
REDACCIÓN
La creación de la Autoridad Aeroportuaria de Catalunya (AAC), representa un importante cambio de paradigma en el tratamiento aeroportuario por parte de la Generalitat. Son sobradamente conocidas las dificultades en la toma de decisiones del territorio en el desarrollo de infraestructuras, principalmente el aeropuerto de Barcelona. Lo vivimos en la segunda gran transformación (2000) y en ésta última, 25 años después. La excepción fue la primera con motivo de los Juegos Olímpicos en los que la fecha del evento obligó a un compromiso global con el resultado excepcional conocido.
Estas dificultades penalizan de forma seria la principal infraestructura del país obligada a operar por encima de su capacidad teórica con un serio riesgo de deterioro de la actividad aeroportuaria en el largo y complicado periodo de transición (8-10 años) hasta la disponibilidad de las actuaciones previstas.
La Autoridad Aeroportuaria de Catalunya permite superar un modelo fragmentado
Entre las causas de ello, en mi opinión, es el histórico déficit de posicionamiento y liderazgo en la planificación y posicionamiento estratégico de nuestros aeropuertos en la estructura de la Generalitat de Catalunya, que facilitan debates en todo el territorio, claramente mejorables por la poca rigurosidad desde el punto de vista técnico.
La falta de conocimiento aeroportuario y la dispersión entre varios departamentos de competencias relacionadas con los aeropuertos dificultan de forma importante posicionarse como territorio al que sirven los aeropuertos, lo que induce que nuestra posición sea pasiva y reactiva en relación con el gestor aeroportuario e instituciones aeronáuticas de Estado.
Disponer de un ente como la AAC es un primer paso para cambiar el escenario actual. El propio gestor se abre a una mejor coordinación con los territorios que será beneficiosa para una gran empresa líder en el sector aeroportuario que arrastra un excesivo centralismo, con falta de flexibilidad en el tratamiento de los diferentes entornos aeroportuarios.
El gestor aeroportuario debería considerar la interlocución activa entre ambos a través de una adecuada coordinación como una fortaleza más que una amenaza.
En definitiva, la Autoridad Aeroportuaria de Catalunya debe ser el ente que dote a Catalunya de una estructura propia con conocimiento del sector que permita agrupar y organizar de manera integrada todas las funciones que la Generalitat tiene atribuidas en materia aeroportuaria como medio ambiente, urbanismo, planificación, promoción económica, etcétera, y sea la herramienta que permita que Catalunya pase de un modelo fragmentado y reactivo a un modelo integrado y proactivo con voz propia.



