En la vida, el hombre tiene miedo de tres cosas (cuatro, si agregas a «mamá» a la ecuación): el fracaso, el ostracismo y la muerte. De jóvenes no nos preocupamos de esas cuestiones, porque nos sentimos invencibles. «Es de goma el nene«, decía mi abuelo cada vez que llegaba con moretones y tierra a casa. La mejor época, si me lo preguntan, porque es la etapa donde tú única inquietud era no olvidarte la cartulina para el colegio y que podías comerte el mundo mientras en la casetera escuchabas rugir a Megadeth. Una combinación más que explosiva.
When you hear this album, you’re going to want to give it another listen. pic.twitter.com/2Ks5ZBAI3o
— Megadeth (@Megadeth) January 12, 2026
La primera vez que escuché a Megadeth fue en esa etapa. Oír por primera vez la icónica introducción de David Ellefson en «Peace Sells» fue toda una revelación. Y ni hablar cuando descubrí la rabiosa -y melódica- apertura de «Set the World Afire» o el vertiginoso riff de «Tornado of Souls«. No es igual, pero esa sensación sigue más que latente en el último álbum de Dave Mustaine y compañía. Una «última noche», como diría él.
«Megadeth» (2026), más que una despedida, es un repaso por toda la carrera de Mustaine y el significado de la banda misma. Es su vida en 14 canciones de pura adrenalina y confidencia. El álbum comienza con «Tipping Point», una introducción furiosa que sirve como manifiesto de «por qué» el grupo de California es uno de los precursores del thrash metal.
«I Don’t care» es toda una cachetada a la normalidad y cómo se debe vivir la vida. No sólo es un mimo al pasado punk de Megadeth escuchado en los icónicos covers de «Anarchy in the U.K.», «Problems», «Foreign Policy» y «Police Truck», sino que es una demostración más de que Mustaine vivió -y lo sigue haciendo- la vida al máximo y sin limitaciones, sin importar lo que diga el resto.
El punto reflexivo llega con «Hey God!?». Sus riffs pesados muestran el hombre al desnudo. Uno que tiene miedo de morir y pide audiencia con el «Barbas» para buscar confesión y consuelo divino, antes de irse definitivamente: Hey, God / That’s all I really got for now / I thought that we’d have more to say / Please, let me know you’re there somehow. Y, siendo honestos, no lo culpo. Es humano, de hecho. Cualquiera estaría viendo su vida pasar al instante cuando el médico te dice «pibe, tenés cáncer».
Pero, más allá de las introspecciones, el punto alto acá es la musicalidad. La inclusión de Teemu Mäntysaari fue más que atinada. Si bien es la primera y única aparición del finlandés con Megadeth, canciones como el épico duelo de «Let There Be Shred» o «Made To Kill» demuestran la buena química que tiene con Dave Mustaine, mientras hace alarde de un control y precisión brutal al volar por el diapasón de la guitarra.
A mitad del disco, Megadeth baja los decibeles -un poco- para volverse más técnicos con letras anti-sistemas y de conspiración mundial. Canciones como «Puppet Parade», » Another Bad Day», «Obey The Call» e «I Am War» se sienten como una máquina del tiempo ya que, entre coros y riffs, te transportan a las etapas de «Countdown To Extinction» , Youthanasia» o «United Abominations» donde la narrativa bélica y distópica choca majestuosamente con un sinfín de solos.
Pero, como venimos diciendo desde el principio, «Megadeth» (2026) es más que un álbum. Es la declaración final de un hombre al mundo. Uno que quiera desahogarse y contar todo lo que ha vivido durante -casi- 70 años de existencia. De forma autobiográfica, «The Last Note» llega como un golpe de realidad y nostalgia para los fans ya que, a medida que avanza, uno puede escuchar su legado en cada estrofa, mientras los riffs te envuelven en un abrazo melancólico cuando caes en cuenta que, efectivamente, esta es la última canción de Dave Mustaine.
Sin embargo, todo final tiene su génesis. Para Dave Mustaine, el verdadero viaje comenzó con Metallica. Si bien la primera parada del trayecto término abruptamente, a pesar de los roces, es imposible el irse por la puerta grande sin decirle «adiós» a los que consideraste tus rivales en vida.
«Honor a quien honor merece», dirían los más sabios. Palabras más, palabras menos, ese es el sentido central de «Ride The Lightning». Un cover que no busca reinventar la rueda, sino de mostrar otra versión de un clásico del thrash metal y darnos una idea de «cómo habría sido Metallica» con Mustaine en la ecuación. Si bien podría haber salido de un capítulo de «What If…?», la canción es todo un cierre poético si se tiene en cuenta que, una de sus últimas contribuciones con James Hetfield, Lars Ulrich y Cliff Burton, también sirvió como «punto final» para el acto que es Megadeth.
De nuevo, para los fans más acérrimos, este no es un álbum de la talla de «Peace Sells… but Who’s Buying?», «Rust in Peace» o «Countdown to Extinction» . No, claro que no. Además de ser una gran introducción para los nuevos a Megadeth y el thrash metal, es todo un repaso por la esencia de una banda con más de 40 años de historia y un hombre que sabe que su cuerpo está comenzado a decir «basta».
Pero este hombre no es uno más del montón. Es Dave Mustaine, una persona que vivió su vida al máximo y quiere retirarse de la mejor forma posible: reconociendo el pasado, agradeciendo el presente y haciendo el mayor ruido posible hasta el final de sus días. «I came, I ruled, now I disappear», cerró el ‘colorado’ al mejor estilo de Julio César.
Rating: 8/10

