Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello
El corazón antiguo de Lecce guarda historias que se deslizan entre los muros con la misma naturalidad con la que la caliza absorbe el paso del tiempo. En ese entramado de callejuelas que parecen diseñadas para confundir al viajero y seducir al observador atento, se levanta una residencia que ha atravesado más de cinco siglos con la serenidad de lo que conoce su propio destino. Sus orígenes se remontan al siglo XV, cuando la familia Marescallo, o Maresgallo, la erigió como símbolo de presencia y linaje. En aquellos años vivía allí Rauccio Maresgallo, figura tan ligada a la ciudad que incluso el bosque de Lecce adoptó su nombre. Poco antes de 1565, Giacomo Marescallo decidió transformar la casa y convocó al arquitecto Gian Giacomo dell’Acaya, quien concibió un portal inspirado en las “Portae Rusticae” del tratado de Serlio, un gesto que aún hoy conserva una fuerza casi ceremonial.
Los siglos dejaron huellas, añadieron capas, borraron otras. La casa conoció intervenciones de maestros como lo Zimbalo y el Larducci, que enriquecieron su lenguaje arquitectónico con detalles que dialogan con la tradición barroca sin perder la sobriedad original. El tiempo avanzó, y con él llegaron momentos en los que la estructura pareció retirarse hacia un silencio profundo. Ventanas tapiadas, pisos vencidos, muros oscurecidos. La belleza permaneció, aunque oculta bajo el peso de los años.
Todo cambió cuando Miriam de Rienzo y Lionel Gazzola cruzaron por primera vez el umbral. La escena que encontraron mezclaba desolación y promesa. Lionel, con una trayectoria dedicada a la recuperación de edificios históricos, comprendió que aquel lugar exigía una escucha minuciosa. Cada pared contenía un mensaje, cada grieta revelaba un episodio, cada pigmento guardaba un fragmento de memoria. Miriam, con su sensibilidad de coleccionista, percibió que el palacio podía renacer como un espacio donde arte, diseño y hospitalidad se entrelazaran en una experiencia única. La pareja decidió emprender una restauración que buscaba permitir que el edificio revelara su propia voz.
El proceso se extendió durante dos años. Los artesanos locales, herederos de técnicas transmitidas de generación en generación, trabajaron con una precisión que roza lo ritual. La piedra recuperó su textura original, los estucos volvieron a respirar, las bóvedas se limpiaron con una delicadeza que permitió que los frescos emergieran sin perder su carácter. Algunas habitaciones requirieron intervenciones complejas, como la incorporación de una estructura de madera para redefinir un volumen. Cada decisión se tomó con una atención absoluta al espíritu del lugar.
Un universo donde cada detalle construye un mundo
El acceso al palacio se abre a un patio que actúa como un umbral sensorial. La luz se filtra entre las paredes antiguas y revela un jardín escondido, un espacio íntimo donde una piscina rodeada de vegetación salentina crea un refugio inesperado. Este primer encuentro prepara al visitante para lo que vendrá: una sucesión de ambientes que combinan la memoria del siglo XVI con una visión contemporánea de la belleza.
El piano nobile despliega una serie de salones que parecen diseñados para la conversación, la contemplación y el descubrimiento. Las obras de arte conviven con muebles seleccionados con un criterio que privilegia la armonía antes que la ostentación. Las creaciones de artistas locales e internacionales se integran con piezas vintage y objetos de diseño que aportan carácter sin interrumpir el diálogo con la arquitectura histórica. Cada sala posee una identidad propia, una atmósfera que invita a detenerse.
Las suites, concebidas como refugios de calma, combinan la elegancia del pasado con el confort contemporáneo. Algunas se abren a terrazas privadas, otras conservan rincones donde la luz se posa con una suavidad que transforma el espacio en un escenario íntimo. Los materiales varían según la habitación: terrazzo veneciano, mármoles oscuros, maderas cálidas. Cada detalle fue elegido con una intención precisa, desde las manijas de bronce diseñadas especialmente hasta los papeles trompe l’oeil que amplifican perspectivas.
El mural de Roberto Ruspoli, “Il Sole Anche di Notte”, recibe a los visitantes en el ingreso con una energía que parece expandirse por todo el edificio. Sus figuras, inspiradas en danzas arcaicas del Salento, se desplazan sobre las bóvedas como si custodiaran el espíritu del lugar. Sus cerámicas, dispersas en distintos ambientes, añaden un ritmo visual que acompaña el recorrido. Las esculturas contemporáneas, los bustos históricos, los arlequines de Maxime Vardanian y las fotografías que capturan gestos y miradas completan una colección que convierte al palacio en un museo íntimo.
El edificio se despliega en tres niveles que culminan en un ático desde el cual Lecce se revela en toda su complejidad. El Duomo se alza tan cerca que parece formar parte de la casa, mientras el Teatro Romano se abre como una ventana hacia el pasado remoto de la ciudad. La terraza, adornada con cactus y plantas mediterráneas, se convierte en un mirador privilegiado, un espacio donde el tiempo parece detenerse.
La spa, concebida con una sensibilidad que privilegia el bienestar profundo, ofrece un ambiente donde el agua, la penumbra y los materiales naturales crean una atmósfera de recogimiento. Es un espacio que invita a la introspección, un contrapunto perfecto a la riqueza visual del resto del palacio.
La intención de Miriam y Lionel nunca fue crear un hotel. Su deseo fue abrir una casa donde la experiencia estética se viviera en cada gesto. Cada objeto, cada textura, cada elección revela una dedicación absoluta. Desde las sillas revestidas en cartapesta hasta las tazas creadas por artistas, todo responde a una visión que privilegia la autenticidad y la emoción.
El resultado es un lugar que conmueve. Un espacio donde la historia se vuelve íntima, donde el arte se convierte en compañía, donde cada detalle invita a descubrir algo nuevo. Quien atraviesa ese umbral se lleva una experiencia que permanece más allá de la memoria, como un perfume que regresa sin aviso, como un destello que transforma la mirada para siempre.
Discover more from LatamNoticias
Subscribe to get the latest posts sent to your email.

