Redacción El País
Con el correr del tiempo, perros y gatos atraviesan cambios físicos y metabólicos que impactan de lleno en su salud y su bienestar general. La vejez, o etapa geriátrica, no es una enfermedad en sí misma, pero sí un período que exige mayor atención y cuidados específicos para sostener una buena calidad de vida.
Desde la medicina veterinaria coinciden en que la clave está en la prevención, una alimentación acorde a la edad y un seguimiento más cercano. Cada vez son más las personas que buscan acompañar de forma consciente esta etapa, entendiendo que los animales de compañía también envejecen y necesitan ajustes en su rutina diaria.
Señales de envejecimiento que no hay que naturalizar
A partir de los siete u ocho años —aunque esto varía según el tamaño y la especie— las mascotas comienzan a considerarse adultos mayores. Entre los cambios más frecuentes aparecen la menor actividad física, la pérdida de masa muscular, variaciones en el apetito y una mayor predisposición a enfermedades crónicas como artritis, afecciones cardíacas o problemas renales.
Los veterinarios advierten que no es conveniente normalizar signos como la cojera persistente, la dificultad para levantarse, la tos frecuente, la desorientación o los cambios bruscos de conducta. Muchas veces, estas señales están asociadas a dolor o patologías tratables si se detectan a tiempo. Tumores, problemas cardíacos y fallas renales o hepáticas figuran entre los cuadros más habituales en esta etapa de la vida.
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Controles veterinarios y prevención: un pilar clave
Durante la vejez, las consultas veterinarias deberían ser más frecuentes. Se recomienda realizar controles generales al menos cada seis meses, con análisis de sangre, orina y chequeos odontológicos. La detección temprana permite ajustar tratamientos y mejorar el pronóstico.
La salud bucal y la visión cobran especial relevancia: infecciones en encías o dientes pueden afectar órganos vitales, mientras que en los ojos pueden desarrollarse cataratas u otras patologías. Mantener al día la vacunación y la desparasitación sigue siendo fundamental, incluso en mascotas que ya no salen tanto de casa.
Alimentación adecuada para mascotas senior
La nutrición es uno de los grandes ejes del cuidado geriátrico. En esta etapa, perros y gatos necesitan dietas con menor aporte calórico, pero ricas en proteínas de calidad, antioxidantes y ácidos grasos que ayuden a proteger las articulaciones y el sistema inmunológico.
No todos los alimentos rotulados como “senior” son iguales. La dieta debe adaptarse al estado de salud de cada animal y, en casos de enfermedades renales, cardíacas o diabetes, el veterinario puede indicar alimentos terapéuticos específicos. También es clave controlar el peso, ya que el sobrepeso agrava problemas articulares y cardiovasculares.
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Movimiento, entorno y bienestar emocional
Aunque la energía disminuya, el ejercicio moderado sigue siendo necesario. Paseos cortos y más frecuentes, juegos tranquilos y rutinas estables ayudan a conservar la movilidad y a prevenir el deterioro cognitivo. En los gatos, los juguetes interactivos y rascadores accesibles favorecen la estimulación mental.
La adaptación del entorno marca una gran diferencia: camas cómodas, rampas, recipientes de agua al alcance y superficies antideslizantes mejoran el día a día. A esto se suma algo esencial: el vínculo emocional. El acompañamiento, la paciencia y la atención al comportamiento reducen el estrés y refuerzan la sensación de seguridad.
Cuidar a una mascota en la vejez implica compromiso, pero también es una forma de retribuir años de compañía. Con atención médica adecuada, alimentación correcta y un entorno pensado para sus nuevas necesidades, es posible ofrecerles una etapa final digna, activa y confortable.
En base a El Tiempo/GDA



