió con Wolf que lo recibió con los abrazos abiertas, no sin antes llamar a Waters y decirle: “La próxima vez que le hagas algo con Hubert, te mato”. Wolf medía 1,98 y pesaba 136 kilos. Nadie tomaba en joda sus amenazas.
Wolf no sólo fue exitoso vendiendo discos, sino que su interpretación hacía que hasta los blues más clásicos tomaron una forma absolutamente nueva y atrayente. Ningún músico de blues alcanzó la popularidad que Wolf logró en Chicago cantando sobre estados de ánimo como en Smokestack Lightinin, donde parece canalizar esos sentimientos de soledad y abandono de su infancia.
“¿Por qué no oyes llorar?” repite una y otra vez. Sobre este tema hay una historia interesante sobre su grabación, cuando echó al saxofonista del estudio. “¡Yo estoy cantando un asunto de vida o muerte y él está tocando bop!”, dijo Wolf.
En 1958 conoció a Lillie Handley, una mujer que lo estabilizó en su vida afectiva, que mejoró su relación con el mundo; aunque siguieron las peleas con los miembros de su banda por cierto maltrato que imponía.
De todos modos, Wolf conmocionó Chicago con su energía, por ejemplo, en los clubes Zanzíbar y en el 708 Club, con shows arrolladores o como cuando llegó al Teatro Apollo, de Harlem, donde la audiencia entró en éxtasis.
Los Rolling Stones entraron la vida de Wolf el 20 de mayo de 1965, cuando pidieron para su actuación en el programa televisivo Shindig, de la cadena ABC, que viniesen Waters o Wolf. Apareció el Lobo con una magistral versión de How Many More Years. El gran público conoció a este talentoso artista y sus ventas crecieron aún más.
La tapa de «The London Howlin’ Wolf Sessions», el disco con rockeros ingleses.A mediados de los años ’60 era una leyenda; el sello Chess lanza The Real Folk Blues y es invitado al Folk Festival de Newport. Deja su traje y corbata de lado y aparece vestido como un labrador; como si estuviese un paso adelante de lo que vendría, su vestimenta estaba a tono con una revalorización del blues y sus orígenes.
Esa vez lo vio Taj Mahal y quedó tan impresionado con el porte y la vestimenta que comenzó a vestirse de esa manera. Wolf portaba la llama del blues y señalaba el rumbo.
El sello Chess, en busca de recomponerse financieramente, equivocó el camino con sus dos estrellas del blues, es decir, Wolf y Waters. Wolf grabó Howlin’ Wolf (1968), un disco incongruente con aroma psicodélico que no le gustó nada al artista, y Waters hizo Electric Mud, otro trabajo sin orientación. Antes, la desprolija jam Super, Super, Super Blues Band (1967), con Waters, Wolf y Diddley no había resultado.
En 1969, el Lobo comienza a tener problemas de salud: dos infartos, uno ese año y otro en 1971, el primero resuelto por la decisión de Sumlin, ya que Wolf quedó inconsciente en un choque de autos y ahí se produjo el infarto que resolvió pegándole con una madera en la espalda para que reaccionara. En el hospital vieron que también tenía serios problemas renales que lo llevarían a tener que extirpar más adelante un riñón.
En el medio de todo esto, Wolf recibe una invitación para grabar en Londres en el nuevo sello de los Rolling Stones y viaja con su infaltable Hubert Sumlin. La producción reúne a Eric Clapton, Stevie Winwood, Charlie Watts y Bill Wyman; la presencia de Wolf en la ciudad es tan importante que el día que Watts y Wyman no pudieron grabar se presentaron espontáneamente Ringo Starr y Klaus Voorman.
La grabación tuvo problemas por la salud de Wolf, que en un momento tuvo un desmayo. Solo cantó y tocó la armónica y mostró de manera soberbia en la guitarra acústica la intro de Little Red Rooster. El álbum The London Howlin’ Wolf Session (1971) fue criticado por el tono comercial pero sigue siendo un excelente disco de blues tocado por una leyenda y una generación joven de músicos ingleses.
Los problemas de salud lo fueron obligando a alejarse de los escenarios pero también del estudio de grabación. Su último disco The Back Door Wolf (1973), fue el más corto en duración de su discografía.
Su última actuación fue en noviembre de 1975, en el Anfiteatro Internacional de Chicago, donde compartió cartel con B.B. King, Albert King y Luther Allison. Wolf ofreció una actuación inolvidable; por ejemplo, en Crawling King Snake gateó por todo el escenario aullando. La audiencia le brindó una ovación de cinco minutos como despedida. Al bajar del escenario, un equipo de paramédicos tuvo que reanimarlo.
En enero de 1976 ingresó al hospital Edward Hines, en Illinois, para una cirugía de riñón y le encuentran un tumor en el cerebro. Los médicos dudaban si operarlo debido a la insuficiencia renal y cardiaca. Lo operaron del tumor el 8 de enero y dos días después murió a raíz de una insuficiencia cardiaca y renal.
Wolf, como ninguno otro bluesman, trajo la densidad emocional del blues del Delta a Chicago. Su espíritu, su energía y su enorme talento le dieron al género una riqueza que ningún otro artista logró. Entró en el Salón de la Fama del Blues en 1980 y en 1991 en el Salón de la Fama del Rock and Roll.

