Si bien ya echaron raíces en Argentina, viven atentas a lo que sucede en su país de origen tras la salida de Maduro. El dolor de ver a la familia desmembrarse, el periplo de migrar y empezar de cero. “Soñamos con una Venezuela libre”, dijeron
miércoles 14 de enero de 2026 | 4:00hs.
María Gabriela y su hija Vanesa residen en Argentina hace nueve años. Foto: Cesar Lasso
Los ojos del mundo están sobre Venezuela desde hace más de una semana. Más precisamente desde el 3 de enero cuando Nicolás Maduro fue abruptamente sacado del poder por parte de los Estados Unidos, tras ataques a sitios estratégicos de ese país Sudamericano. Para los venezonalos que se vieron obligados a migrar -y miles todavía dentro del país- la caída del hombre fuerte de la nación caribeña representa vientos de cambio, la posibilidad de que mejoren las condiciones socioeconómicas tras años de una dura crisis y en muchos casos se ilusionan con la vuelta. Otros son más cautos y hasta no ver elecciones libres y seguras prefieren manejarse con moderación.
Lo cierto es que la diáspora venezolana en Misiones, que supera las 500 personas, ve lo que pasa en su tierra de origen con cierta esperanza. Aseguran que el ataque de los Estados Unidos era la última posibilidad de ver a su tierra libre ya que -sostienen- agotaron todas las instancias que da el derecho internacional para que se respeten las garantías y se reconozca a Edmundo González Urrutia como legítimo ganador de las últimas elecciones.
“Estamos con mucha expectativa porque este es el comienzo, no es el fin”, aseguró sin dudar María Gabriela Laurenat, venezolana que reside en Argentina hace una década.
“Es un proceso que ya venimos viviendo hace muchos años y lo que sucedió realmente para nosotros fue impactante porque no lo esperábamos, ya habíamos perdido las esperanzas, como yo digo, es el primer capítulo de la última temporada”, graficó la mujer a El Territorio.
Sin embargo, muchos dudan sobre un verdadero cambio ya que la mayor parte del gabinete de Maduro sigue en el poder, al respecto, reflexionó: “para que no exista ese vacío legal tiene que continuar la persona que está encargada como vicepresidenta, pero creo que eso va a ser momentáneo para que próximamente -con garantías constitucionales- se puedan hacer unas elecciones libres donde se respete el voto de la persona, donde de verdad se respete lo que la gente quiere, que quiere un cambio porque ya son muchos años de mucho dolor, de separaciones y de muchas cosas que a nosotros nos todavía nos sigue afectando”.
Pese a ello, hubo en los últimos días protestas a favor de Maduro y en pedido de su liberación, algo que desde la distancia puede ser llamativo. Pero Vanesa, hija de María Gabriela, destacó: “En Venezuela no se puede hablar, las únicas personas que actualmente uno puede observar en las calles protestando en contra de lo que está haciendo Estados Unidos son los propios chavistas, que son las únicas personas protegidas por el gobierno”.
Migrar, una experiencia dura
Si bien migrar nunca es fácil. La experiencia se vuelve más dura cuando la salida no responde a un proyecto personal, sino que está prácticamente impuesta por un contexto político y económico adverso, donde la falta de oportunidades, la inestabilidad y la incertidumbre empujan a miles de personas a buscar refugio en otros países. Casi una estrategia de supervivencia frente a realidades que ya no permiten proyectar un futuro digno.
Así, la familia de María Gabriela se desmembró. Un hermano en España, otra en Miami y ella con sus hijos y esposo acá. Sólo su padre quedó en Venezuela.
“Cuando yo cuento que hacíamos cola para comprar 1 kilo de harina, eran colas interminables que la gente dormía el día anterior para poder comprar. Te ponían un sello para saber el día que te tocaba, no había medicinas ni pasta de dientes… a la gente le cuesta creer que eso pase”, trajo al relato y recordó lo que le dijo su hermano antes de migrar. “‘Mari, esto va a pasar a grave’ y yo le decía ‘no puede ser, porque esto es un país próspero con demasiados recursos’. Y fue pasando poquito a poquito”, plasmó.
De esta forma, la situación se volvió insostenible en 2017 y el estilo de vida de clase media que tenían se desmoronó. “Tenemos que irnos”, le dijo su esposo, un prestigioso músico de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, la más importante de Venezuela y similar a la del Teatro Colón de Buenos Aires. Ese prestigio le había permitido conocer a personas de todo el mundo, a las que vía mail pidió ayuda. “Del único lugar que nos respondieron fue de Argentina, nos abrieron las puertas como nadie y eso lo vamos a agradecer eternamente”, reflejó.
Se fueron casi con lo puesto. Sin mucho barullo y fingiendo un viaje de vacaciones a Colombia. “Te pueden retener si se enteran que estamos migrando definitivamente”, aclaran. Vendieron todo, incluso el auto y sólo conservaron el departamento en el que vivían.
“Se iban primero los hombres como para buscar qué iban a hacer y después el resto de la familia. Nosotros emigramos por parte, primero vino mi esposo en julio, él llegó directo a Chascomús, Buenos Aires. Después en septiembre lo invitan a un festival de música acá y le ofrecen trabajo y nosotros llegamos en diciembre a Posadas”, contó y se le llenan los ojos de lágrimas al recordar la ayuda que les dio Marilé Vendrell y Miguel Brizuela de los Grillitos Sinfónicos. “Nos abrieron las puertas de su casa para que vivamos un año”, dijo y “fueron para nosotros la base fundamental de que estemos acá. Ellos consiguieron el colegio de los niños, consiguieron trabajo para mi marido”.
Si bien María Gabriela es psicopedagoga, nunca pudo ejercer por lo complicado para validar su título. Así, vendió comida y trabajó en hoteles hasta que se le abrió una oportunidad en una empresa de salud.
“Argentina fue muy noble con el venezolano”, admitió y sumó: “Obvio que estamos tristes, pero siempre motivados a estar mejor. De hecho, estamos mucho mejor de lo que como llegamos”.
Caos y empezar de cero
“Tenía 13 años en ese entonces y es chocante que tus padres te digan ‘nos tenemos que ir porque no damos más’. Nos fuimos antes de Navidad y eso fue muy duro porque allá es una festividad muy querida y celebrada. Mi hermano tenía 10 años y estábamos entrando en la adolescencia así que fue supercaótico para para nosotros, de hecho, yo estaba negada. Me negaba a que se me pegue el acento argentino, sentía bronca y me preguntaba por qué me tengo que ir de casa”, reflejó Vanesa que ya egresó de la secundaria y actualmente vive en Córdoba, donde estudia psicología.
Hoy, con el tiempo transcurrido, ve todo de otra forma. “Argentina es increíble cómo nos recibió con los brazos abiertos y nosotros siempre vamos a estar superagradecidos y no vamos a cambiar a Argentina por nada, porque el abrazo que nos dio creo que casi ningún país nos lo hubiera permitido”.
En Argentina, los últimos datos oficiales dan cuenta de que viven unos 230.000 venezolanos que dejaron su origen en busca de un futuro más promisorio.
Hoy, con casi una década en el país, María Gabriela aseguró que lograron estabilidad económica y social. Y ahora “soñamos con un reencuentro familiar, no sé si a vivir nuevamente allá porque ya estamos estables acá, tenemos trabajo, los chicos estudian y volver es empezar otra vez de cero”.
Por su parte, Vanesa dijo: “a mi hermano y yo la dictadura venezolana nos sacó el derecho de terminar de crecer en Venezuela. Y debido a eso nos va a costar mucho alejarnos de Argentina porque ya nos terminamos de criar acá. Por eso va a ser muy complicado volver. Me encantaría ir de visita porque allá está en nuestra casa”. En ese sentido, visualizaron para el año próximo un reencuentro porque con la familia esparcida por todos lados.
Instancias agotadas
Consultada sobre por qué se llegó a este escenario, ambas coincidieron en que: “agotamos todas las formas para poder salir de esto y el hecho de que Estados Unidos está interviniendo en Venezuela era lo último y lo único que realmente nos quedaba. Durante años todos los venezolanos hemos pedido a gritos ayuda a distintas organizaciones, a distintos países para que podamos salir de esto de manera democrática, que lo intentamos el 28 de julio de 2024 y a pesar de que se demostró de forma legítima que Maduro entró al poder de forma ilegítima, aun así, se nos ignoró. El hecho de que Estados Unidos interviniera en Venezuela es el resultado de una indiferencia internacional a la problemática tan grande que estamos viviendo todos los venezolanos”.
¿Cómo se llegó a esta situación?, insistió El Territorio, teniendo en cuenta que Venezuela es uno de los países más ricos del mundo en recursos hidrocarburíferos y turismo. “Venezuela tuvo una época muy próspera, se vendía mucho petróleo y se vendía bien. El tema es que el poder enferma la gente y creen que pueden hacer lo que quiera”, dijo María Gabriela.
“Él -Chávez- empezó a hacer lo que quería, a expropiar empresas, a destruir y cuando gana Maduro, muchas empresas que ya estaban quebradas y próximas a quebrar, se fueron de Venezuela. Todo se fue deteriorando, llegó un momento que ya no había producción nacional, escaseaban los alimentos”, explicó.
Luego Vanesa añadió: “A Venezuela no la bloqueó Estados Unidos, ellos mismos -el gobierno- empezó a expropiar y darle las empresas a gente que no estaba capacitada y quebraron. Hoy Venezuela está dolarizada. Por ejemplo, el abogado te va a hacer un divorcio y te cobran dólares, la peluquera te vas a un alisado y pagas en dólares, el supermercado tiene caja en dólares y bolívares. Hoy todo lo que viene a Venezuela está importado y lo manejan los militares. Los alcaldes y gobernadores son militares, por eso sacar esta dictadura es tan compleja y por eso también es necesario una intervención extranjera, porque cómo el pueblo va a poder sacar a los militares del poder, si son ellos los que tienen las armas, si son ellos los que pueden reprimir al pueblo”.
A su vez, dio su punto de vista sobre la intervención norteamericana y la extracción de petróleo: “Se dice que Estados Unidos quiere llevarse el petróleo del país, pero desde que el chavismo está, toda esta gente lleva regalando el petróleo a cantidades de países como China, Rusia, Irán y Cuba. Y nunca hemos salido beneficiados de ello. Es injusto para nosotros escuchar eso. Lamentablemente, entregar el recurso es lo mínimo que podemos entregar para poder salir de esta tiranía”.
“Por eso soñamos que Venezuela sea libre”, finalizaron.



