A fines de los 90, recuerdo haber leído un artículo en el prestigioso British Medical Journal sobre cirugías plásticas de reparación de himen. El paper relataba la experiencia de un grupo de ginecólogos holandeses que realizaron himenoplastias en 20 jóvenes de entre 16 y 23 años procedentes de familias musulmanas; quienes solicitaron esa cirugía en ocasión de contraer matrimonio con hombres de su mismo origen. Los autores destacaban el dilema al que se veían enfrentadas estas jovencitas, que debían permanecer fieles a sus tradiciones mientras vivían en un medio que valora escasamente la virginidad y estimula –en cambio– la exploración sexual de los adolescentes.

Si bien el valor social de la virginidad ha declinado en Occidente, esto no siempre fue así. Antiguamente, tal como los barberos oficiaban de toscos sacamuelas, había mujeres idóneas que emparchaban hímenes.
Las “terceras” (antiguas prostitutas que se encargaban de adiestrar y ubicar a las nuevas) parecen haber sido precursoras en el arte de practicar cirugías reparatorias del himen, esa membrana otrora tan valiosa. La Celestina (personaje de una obra escrita en tiempo de los Reyes Católicos) era famosa no sólo por su habilidad para arreglar encuentros “non sanctos” entre pupilas y clientes; sino por su destreza para remendar virgos. Celestina llega a jactarse de haber vendido a la misma joven como doncella siete veces, gracias a las bondades de su arte.
Dos siglos más tarde, la alcahueta reparadora de virgos vuelve a aparecer en “La vida del buscón llamado don Pablos”, de Francisco de Quevedo. En el siglo XX la cotización del himen intacto ya estaba muy devaluada.
Técnica quirúrgica
La técnica quirúrgica empleada en los 90 por los ginecólogos holandeses no era novedosa. Ni de ficción. En la mayoría de los casos, se realizaba una sutura circular en la entrada de la vagina y se tiraba del hilo (como para cerrar una bolsita), reduciendo el diámetro del orificio vaginal y “fabricando” un repliegue que funcionaba como un nuevo himen.
La intervención era rápida y sencilla, se realizaba con anestesia local y no requería internación. La evaluación al cabo de tres semanas permitía registrar un 100% de éxitos. Los autores planteaban, no obstante, la dificultad de asegurar la ausencia de secuelas psicológicas a largo plazo en estas jóvenes que –empujadas por un tabú cultural– se veían obligadas a cimentar su matrimonio en una mentira.
A pesar del tiempo transcurrido, en algunos países esta práctica va en aumento. Un artículo del año pasado en otra publicación científica (Aesthetic Surgery Journal) presenta un análisis retrospectivo durante 7 años en Estambul.
Las pacientes sometidas a reconstrucción quirúrgica del himen en ese período fueron más de cinco mil. Sus edades oscilaban entre 14 y 49 años. El grupo predominante se encontraba entre los 19 y los 32 años. Nuevamente, como en los 90, el artículo destaca los factores socioculturales que llevan a las mujeres a someterse a esta práctica y las tensiones éticas que plantea su realización.

Enrique Jardiel Poncela (humorista español, 1901–1952) –en un artículo titulado “Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?”– declara estar más dispuesto a creer en las resurrecciones y milagros del santoral que en el hecho de que Santa Úrsula pudiera reclutar, con fines piadosos, once mil doncellas; cuando a él, en Madrid, le resultaba tan difícil encontrar una sola.
Virginidad muy valorada
Sin embargo, ya entrado el siglo XXI, la virginidad sigue siendo muy valorada en otras culturas. El Corán (libro sagrado de los musulmanes) establece que la novia debe ser virgen. Como prueba, se le exige la sábana manchada de sangre en la noche de bodas. Si no ha llegado “intacta” al matrimonio, el marido la repudiará y su familia deberá vengar la afrenta con la muerte del desafortunado amante.
La reconstrucción quirúrgica del himen es ilegal en la mayoría de los países árabes. Sin embargo, en forma extraoficial, los ginecólogos de esos países reconocen que es una práctica que realizan ¡cuatro o cinco veces por semana!… En Egipto, las estadísticas demuestran que estas cirugías han reducido en un 80% los asesinatos “expiatorios”.
Felizmente, en nuestro país ya hace mucho tiempo que las mujeres podemos llegar desfloradas al matrimonio sin desencadenar ninguna tragedia. Sin embargo, nos atañe la comparación que realiza uno de los comentadores de aquel artículo del British Medical Journal acerca de la semejanza entre la himenoplastia de las musulmanas y las plásticas de mamas de las occidentales: ambas se realizan para cumplir con los ideales físicos de las respectivas culturas.
No somos tan libres como creemos, solamente naturalizamos otras servidumbres.

