Sumaba 23 eneros cuando debutó en la tapa de GENTE (edición 119 del 2 de noviembre de 1967); 25, cuando descubrió Europa, formando parte de una nota de GENTE sobre la moda en Londres (Nº 210, del 31 de julio de1969); 26, cuando su imagen explotó en aquella portada del “Shock” que la terminó de consagrar para siempre desde GENTE, y 76, por venir más acá en el tiempo y ser caprichoso en decenas de opciones, cuando posó un vestido completamente diseñado con tapas de GENTE… Y sí podríamos seguir y seguir, desmenuzando, cumpleaños a cumpleaños, los hitos que Susana Giménez Aubert fue reflejando, claro, desde GENTE, temporada a temporada.
Hitos que ante cada aniversario de su nacimiento (acontecido el 29 de enero de 1944 en el porteñisimo barrio de Palermo) se vuelve a convertir en una fiesta de recuerdos y anécdotas atesorados en la historia de nuestra revista y, a la vez, en la mejor excusa para revivir y disfrutar. ¿Por cuáles nos decidimos en el día de la fecha? Por dos que computan en el podio, acabamos de mencionar y nos resultan en verdad inolvidables: el momento de aquel “Shock” -que a la vez llegó acompañado de su primer reportaje en GENTE (Nº 256, del 18 de junio de 1970)– y el de nuestro quincuagésimo aniversario (edición 2526 del 10 de noviembre de 2015), durante el cual, sin más ni menos, se vistió completamente “de GENTE”.
SU PRIMER REPORTAJE EN GENTE: «YO ME CASÉ A LOS DIECISIETE… UNA IDIOTEZ»

«Susana Giménez está aquí para que la contemplemos en pleno shock y para que nos enteremos de opiniones, hechos, fechas y nombres de su mundo. Para leer, mirar, recordar”, adelantaba el copete de aquella semblanza-entrevista de Mario Mactas publicada en el 18 de junio de 1970, ilustrada por imágenes del no menos legendario fotógrafo Oscar Burriel, que acompañaban tres recuadros con tres poses y otros tantos textos:
“Una niña de 25 años se llama Susana Giménez. Es angelicodiabólica por definición y esencia, y tiene reminiscencias brigittebardoteanas pero con el toque indiscutible de porteño-criollo. De otra forma, una sexy nacional que puede en cualquier momento internacionalizarse.”
“Tiene Susana -aquí en pleno shock, para deleite de muchos y a pedido del fotógrafo- una hija, un divorcio, un novio, proyectos de trabajo que se acumulan en una agenda colorada y un auto que suele estacionar en cualquier parte.”
“Shock total llevado a cabo por una criatura absolutamente shocking, palabra que en argentino quiere decir todo eso que usted está pensando. «El amor empieza de una manera y termina de otra; puede caerse de golpe», filosofa Giménez. Como si el resto fuera poco, Susana piensa.”
Luego comenzaba un relato que ahora recorreremos de manera precisa y literal, para que no pierda aquella mágica impronta de la pluma (o el teclado) de Mactas…

“‘Edad: 25. Profesión: modelo (y algo así como actriz, a veces). Medidas: 85-60-85. Estado civil: separada, una hija. Esa es mi ficha.’ Prendió un cigarrillo con un óptimo encendedor británico y miró cómo el humo abrazaba la nariz gorda, colorada, de un tipo que vive sonriendo para siempre en uno de los cuadros de El Tirolés. Después comió un poco de pan como para que nadie dudara que ella también come y dejó los ojos en la ventana. Detrás de la ventana estaba la lluvia. ‘Hace un frío espantoso y tengo que hacer fotos y un comercial esta tarde’.
Estiró una de las botas. ‘Estoy de un humor horrible.’ ‘¿Por qué?’ ‘No sé. Soy así, ¿viste? Ciclotímica. De pronto la gran alegría, de pronto la mufa. Tomemos un poquito de vino. Viene bien con la lluvia.’ ‘Y con el mal humor.’ ‘Sí, claro.’ Mientras todo esto sucedía, miles de televisores, revistas, diarios, pantallas de cine, repetían su rostro, su cuerpo, sus misterios, vendiendo jabón o coñac o tornillos, enamorando sombras sin nombre y sin historia. Televisores, cines, diarios, revistas que documentan su destino de símbolo de un tiempo. Ella, con sus anteojos azules y un tenedor en la derecha, no parecía pensar en eso, quizás escudada en la sencillez de los que se conocen a fondo.
‘¿Mi hija? Feliz, normal, sin problemas. Tiene siete años. Yo me casé a los diecisiete.’ ‘¿Cómo fue eso?’ ‘¿El casamiento? Una idiotez. Me casé sin tener la más remota idea de qué cosa es la vida y sin muchas ganas. Pero estaba de novia y me casé. Nos fuimos a vivir a Montevideo, a un departamento chiquito. No, feo no. Chiquito. Yo tenía que cocinar, lavar, qué sé yo, de todo. Y hasta entonces no había hecho nada de eso. Salíamos de vez en cuando, pero cuando mi marido no estaba tenía que quedarme en casa. Era espantosamente celoso. En ningún momento sentí una auténtica alegría. En ese clima nació Mercedes, mi hija. Tenía que tener muchas ganas de vivir para nacer a pesar de la tristeza, de las peleas. La cuestión es que un buen día agarré mis valijas y a Mercedes y me fui. Claro, ya habíamos decidido separarnos.’
‘¿Qué hiciste entonces?’ ‘Me fui a Mar del Plata. Allí estaba mamá veraneando y me quedé un tiempo con ella. Ellos también estaban separados, de modo que tomaron las cosas con soda.’ ‘¿Separados desde que vos eras muy chica?’ ‘No. Se separaron después de mi casamiento, pero nunca se habían llevado bien. Esas cosas quise yo evitarle a Mercedes ‘¿De qué manera habías vivido vos los problemas de tus padres?’ ‘Mal, muy mal.’ ‘¿Y te parecía que la separación iba a solucionarlo? ¿La deseabas?’ ‘No. Hubiera preferido que se llevaran bien. Los escuchaba discutir y rezaba para que todo cambiara.’ ‘¿Seguís rezando ahora?’ ‘Es curioso, pero no. A medida que fui viviendo me hice menos creyente. Ahora sólo a veces pienso en Dios y no rezo jamás. Se va cambiando, ¿no creés? También creía antes en el amor. Creía a muerte, ¿entendés? Quiero decir en el amor para toda la vida.’ ‘¿Y ahora?’ ‘No es fácil de explicar. ¿Me servís vino?’

Fue entonces cuando Susana Giménez decidió callarse y pensar en otra cosa. Ya no llovía pero Buenos Aires estaba decididamente helada. Alba y Ana María, con sus delantales almidonadísimos, corrían entre las mesas llevando bandejas ocupadas por goulasch y salmón. ‘Hablábamos de los cambios’. ‘Y del amor.’ ‘Sí». ‘Qué sé yo. Es algo que nace y muere. Eso es y hay que tomarlo de ese modo. Se transforma en otra cosa que no tiene la belleza del principio. Tal vez tenga otra belleza, pero distinta. Se aprende con los años.’ ‘Vos no tenés demasiados’. ‘No, pero los he aprovechado al máximo. Me han servido para saber qué cosas que yo viví evitarle a Mercedes.’ ‘¿Por ejemplo?’ ‘Mirá: de los siete años a los diez estuve pupila en el Quilmes High School. Pero pupila-pupila. Cada quince días me visitaban y una vez por mes podía ir a casa. ¡Te das cuenta! Casi una prisión. La calle era toda una aventura para mí, otro mundo. Detestaba el colegio con todas mis fuerzas. Era algo insoportable. Irme de allí fue escapar a la libertad. En el San Isidro Labrador, donde fui más tarde, me sentí libre. ¿Sabés cómo se aprende a valorizar la libertad cuando se está encerrado?’
‘¿Sos absolutamente libre ahora?’ ‘Casi. Siempre hay cosas que te atan, ¿viste?’ ‘¿Qué cosas, en tu caso?’ ‘Varias. Mercedes, el trabajo. Varias. Sólo alguien bárbaramente egoísta puede ser libre del todo. Pero no me quejo. Hago lo que quiero. Trabajo en lo que quiero, me muevo como quiero. No rindo cuentas. Vivo de lo mío.’ ‘¿Ganás mucho?’ ‘Bastante. Eso me permite el lujo de ser como soy.’ ‘¿Cómo sos?’ ‘Mi definición me la guardo. Los que me conocen te dirían que soy independiente, un poco amarreta, posesiva, caprichosa. De eso tenés que creer la mitad. Lo de independiente tomalo al pie de la letra. Para mí, es el valor más importante.’ ‘¿Quiénes son los que te conocen? ¿Tus amigos?’ ‘Es difícil tener grandes amigos en este trabajo. Muy difícil. No hay tiempo.’ ‘Eso es bastante triste’. ‘Sí, claro. Pero hay cosas peores.’
‘¿Vos sos consciente de todo lo que sucede a tu alrededor?’ ‘Sí, soy consciente, aunque no me lo explico demasiado. No soy tan mona. Hay verdaderas maravillas que no tienen el mismo éxito. Debe ser algo raro, indefinible. Sé que entro en algún lugar y algo pasa. Eso lo sé muy bien. Pero todo lo demás es un enigma para mí. No creas que me rompo la cabeza tratando de averiguarlo. Es así, listo. Que lo piensen otros. Si la seducción existe, macanudo, mejor. Desde que empecé a trabajar como modelo -después de haber decir sido secretaria de papá, es decir después de no haber hecho nada y cobrar un sueldo durante bastante tiempo- noté eso que te contaba.’

‘¿Cómo fue el comienzo?’ ‘Lo de siempre. Llevé fotos a agencias de publicidad y una tarde me llamaron para hacer una película para medias Mouette. Fue muy linda. De allí en adelante trabajé casi constantemente. Claro que éste es mi año. Así parece, por lo menos. Todos los avisos se comentan mucho y venden bárbaramente. Estoy haciendo Matrimonios y algo más en televisión, terminé de filmar y tengo propuestas para volver a hacerlo dentro de poco. Las cosas se deslizaron sin dificultades. Sólo una vez tuve uno de esos episodios clásicos de lances y esas cosas. Para hacerlo más tradicional, fue un gordo bastante repulsivo. Ahí aprendí a poner cara de nena y a simular no entender una palabra. Siempre me dio resultado. ¿Ves? También se aprende a poner la cara conveniente.’
Cuando llegó el café, Susana Giménez, modelo en camino de transformarse en mito, miró su reloj y sacó una libreta cubierta de números y nombres. ‘Aquí está toda la vida de Susana Giménez en una semana y por adelantado. En ésta no hay un minuto que perder.” El excelente encendedor volvió a funcionar casi en el instante en que la lluvia volvía a sacudir las piedras de la calle Chile. Algo resultaba muy claro: si Susana Giménez no advertía totalmente su condición de símbolo sabía muy bien que en la cúspide, su lugar, los momentos deben ser bebidos a tragos largos y veloces. De ese modo tomó su café y salió a la calle abriendo el paraguas'», culminaba el primer reportaje de GENTE a la diva, ya hace más de medio siglo.
EL VESTIDO CON LAS TAPAS DE GENTE PARA NUESTRO VIGÉSIMO ANIVERSARIO: «USTEDES SON MI DIARIO PERSONAL»

La doble portada de 2015. Su siempre brillando entre estrellas. Igual que en el interior, donde lucía un vestido estampado con tapas de GENTE (abajo), diseñado por Natalia Antolín para celebrar los 50 años de Revista GENTE.

Lo dicho: fue para el aniversario número cincuenta de GENTE -consumado en la edición 2526 del 10 de noviembre de 2015-, cuando Susana volvió a nuestra portada, ahora junto a Marcelo Tinelli, Mirtha Legrand, Adrián Suar, Guillermo Vilas, Natalia Oreiro, Charly García, Valeria Mazza, Palito Ortega, Araceli González y Tini Stoessel. Entonces admitía desde la nota individual interna que recorría su trayectoria:
“GENTE es parte de mi historia, y yo de la de ella. Crecimos juntas -añadía-. No por nada tengo el honor de ser la personalidad con más tapas. Salir en su portada era un Ítem más en el currículum de cualquiera que quisiera consagrarse. Si te hacían una nota, estabas colocada, eras importante. Muchas veces me ha ayudado y otras tantas me ha jodido…», reía la diva desde aquel texto. Y continuaba:

«Sus páginas reflejan un poco de todo: mis felicidades personales, mis logros profesionales y el dolor por alguna que otra separación. Es por eso que siempre dije que esta revista es mi diario personal. Íntimo, pasional, compartido. GENTE fue y es, un importante testigo de la transformación de mi vida. Y juro que eso jamás se olvida. ¡Celebro con ustedes por otros 50 años más!», cerraba con un brindis al aire desde ese amor incondicional que hoy, en su cumpleaños 82, aún permanece latente.

Fotos: Archivo Grupo Atlántida ([email protected])
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)

