La batalla política española también se libra en Latinoamérica, sacudida por el terremoto de Caracas. En la izquierda, el Gobierno ha estrechado la alianza anti-Trump con Brasil, México, Colombia y otros países. En la derecha, la crisis ha internacionalizado el terreno de disputa entre el PP y Vox. Detrás de las maniobras no solo hay una búsqueda de aliados e influencia, también una prolongación de la pugna por el poder en España. ¿La explicación? El creciente peso del voto latino, que será aún mayor con la nacionalización de descendientes de exiliados republicanos y que multiplica la importancia de los acontecimientos latinoamericanos en España.
Estas son cuatro claves sobre los movimientos recientes de los partidos, su posición en la región y los incentivos que condicionan su actuación.
El avance ultra a costa del PP
La crisis regional abierta por el ataque a Venezuela toma al PP con sus aliados en retroceso ante el avance de un populismo derechista que ha llegado al poder en El Salvador (Nayib Bukele), Argentina (Javier Milei) y Chile (José Antonio Kast), lista que podría crecer en Brasil con Flávio Bolsonaro, lanzado ya a la carrera de las presidenciales de octubre y otro afín a Santiago Abascal.
Vox está aprovechando la coyuntura. “Si antes la referencia de la derecha latinoamericana eran el PP y José María Aznar, hace tiempo que Vox está desgastando esa posición”, observa Anna Ayuso, investigadora para América Latina del Barcelona Centre for International Affairs (Cidob), que afirma que el partido de Alberto Núñez Feijóo tiene ahora menos relación con presidentes en activo que con expresidentes. Entre los antiguos mandatarios más próximos al PP están Felipe Calderón (México) y Andrés Pastrana (Colombia), entre otros.
“El centroderecha”, apunta Vicente Palacio, director de Política Exterior de la Fundación Alternativas, “se está evaporando, sustituido por una derecha más dura. Las ramificaciones de Vox cada vez llegan más lejos”. El resultado es que el PP está en una situación “incómoda”, añade. ¿Ejemplos de esa incomodidad? Tras las victorias de Milei en Argentina hace dos años y de Kast en Chile hace menos de un mes, el PP ha mostrado su satisfacción por la derrota de la izquierda, pero en ambos casos era una satisfacción a medias, porque era a manos de líderes muy próximos a Abascal, no a Feijóo. Preguntado sobre el ascenso de Vox en Latinoamérica en paralelo a la llegada al poder de líderes ultras, un portavoz oficial del PP se limita a responder: “Nos preocupa más el ascenso de la extrema izquierda”.
La reivindicación de María Corina Machado
Después de la captura de Nicolás Maduro, tanto el PP como Vox celebraron lo que tildaron de éxito democrático. No tardaron en quedar descolocados. Trump, el mismo sábado de la operación, avaló como presidenta a la número dos de Maduro, Delcy Rodríguez. Las reacciones del PP y Vox tras quedar en fuera de juego han sido distintas. Vox ha apoyado la designación, sin una crítica a Trump. El PP, aprovechando que Abascal ha orillado así a María Corina Machado, está tratando de presentarse como el verdadero valedor de la opositora, una figura en disputa en el espacio derechista que los populares quieren identificar como suya.
Carmen Lumbierres, profesora de Ciencias Políticas de la UNED, ve en esta actuación del PP un intento de “defender un espacio propio” en Venezuela y en Latinoamérica, donde “Vox dispone de una mejor posición para gestionar la desorientación” provocada por la designación de Delcy Rodríguez. “Abascal ya ha demostrado que su seguidismo a Trump no le pasa factura y además disfruta de una red de alianzas en Latinoamérica para defender su posición que el PP no tiene”, desarrolla.
Según Anna Ayuso, del Cidob, los que más iniciativa sobre Latinoamérica tienen dentro del PP son Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y José María Aznar, presidente de FAES, que son, además, quienes —junto a la diputada Cayetana Álvarez de Toledo— con más énfasis disputan a Vox la figura de Machado. Ayuso también ha tratado de atraerse a Milei, al que condecoró en 2024 y al que visitó este jueves en Buenos Aires para exhibir sintonía en plena crisis.
A pesar de la penetración en Latinoamérica de Vox y su fundación, Disenso, que lleva desde 2020 tejiendo complicidades, Javier Zarzalejos, director de FAES, niega que la histórica entidad de Aznar esté en retroceso. “Vox podrá alardear de cercanía con líderes. Pero nos preocupa lo justo, porque nunca ha existido con éxito una internacional populista”, asevera. Eso sí, admite que corren tiempos difíciles para su ideario. “Ha encogido el espacio para el discurso contra el efecto corrosivo de los populismos”, señala Zarzalejos, crítico con que Vox haya atribuido a Delcy Rodríguez la decisión sobre si ayudar o no a la democracia en Venezuela. “Ese dilema no es de Delcy, es de Trump”, afirma. Vox no respondió a EL PAÍS.
Un bloque progresista gigante, pero frágil
En el campo progresista, la conmoción venezolana ha evidenciado que la alianza que forman el Gobierno de Pedro Sánchez y los de Lula da Silva (Brasil); Claudia Sheinbaum (México); Gustavo Petro (Colombia); Gabriel Boric (Chile, hasta marzo, cuando tomará posesión el presidente electo, José Antonio Kast) y Yamandú Orsi (Uruguay) tiene capacidad de actuar con contundencia en un momento crítico. Antes de que la UE sacara hace una semana su comunicado pidiendo “evitar una escalada”, estos seis gobiernos ya habían fijado una posición más dura con un texto conjunto.
La coordinación no fue casual. Las relaciones en ese grupo se fueron concretando en un espacio de colaboración a lo largo de 2025, incentivadas por el regreso al poder de Trump. Paso a paso, con hitos destacados como sendos encuentros —de todos menos Sheinbaum— en Santiago de Chile en julio y Nueva York en septiembre, se ha ido forjando un frente que obedece a una lógica sencilla, explica Vicente Palacio, de Alternativas. Sus miembros ven que “el mundo gira muy a la derecha y necesitan aliados para fortalecer su posición y no quedar aislados”, expone Palacio sobre una alianza que la crisis venezolana ha puesto en primer plano.

Con países que rondan en total los 465 millones de habitantes, más que toda la UE, el futuro de este bloque es incierto. “Es un muro de resistencia, pero un muro frágil”, dice Palacio. En marzo, el “muro” perderá una pieza, Boric, sustituido por el presidente electo, el ultraderechista José Antonio Kast. Además, a Petro le quedan siete meses en el poder, el tiempo hasta que lo suceda el ganador de las presidenciales en mayo, ya se verá de qué signo político. En Brasil, las elecciones serán en octubre. Lula se medirá previsiblemente a Bolsonaro júnior.
El acercamiento no ha sido solo entre gobiernos. Con Sánchez en La Moncloa, el PSOE ha firmado acuerdos de cooperación con las formaciones de Lula, el Partido de los Trabajadores, y de Sheinbaum, Morena, explica Hana Jalloul, responsable del área internacional de los socialistas. Ninguno de los dos está en la Internacional Socialista (IS), lo que muestra una voluntad del PSOE de trascender la familia política directa y “abarcar todo el espectro progresista”, añade Jalloul.
Al estrechamiento de sus lazos con el polo progresista, Sánchez sumó el viernes un movimiento relevante en Venezuela, epicentro de la crisis, con la llamada a Delcy Rodríguez y al opositor Edmundo González, exiliado en España, con el objetivo de mantener la influencia directa en el país caribeño.
A la izquierda del PSOE, tanto IU —con alianzas en Latinoamérica desde hace 30 años— como Podemos han hecho tras el ataque a Venezuela una “rápida articulación de un discurso antiimperialista” troncal en su identidad, observa Sergio Pascual, miembro del consejo del centro de geopolítica latinoamericana Celag y dirigente de Podemos hasta 2016.
El interés electoral
Todo este interés por Latinoamérica tiene sentido desde el punto de vista electoral, porque los allí nacidos tienen en España un recorrido hasta las urnas más corto que el resto de extranjeros. Frente a los diez años de residencia que necesitan la mayoría de foráneos para obtener la nacionalidad, el Código Civil establece que los de “países iberoamericanos” solo necesitan dos. Ello influye en que la mayoría de los extranjeros que se nacionalizan sean latinoamericanos. De algo más de 250.000 en 2024, más de 160.000 habían nacido en países latinoamericanos, 35.403 en Venezuela.
Todo apunta a que el caudal de nacionalizaciones seguirá siendo abundante. Entre colombianos, venezolanos, peruanos, hondureños, argentinos, ecuatorianos y paraguayos superan los 1,65 millones de residentes censados en España a 1 de enero de 2024. Un porcentaje imposible de conocer ahora adquirirá la nacionalidad en el futuro y podrá votar. Solo en la Comunidad de Madrid, hay más de 184.000 venezolanos, el colectivo más numeroso, ante el que Ayuso presenta Madrid como capital europea del antichavismo.
La mayoría de inmigrantes irregulares también son latinoamericanos. Son más de 500.000 de un total de menos de 700.000, según una estimación de Funcas con datos de 2023. De estos, otro número indeterminado acabarán siendo españoles con derecho a voto.
Los latinoamericanos serán, además, mayoría entre quienes obtengan la nacionalidad por ser descendientes de exiliados republicanos, una vía prevista por la Ley de Memoria Democrática. Han realizado gestiones para su obtención 2,4 millones, según datos del Gobierno. En el primer trimestre de 2025, más de un 82% de las solicitudes se presentaron en Argentina, Cuba, Brasil, México, Chile y Venezuela. Por el momento, ya se han aprobado 490.000.
Todo ello constituye “un fenómeno que va a redefinir las claves” de la política española, afirma Vicente Palacio, de Alternativas, que añade que la actitud de los partidos españoles hacia Latinoamérica está por lógica “totalmente” condicionada por este creciente peso electoral de los nacidos allí. Además de las razones culturales e idiomáticas que suelen alegar, también hay un incentivo electoral para que tanto PP como Vox tengan un discurso sobre inmigración más inclusivo con los latinoamericanos que con los de otros orígenes.
Experto en participación política de los extranjeros, Carles Pamies, profesor de Ciencia Política de la UNED, coincide en que la mayor facilidad para conseguir derecho al voto de los latinoamericanos hace que los partidos presten “mayor atención” a lo que ocurre en estos países, como pasa ahora en Venezuela, con el objetivo de emitir mensajes atractivos para este colectivo. Aunque recalca: “Muchas veces, el PP y Vox tienen un discurso que parece solo dirigido a venezolanos y cubanos, entre los que hay un extendido rechazo a los gobiernos de sus países, que la derecha española presenta como aliados del Gobierno de España. Pero ese discurso no tiene por qué calar en los llegados de otros países. La diversidad es enorme y eso a menudo se ignora“.

