La llegada de Inés Socobehere a Tandil se transformó este sábado en una verdadera celebración colectiva, cargada de emoción, alegría y lágrimas. Desde el ingreso a la ciudad, una multitud aguardó para darle la bienvenida a la beba tandilense que conmovió al país entero con su historia de lucha y esperanza.
La familia arribó escoltada por los Bomberos, en una caravana que avanzó entre aplausos, globos rojos, carteles y gestos de profundo afecto. Vecinos y vecinas se volcaron a las calles para acompañar un momento largamente esperado, luego de meses atravesados por la incertidumbre y la fe.
El recorrido continuó hasta Pinto casi 9 de Julio, donde se encuentra el mural realizado en honor a Inés y a la concientización sobre la donación pediátrica de órganos. Allí, el clima fue de emoción pura: abrazos, lágrimas y sonrisas se mezclaron en una postal que reflejó el amor de toda una ciudad.
Inés, la beba que necesitó y recibió un trasplante de corazón, regresó finalmente a su hogar tras una compleja intervención y una extensa etapa de internación y recuperación en Buenos Aires. Su historia impulsó una enorme campaña solidaria y de concientización que trascendió las fronteras de Tandil, dejando una huella profunda en miles de personas.
Días atrás, la familia había confirmado el regreso a través de la cuenta de Instagram @uncorazonparaines, con un mensaje que anticipaba la emoción del reencuentro: «Nos volvemos a casa!!!!! Estamos muy felices». El anuncio generó una inmediata respuesta de la comunidad, que este sábado se hizo presente para acompañar con el corazón.
El regreso de Inés no solo marca el cierre de una etapa durísima para su familia, sino que se convirtió en un símbolo de vida, solidaridad y esperanza compartida. Tandil celebró, una vez más, el triunfo del amor y la unión de toda una comunidad.
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