Una compleja interacción de factores aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de estómago, según señala un nuevo estudio, cuyo objetivo fue identificar nuevas oportunidades para una prevención específica y una detección precisa.
Estos factores incluyen mutaciones genéticas y sanguíneas relacionadas con la edad, el tabaquismo y las infecciones por bacterias orales. Publicados en Cancer Discovery, los hallazgos proporcionan nueva información sobre los cambios biológicos tempranos que preceden al desarrollo del cáncer gástrico o de estómago.
Uno de los más mortales
El de estómago es el quinto cáncer más común y la cuarta causa principal de muerte por cáncer a nivel mundial.
Suele desarrollarse a lo largo de varias décadas, comenzando con una inflamación crónica del revestimiento del estómago. Esto puede progresar a metaplasia intestinal, una afección en la que las células estomacales normales se transforman gradualmente en células similares a las que se encuentran habitualmente en los intestinos.
Con el tiempo, estos cambios pueden progresar a un daño tisular más grave y en el desarrollo posterior de un cáncer.
Helicobacter pylori
Recientemente, en un artículo publicado en esta sección, se daba cuenta de la campaña lanzada por cuatro sociedades médicas con el fin de concientizar sobre Helicobacter pylori, la bacteria que puede causar desde gastritis hasta cáncer. “Se estima que la mitad de la población en Argentina y del mundo está infectada por H. pylori, aunque muchos no saben que lo están”, advertían.
Es que la infección suele adquirirse en la infancia, pero una vez que se instala, usa diferentes mecanismos para defenderse, lo que va lesionando las capas protectoras de la superficie gástrica.
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Aunque en la mayoría esa infección transcurre clínicamente en silencio durante toda la vida, en una porción considerable provoca enfermedades gastroduodenales, que incluyen desde gastritis crónica en el 100% de los infectados, úlceras y, en menor frecuencia, cáncer de estómago.
“La metaplasia intestinal gástrica que tiene H. pylori en el estómago tiene mucho más riesgo de transformarse en cáncer; hay una relación directa. Prácticamente se dice que si no hay H. pylori no hay cáncer gástrico”, dice a Clarín Fabio Nachman, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Fundación Favaloro y ex presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE), quien no participó del estudio.
A pesar de que esta información es muy relevante, lo cierto es que los médicos tienen una capacidad limitada para predecir qué individuos con metaplasia intestinal tienen mayor probabilidad de desarrollar cáncer gástrico, plantea el trabajo.
Para abordar esta brecha, se realizaron estudios bajo el Consorcio de Cáncer Gástrico de Singapur (SGCC), un programa nacional de investigación multidisciplinario que comprende médicos clínicos y científicos de varios centros médicos académicos, universidades e institutos de investigación que trabajan en la investigación y el manejo de este cáncer.
El equipo del SGCC -junto con médicos clínicos de SingHealth, NHG Health, Hong Kong, Japón, Corea del Sur, Taiwán y EEUU-, analizó más de 1500 muestras de metaplasia intestinal recolectadas en seis países. Este gran conjunto de datos geográficamente diverso permitió al equipo comparar los cambios genéticos en poblaciones con diferentes niveles de riesgo de cáncer gástrico.
Mediante análisis genéticos avanzados, identificaron 47 genes significativamente mutados en células de metaplasia intestinal. Las mutaciones en un gen en particular, ARID1A, se asociaron con un mayor riesgo de cáncer gástrico, y un peor pronóstico.
El equipo también descubrió un patrón distintivo de daño en el ADN ausente en el tejido estomacal sano, pero comúnmente presente en la metaplasia intestinal. Se denomina SBS17 y está vinculado al estrés oxidativo, un tipo de daño celular causado por moléculas reactivas generadas por un metabolismo anormal.
Tabaco, envejecimiento y mutaciones
Este daño puede agravarse por la exposición al tabaco. El hallazgo sugiere que el estrés oxidativo podría desempeñar un papel crucial en las primeras etapas del desarrollo del cáncer gástrico.
En otro orden, también señalan que el pirvinio, un fármaco utilizado actualmente para tratar parásitos, tenía la capacidad de inhibir el crecimiento de las células de metaplasia intestinal. A partir de este hallazgo, se están planificando estudios clínicos para explorar estrategias terapéuticas para la metaplasia intestinal.
Inesperadamente, según analizan, el equipo también descubrió que la hematopoyesis clonal, un proceso en el que las células madre sanguíneas adquieren mutaciones y se multiplican, también se asociaba con una mayor susceptibilidad al cáncer gástrico.
Dado que la hematopoyesis clonal se presenta en personas mayores, estos hallazgos explican por qué el cáncer gástrico suele diagnosticarse en pacientes en etapas posteriores de la vida.
Análisis posteriores revelaron que las personas con hematopoyesis clonal también presentaban niveles más altos de bacterias orales, como Streptococcus, en el estómago.
En conjunto, el doble impacto del debilitamiento inmunitario causado por la hematopoyesis clonal, junto con el aumento de los niveles bacterianos, puede agravar la inflamación crónica y acelerar la progresión al cáncer gástrico.
Un asesino silencioso
“El cáncer gástrico suele denominarse un asesino silencioso porque se instala silenciosamente, mucho antes de que aparezcan los síntomas. Nuestro estudio demuestra que el riesgo no proviene de un solo lugar, sino que se acumula a lo largo de los años mediante una compleja interacción entre el envejecimiento, los cambios genéticos, los cambios inmunitarios e incluso las bacterias que portamos”, dice Patrick Tan , decano de la Facultad de Medicina de Duke-NUS y autor principal del estudio.

En tanto, Yeoh Khay Guan, director ejecutivo de NUHS y coautor principal del estudio, señala que estos hallazgos abren la puerta a la exploración de tratamientos nuevos y más eficaces, como la eliminación de bacterias específicas y terapias para inhibir o potencialmente revertir la metaplasia intestinal.
“Estos hallazgos también proporcionan información sobre qué pacientes con metaplasia intestinal tienen mayor riesgo de desarrollar cáncer gástrico. Estos pueden servir como biomarcadores valiosos para identificar a los más vulnerables mucho antes de que la enfermedad se manifieste, lo que orientará un cribado más específico para identificar a quienes requieren un seguimiento más estrecho”, cierra.
Debilidades
“Falta mucho trabajo y eso lo aclaran: hay mucha diversidad geográfica, son grupos chicos, y tiene un diseño observacional, no hay intervención y las asociaciones son correlativas: no prueban causalidad”, analiza Nachman, al ser consultado sobre este estudio.
Además, señala, «tanto H. pylori, como la dieta y el alcohol no están completamente ajustados”, reflexiona.
Sin embargo, admite que «es un trabajo interesante» que probablemente ayude a abrir nuevas líneas de investigación.
Ir a buscarla: grupos de riesgo
«En Argentina, lamentablemente todavía seguimos pensando que la bacteria H. pylori es normal en nuestro estómago. Y no está bien: no es parte de la microbiota normal”, enfatizaba a Clarín Oscar Laudanno, jefe del Departamento de Gastroenterología del Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari (UBA) y ex presidente de SAGE.
El diagnóstico es sencillo y accesible mediante estudios no invasivos como el test del aliento, antígenos en materia fecal o a través de las biopsias obtenidas durante una endoscopia digestiva alta.
“Hay que plantearse la posibilidad que en el momento de hacer la colonoscopia para prevenir el cáncer de colon, hacerles a esas personas en mayor riesgo una endoscopia para ver cómo está su estómago. Y, si hay Helicobacter, tratarlo», decía Laudanno.
En ausencia de una política de tamizaje específica, se debe apuntar a los grupos de riesgo, como
- Quienes provengan de «áreas geográficas calientes» de cáncer de estómago: asiáticos, latinoamericanos (sobre todo de Perú, Colombia y Chile), Europa del Este y Portugal.
- También, varones a partir de los 50 años, sobre todo fumadores o ex fumadores.
- Los antecedentes familiares también pesan.
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