Por Pavla Ochoa /
La Plaza Domingo Faustino Sarmiento de Paso del Rey, a fines de 1998, fue protagonista activa del intento de mantener la memoria y preservar algo de la historia de Moreno. El propio esfuerzo de lxs vecinxs, ante la ausencia de políticas públicas, logró preservar por 14 años los restos de la vieja estación de trenes.
A fines de la década del ’90 todo se vivía a mucha velocidad para quienes habitamos el territorio de Moreno. La ejecución de las políticas de privatizaciones del Gobierno Nacional de Carlos Saúl Menem comenzaban a tener impacto en nuestras realidades cotidianas.
Fue en octubre de 1998 cuando la estación de trenes de Paso del Rey dejó de ser la de chapas y maderas, de la que solo actualmente, permanece intacta en la letra de la canción de Víctor Heredia, El Viejo Matías: «El viejo Matías duerme en cualquier parte / un fantasma errante le roza la piel / pero cuando llueve sus despojos buscan / la estación de chapas de Paso del Rey».
Todo era parte de las modificaciones incluidas en el Plan de Remodelación Integral de Estaciones que llevaba adelante, Trenes de Buenos Aires (TBA), concesionaria de las líneas Sarmiento y Mitre. Lxs que éramos jóvenes en esos años, no estábamos informadxs de tanto detalles, pero si vivíamos a pasos agigantados como la estación, que tenía más de 60 años de antigüedad en ese entonces, cambiaba su forma para siempre.
Lo que se señalaba en esos días era que los materiales en buen estado de la vieja estación no se iban a perder porque quedaban a cargo de la municipalidad, para preservar la memoria.

Lo único que sucedió fue que lxs vecinxs de Paso del Rey instalaron una pequeña parte en la plaza, con los materiales de la histórica estación, convirtiéndose en un punto de encuentro de la comunidad.
Al poco tiempo, las maderas y chapas, que formaban un fragmento del viejo andén, se comenzaron a usar por parte de la juventud. Sin tanto preámbulo, se convirtió en un escenario al estilo anfiteatro popular, donde artistas callejeros, bandas de punk, heavy metal y otros géneros musicales, podían expresarse libremente en esos años, interactuando con actos de organizaciones sociales y políticas que realizaban en el lugar.

Recuerdo haber ido en varias ocasiones, en bicicleta desde La Perlita a Paso del Rey, y sentarme en el pasto a escuchar las bandas que sonaban con sus propios equipos y armaban un sonido en común que sostenía la actividad autogestinada, con la ayuda de lxs vendedorxs de la zona, que prestaban o alquilaban el cable de electricidad.

Los sábados y domingos, la música a volumen, se mezclaba con lxs jubiladxs que jugaban al ajedrez en las mesas del espacio público y con las personas que bajaban y subían del Sarmiento.
Ahi, se generaba un movimiento subterráneo, que explotaba en la base de la vieja estación. Todo era expresión pura de esa juventud que no tenía espacios para tocar su música en Moreno, ya que solo les abría la puerta el Fek 67 Bis, los domingos. Lxs jóvenxs sabían que había que ocupar el espacio público para poder decir lo que se pensaba y sentía.
Se armaban altos festivales, ahí tocaron Migra violenta, Movil Vissión, Materia Fecal, Pink Flamingos, Aurora, Il Diábolo, Wang, La Purga, Fulgura, Bako, Resakados, Voces Nativas, Sucursal Oeste, El Cadáver, Cuero Negro, Deformes Punk, Mentes Arruinadas, Ácido Populares, Terror y Miseria, Biofilo Panclasta, Tom Joad, Migra Violenta, Smoke House, entre otras bandas que alimentaba el circuito under, que había en el lugar.

Al tiempo, comenzó a tener presencia el brazo represivo estatal: la policía, que hostigaba a lxs jóvenes artistas populares y no les permitía usar lo que se había convertido popularmente por la comunidad en un «anfiteatro».
Lxs comerciantes de la zona, y vecinxs, hicieron reiteradas denuncias a la Municipalidad de Moreno por ruidos molestos y destrozos en la plaza.
En este contexto hostil, se hacía muy difícil sostener el lugar independiente, donde las bandas musicales y artistas callejeros, se presentaban, ante la ausencia de políticas públicas del Estado Municipal.
Continuará….



