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Teresa Torralva, neurocientífica: «Cada vez es más difícil que los adolescentes puedan independizarse y decidir salir del nicho del hogar»

La adolescencia vista como una oportunidad. Así la presenta la neurocientífica Teresa Torralva, psicóloga, doctora en Medicina, investigadora y presidenta y directora ejecutiva de la Fundación INECO. “Es una etapa luminosa”, asegura la especialista y desmenuza cada una de las partes que la componen, desde la mirada de las neurociencias, donde el cerebro es protagonista.

“La adolescencia es un momento tremendamente plástico. Así como en los primeros años de vida el cerebro es muy plástico en los niños, en la adolescencia vuelve a darse este nuevo periodo de plasticidad del desarrollo”, dice a Clarín la autora de Adolescencia. Una mirada desde la neurociencia (Paidós).

Así, explica que “entre los 13 y los 18 años vuelve a darse este fenómeno, que se da dos veces en la vida, y después nunca más. En la adolescencia aparece una nueva plasticidad del desarrollo, nuevas conexiones neuronales y la poda neuronal: todo lo que no se usa se pierde, y eso le da eficacia al cerebro, porque las neuronas que se usan se vuelven más eficientes”.

Conocer las características de esta etapa, menciona la neurocientífica, es fundamental para padres, madres, educadores, profesionales de la salud y adultos en general, ya que se trata de “un periodo tremendo de oportunidades para ofrecerles a los adolescentes”.

“Es una obligación como sociedad ofrecerles los mejores estímulos posibles, porque se van a generar redes neuronales que se van a mantener durante toda la vida y se va a perder todo aquello que no se use; y esa poda es una poda real, es decir, disminuye la cantidad de sustancia gris y no es que lo que no se usa se queda ahí como en pausa: se pierde”.

La influencia de los padres, los vínculos seguros y los efectos de la marihuana en el cerebro adolescente

“Es una obligación como sociedad ofrecer a los adolescentes los mejores estímulos posibles

– ¿Cómo se puede definir a la adolescencia desde las neurociencias?

– Es una etapa que comienza alrededor de los 12 años y termina alrededor de los 25. Inicia con cambios corporales y puberales, tanto en niños y en niñas, con diferentes características y cada vez más tempranamente. Suceden un montón de cambios cognitivos, emocionales y sociales, donde se va desarrollando la identidad de las personas, de estos niños adolescentes convirtiéndose en adultos. Termina cuando la persona ya es capaz de ser independiente, de trabajar por sus propios medios, de formar su propia familia o su propio plan de vida.

Y esto hace que hoy en día este periodo sea cada vez más largo, arrancando cada vez más tempranamente por diversos motivos (entre ellos, motivos que tienen que ver con el impacto de los nuevos conocimientos y las nuevas tecnologías en el cerebro de los niños).

También hay cambios a nivel hormonal que se van adelantando por diversos motivos y, por otro lado, se va alargando su fin, porque cada vez es más complejo en el mundo entero el hecho de que los adolescentes o jóvenes puedan independizarse y decidir salir del nicho del hogar hacia nuevos horizontes.

Por la necesidad de mayor especialización educativa, cada vez tienen que estudiar más y más profundamente para poder lograr insertarse en el mundo laboral. O sea, son diversos los motivos por lo cuales esta brecha se ha hecho cada vez más larga.

– ¿Considerás que falta conocimiento sobre esta etapa por parte de los adultos, ya sean educadores, especialistas de la salud, padres o madres?

– Una de las razones por las cuales me parecía importante sumar el conocimiento de los cambios biológicos y/o cerebrales es que creo que todos vamos aprendiendo rápido. Esta mirada más desde las neurociencias, desde cómo amigarnos a unir lo psicológico y lo biológico en el contexto de lo neurocientífico explica mucho de lo que sucede en las conductas y en los pensamientos adolescentes.

Entonces, más allá de esa mirada típica del entendimiento psicológico, el desarrollo de la propia identidad, la relación con los pares, la relación con los padres, todo eso se puede de mirar desde un punto de vista más psicológico, pero si le incorporamos el cerebro, ahí es donde la neurociencia tiene mucho para decir: no para justificar o permitir todo basados en la premisa de que es un cerebro inmaduro, sino para entender, guiar y modelar, que es parte de lo que nos corresponde como adultos.

Teresa Torralva:

– Respecto a las que se consideran conductas típicas de esta etapa, como cambios de ánimo, aislamiento o cuestiones con la autoestima, ¿cómo detectar si son señales de estrés en un adolescente?

– El conocimiento nos da esa herramienta. Es decir, ¿qué es esperable y qué es lo que excede lo esperable, por lo cual merece una consulta? Y ahí siempre hablo en primera persona, porque también pasé por esa, aún siendo especialista de la salud mental, preguntándome si las conductas de mis hijos adolescentes eran o no esperables.

Me he preguntado como profesional si lo que les estaba sucediendo a mis pacientes era o no era esperable para su momento evolutivo y creo que hay algunas palabras clave para todo profesional, padre o educador.

Las primera clave es la durabilidad de esa conducta. En general, lo esperable es que los adolescentes fluctúen en la conducta.

Y lo más importante es cuánto impacta, o sea, el impacto que tiene sobre la vida cotidiana de esa persona. Si esto tiene un impacto en el colegio, en lo social, no tiene ganas de ir a verse con sus amigos, no tiene ganas de levantarse y uno tiene que estar arriándolo para que se siente en la mesa con la familia, el impacto es significativo.

Cuando uno duda, definitivamente lo mejor es consultar. Aunque a veces a muchos padres -y me me incluyo- no nos dan ganas de tener una consulta con un psicólogo o un psiquiatra por estos temas de nuestros adolescentes. A veces una consulta oportuna puede darnos la tranquilidad de haber modificado el curso de algo a largo plazo, algo que podría haber sido un problema. Y, en el mejor de los casos, no es nada.

Adolescencia. Una mirada desde la neurociencia (Paidós). Foto: Paidós.

– ¿Y cómo hacer cuando se requiere la intervención de un profesional, teniendo en cuenta que durante la adolescencia quizás no es tan fácil llevarlos a esta consulta?

– No es nada fácil. Así como hay diversos adolescentes, hay diversos formatos, hay mucha individualidad en esto. Hay chicos que son más abiertos y que tienen una conversación más fácil con sus padres; entonces, acceden.

En los que son más complejos o más cerrados, empecemos por nosotros, que la consulta la haga el adulto. Vayan ambos como padres a consultar a un profesional y que él los vaya guiando. Muchas veces el cambio está en los adultos, y no tanto en los jóvenes.

– ¿Qué lugar tienen los vínculos seguros en el bienestar de estos adolescentes?

Los vínculos seguros son importantes para todos: los niños, los adolescentes, los adultos, los adultos mayores. Como muchos autores dicen, no se necesitan tantos: con que haya dos ya es suficiente. Y eso es un factor protector para cualquier trastorno de salud mental.

Es decir, tener un vínculo seguro -y este vínculo seguro puede ser un amigo aún de su propia edad, un primo, los padres, los tíos, un sacerdote, el profesor de gimnasia, su entrenador de fútbol, un docente, un preceptor- es importante. Y si esto no está sucediendo, y notamos que nuestro nuestro hijo no tiene una persona en quien confiar, es un factor de riesgo.

A veces no somos nosotros y tenemos que bajar nuestro copete y entender que no siempre podemos ser el lugar seguro para todo con nuestros hijos. Hay vínculos seguros para diferentes motivos. Lo ideal es que seamos los padres, pero por supuesto esta diferencia generacional hace que no siempre sea así, es entendible y tenemos que aceptarlo.

Torralva:

– ¿Cómo transitar y aceptar este momento en donde los pares lo son todo para el adolescente y los padres y madres ocupan un lugar menos reconocido?

– Primero, es un mito que los adolescentes no reparan en lo que les dicen sus padres. El rol de la familia nunca ha sido tan importante como ahora: aunque no nos miren, no nos hablen y solamente quieran estar conectados con sus redes sociales y sus amigos (virtual o presencialmente).

Hay estudios que demuestran que esto no es así, que la familia tiene un rol protagónico y en los chicos hay una influencia muy marcada del pensamiento de los padres. Y, más que del pensamiento, de la conducta de los padres, de lo que los padres hacen, del modelo.

Ellos están mirándonos constantemente y somos modelos. Por lo cual, ahí me parece que tenemos una gran responsabilidad en el manejo de nuestra propia vida como adultos.

Y, por otro lado, los pares son fundamentales, tienen una influencia enorme en los adolescentes. Hay una hiperactivación amigdalina de áreas del cerebro vinculadas con las emociones y con el sistema de recompensa que se hiperactiva cuando están con otros, con sus pares.

Comprender todo esto nos da más herramientas para entender por qué reaccionan, por qué se sienten como se sienten, por qué uno tiene que ser más empático también a la hora de por qué sufrió tanto frente a algo.

– Con respecto a esto, justamente, desde que son niños, todos los modelos actuales nos dicen que hay que validar sus emociones, pero a la vez es común decirles “no llores” o “no es para tanto”. ¿Cuál es la forma correcta de enfrentarse a esto?

Hay que encontrar el clásico y tan difícil equilibrio. O sea, la validación, pero con un plan de acción a partir de eso: “Yo comprendo que te sientas así, quedate un rato y después volvé a la mesa”, por decirte algo.

Creo que tenemos que encontrar ese equilibrio que seguro los libros no pueden dar, pero que tiene que ver con esto, con que se entienda que uno puede validar sin exagerar, porque también la comunicación clara, directa y asertiva para los chicos es importante. Con mucha claridad, con mucho amor, con mucha empatía, pero sumando límites claros, que creo que es lo más difícil para para los padres.

Para disminuir los factores de riesgo -entre ellos, la marihuana-, hay que sumar factores protectores. Foto ilustración Shutterstock.

– ¿Cómo actúa y qué efectos produce la marihuana en el cerebro de un adolescente?

– Es un temón, porque bien sabemos lo que está pasando hoy en día con el consumo de marihuana: no sólo es cada vez más frecuente, sino que hay mitos alrededor de la marihuana, en el sentido de que a muchos chicos les gusta decir que es absolutamente natural y que, entonces, es mejor eso que otras sustancias.

Esto no es así, por supuesto que deriva de algo natural, pero no termina siendo algo positivo, sino que es tremendamente nocivo para el cerebro de los jóvenes. La marihuana actúa sobre el sistema de recompensa de nuestro cerebro y lo que hace es estimular este sistema y generar una hiperproducción de este neurotransmisor llamado dopamina.

Hay como una especie de inundación de dopamina en el cerebro y una disminución de lo que son los recaptadores. En definitiva, termina sintiendo como que no tiene dopamina y, entonces, necesita buscar mayores estímulos para poder sentir lo mismo y esto genera un circuito que es el circuito de la adicción.

El consumo sostenido, aunque sea recreativo, en el cerebro de un adolescente que está en desarrollo, un cerebro inmaduro, genera esto: de a poquito se va generando esta provocación de una aumento de la dopamina, una disminución de los recaptadores de la dopamina y una sensación de falta de motivación típica de los adolescentes que consumen marihuana, que están desmotivados, nada nada les interesa, lo único que les interesa es cuándo poder volver a fumar, lo cual desemboca en un cerebro que necesita cada vez más estímulos para sentirse mejor.

Es algo muy frecuente que está sucediendo a nivel mundial, y que tiene efectos importantes sobre el cerebro de los adolescentes, un cerebro que tiene un lóbulo frontal muy inmaduro. El lóbulo frontal es el encargado de pensar las consecuencias a largo plazo, de planificar. Por otro lado, un sistema límbico, que es el sistema de las emociones y donde se encuentra este sistema de recompensa que lo que quiere es pasarla bien. En ese contexto, hay una gran vulnerabilidad del cerebro adolescente.

– ¿Y qué se puede hacer como padres, en este contexto, con respecto al consumo de marihuana?

– Es bastante complejo. Yo creo que que lo primero que hay que tener es mucha información y tratar de compartirla con los adolescentes. Y para disminuir los factores de riesgo -entre ellos, la marihuana-, sumarles factores protectores.

Presentemos las mejores opciones: no digo que sea sencillo, pero creo que para disminuir los factores de riesgo tenemos que aumentar factores protectores, que tienen que ver con la educación, buenos vínculos, eventos sociales que sean interesantes, ejercicio físico, espiritualidad (y esto no sería religiosidad), control del sueño.

Hay un montón de factores protectores que, si uno los promueve tempranamente -cosa de que el adolescente ya llegue con todos estos patrones más instalados-, quizás esa adolescencia no sea tan traumática como los libros creen que es.

Otro mito: la gran mayoría de los adolescentes transitan este periodo con sus vaivenes esperables, pero que no son ni más ni menos potentes que lo que sucede en la niñez o en la adultez. No es de por sí un periodo tremendamente traumático. Sepamos todo esto, es un periodo espectacular donde los niños se van transformando en adultos y en seres muy únicos.

– ¿Por qué es necesario un poco de aburrimiento en la adolescencia y cómo impacta en la creatividad?, ¿hay espacio para el aburrimiento hoy?

– Creería que tienen poco espacio para eso. No puedo generalizar, pero hoy en cuanto se aburren queman ese tiempo en las redes sociales, viendo cosas; son grandes observadores. Probablemente a veces en esos huecos aprendan algo.

Sigo creyendo que es muy importante aburrirse, el cerebro necesita estar en un modo aburrimiento. Ese modo aburrimiento -que es una red cerebral que se activa cuando no hacemos nada- es necesaria para el reseteo y para que puedan presentarse nuevas ideas. Entonces, por eso es que se asocia con la creatividad.

Dormir bien también resetea el cerebro, pero estar como en las nubes un rato es lo que te da la oportunidad de que empiecen a gestarse conexiones de ideas. Tenemos que mostrarles a los chicos que eso es importante haciéndolo nosotros, porque ¿cómo vamos a decirles que eso es importante si estamos todo el tiempo ocupados y haciendo cosas? Tiene que haber un lugar de la nada: ni actividad física, ni actividad intelectual, sino simplemente dejar reposar ideas.

Redacción

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