Entrenar en el gimnasio puede servir para mejorar la salud, ganar fuerza, perder peso y sentirse bien con el propio cuerpo. Sin embargo, la cantidad de lesiones que ocurren en estos espacios suele ser alta incluso entre personas con experiencia. No siempre se trata de levantar demasiado peso, sino de cómo se entrena, cómo se organiza la rutina y qué decisiones se toman.
Los investigadores de Harvard han analizado patrones de lesiones relacionadas con el ejercicio para identificar qué factores aumentan el riesgo y cuáles ayudan a minimizarlo. Sus conclusiones no buscan desalentar a nadie, sino ofrecer herramientas claras para que el entrenamiento sea no solo productivo, sino también sostenible a largo plazo.
Una de las ideas principales que surge de estos estudios es que la técnica y la progresión importan tanto -o más- que la cantidad de peso o repeticiones. Muchos entrenadores se enfocan en cuántos kilos levantar, cuándo aumentar la carga o cuántas series realizar, pero olvidan que la forma en que se ejecuta cada movimiento hace toda la diferencia.
Además, los expertos señalan que la preparación general del cuerpo -incluyendo movilidad, equilibrio y hábitos diarios- tiene un impacto directo en la probabilidad de sufrir lesiones. Un músculo fuerte no es suficiente si las articulaciones no están listas para soportar cargas, si los patrones de movimiento son rígidos o si se entrena con fatiga acumulada.
Recomendaciones clave para entrenar sin lesionarse
Estas acciones no son fórmulas mágicas, sino hábitos respaldados por investigación que ayudan a crear un entorno de entrenamiento más seguro. Evitar lesiones implica una combinación de preparación física, atención a la técnica, escucha corporal y decisiones inteligentes. Esta es una guía clara y práctica para quienes entrenan con constancia y desean hacerlo de manera segura.
El aumento de intensidad debe ser progresivo. - Calentamiento adecuado. Iniciar cada sesión con una preparación que eleve la temperatura corporal y active los grupos musculares principales. Movimientos dinámicos y movilidad articular ayudan a preparar al cuerpo para el entrenamiento.
- Priorizar la técnica sobre el peso. Antes de agregar carga, asegurarse de dominar el patrón del movimiento. Ejercicios ejecutados con buena forma reducen estrés en articulaciones y tejidos blandos.
- Progresión gradual de cargas. Incrementar el peso, las repeticiones o la intensidad de forma lenta y planificada. Saltar aumentos bruscos incrementa el riesgo de sobrecarga y lesión.
- Descanso y recuperación suficientes. El cuerpo se adapta mientras descansa, no solo mientras entrena. Dormir bien y dejar días de recuperación entre sesiones intensas es tan importante como el propio entrenamiento.
- Equilibrio entre fuerza y movilidad. Junto con el trabajo de fuerza, incluir ejercicios de movilidad y estiramientos. Una articulación móvil distribuye mejor las fuerzas y protege al músculo y al tendón.
- Escuchar las señales del cuerpo. Dolor agudo o molestias persistentes no deben ignorarse. Ajustar la rutina cuando algo duele evita que una pequeña molestia se convierta en una lesión mayor.
- Variar los estímulos de entrenamiento. Incluir diferentes tipos de ejercicios y patrones de movimiento ayuda a equilibrar el cuerpo. El uso repetitivo de un solo patrón sin equilibrio puede generar compensaciones y puntos de tensión.
Equilibrio entre fuerza y movilidad para evitar lesiones.Las recomendaciones de los investigadores de Harvard no buscan limitar el entrenamiento, sino dotarlo de inteligencia. Aplicarlas con constancia permite entrenar de forma más eficiente, con menos interrupciones por lesiones y con mayor capacidad para progresar de manera sostenida. Entrenar bien no es entrenar más, sino entrenar con más conciencia y preparación.
“Cumplir con un programa de ejercicio es un compromiso importante. Lo último que quieres es desperdiciar tus esfuerzos”, explica Heidi Godman, autora del artículo de Harvard Health.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín


