Misterio. Incertidumbre. Nervios. Una combo de sensaciones salpica desde un dolor visceral a la numerosa familia Márquez Barreto, que se unió, se organizó y trata de palear contra la angustia y la incredulidad. Al mismo tiempo, dos «voceros» les van comunicando a la prensa las novedades en torno a la muerte de Narela Micaela Barreto (27), la bonaerense que vivía desde julio de 2024 en Estados Unidos. «Fue un homicidio, pero no sabemos más nada», repiten, convencidos, sus parientes de Banfield, donde residen.
Durante un año y medio, entre julio de 2024 y hasta el 22 de enero pasado, todas las noticias que llegaban desde Estados Unidos eran de alegría y progreso. «Siempre nos transmitía su bienestar y sus ganas de ir por más. Primero desde Miami y después desde Los Ángeles, donde eligió vivir pero no para siempre. Por supuesto que extrañaba a su familia, siempre fue una chica casera, muy cercana a sus padres y a su hermano. Nunca hubo algo de parte de Micky que nos alarmara», expresa Kiara Paz (23), prima hermana de «Micky», como llama a Narela.
Kiara, estudiante de Letras, es una de las intermediarias de la familia. Se muestra fuerte, entera, lúcida y reconoce buscar fuerzas de donde no encuentra para hacerles frente a cámaras y grabadores periodísticos. «Ese viernes 23, ella habló con su mamá, era una charla de rutina, como hacía todos los días. Fue algo breve porque estaba por entrar a trabajar. Pero fue todo normal, a Narela se la escuchó bien, como de costumbre. Nada hacía prever este final».
Cuenta Kiara que en estos días hizo «un curso acelerado» de cómo es Los Ángeles y sus calles agitadas, bastante alejadas de Hollywood: «Vimos imágenes con gente muy dada vuelta, tirada, mucho fisura… Hasta dónde sabemos a Nare la encontraron en la calle, a cinco cuadras de su casa, en una zona céntrica. No estaba en un baldío, ni escondida en algún matorral, estaba en una esquina y la encontró un peatón, que llamó a la policía. ¿Cómo la encontraron? Inconsciente, sin papeles que la identificaran y sin su teléfono. Para las autoridades era una NN».

Ante la consulta de qué pudo haberle pasado, la familia conjetura, elabora hipótesis, pero no llega a tener certezas, ya que no hay testigos presenciales de los últimos instantes de la vida de Narela. «Estamos esperando la autopsia, que empezó a realizarse al mediodía de este viernes, pero nos dijeron que tendremos una respuesta de lo que le ocurrió recién la semana que viene», estima la joven, luego de tener las últimas novedades de Marcelo Barreto, quien se encuentra en Estados Unidos.
El miércoles a la noche el padre de la víctima llegó a Los Ángeles solo, después de que un grupo de amigos hiciera una vaca para conseguir pagar el pasaje de avión y «tener unos mangos para zafar unos días». Entre los devaneos, la familia quiere inclinarse por la hipótesis de que Narela se topó con «algún fisura que la haya sorprendido y atacado». De alguna manera podría ser una tragedia del destino, ante la otra alternativa, esa que atemoriza: «Que haya sido buscada y asesinada de manera premeditada».
Kiara (su mamá es hermano del padre de la víctima) hace hincapié en la transparencia de su prima hermana: «Toda su vida Nare fue igual, siempre con la verdad, por eso no creemos que estuviera metida en algún mundo diferente al que ella nos describía. Hasta dónde sabemos, trabajaba de camarera en un restaurante, le iba bien y se pudo mudar sola después de compartir un espacio con amigas. No suena nada raro».

Rumores, comentarios externos y dichos de conocidas de Narela en Estados Unidos la vincularían con «un mundillo peligroso, non-sancto» al que pudo llegar a partir de malas influencias. «No sospechamos nada de eso porque ella siempre fue transparente con nosotros y sabemos que su entorno y sus amistades también son buena gente, personas que la acompañaron desde el día que pisó suelo estadounidense. Siempre estuvieron presentes, nunca fueron malintencionadas y no creemos que la hayan llevado para un camino raro«, cuenta.
«Sabemos que hay especulaciones -prosigue Kiara-, pero nosotros respondemos a los que nos contaba Nare, en quien creemos ciento por ciento y fue nuestra fuente oficial. Sus inquietudes siempre las expresó y las consultó con sus seres queridos, por eso estábamos tranquilos de que si sentía que algo estaba mal, nos lo iba a comunicar. Nare era una persona sumamente amorosa y atenta con el otro, pero no era omnipotente, también se dejaba ayudar cuando se encontraba en situaciones tristes. Ese es un don que no todos tienen».
Desde el jueves, cuando se conoció la noticia de su muerte, la familia hizo pública la necesidad de una colecta para repatriar los restos de Narela, que recién sucedería la semana que viene. Primero se habló de un monto de alrededor de 50 mil dólares, pero este viernes el Consulado Argentino de Los Angeles rectificó la noticia y corrigió la cifra: se necesitan unos 20 mil dólares. La mamá de Narela, recepcionista y el papá, fletero, no pueden afrontar tamaños gastos.
«Como necesitamos apelar a la solidaridad de la gente, creamos una cuenta que se llama ‘FamiliaNarela’, que está a nombre sólo de Marcelo Barreto, que es el papá. Es el único lugar donde recibimos la ayuda y queremos dejarlo claro porque nunca faltan los vivos que ponen otras cuentas para estafar a la gente. Hasta las 6 de la tarde del viernes la plata recolectada llegaba a los 15.568.252 pesos (unos diez mil dólares). Es un montón, estamos a fin de mes, nos falta la mitad, pero queremos aprovechar la oportunidad de agradecerles infinitamente a los argentinos», cierra.
AA

