Cuando en 1954 la United Fruit Company persuadió al entonces presidente de EE.UU., Dwight D Eisenhower, para que derrocara al presidente de Guatemala, Jacobo Arenz, elegido democráticamente, el hecho repercutió en América Latina por décadas.
Ahora, expertos buscan las raíces de la llamada doctrina “Donroe” que el actual presidente estadounidense, Donald Trump, aplicó en la captura del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, en aquella operación liderada por la Agencia de Inteligencia de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés) y propulsada por una multinacional que hizo su dinero a partir de la venta de bananos.
“Esa compañía era tan poderosa en Guatemala y en los países vecinos que fue llamada ‘El pulpo’, porque tenía tentáculos en todas partes”, le dice a la BBC Grace Livingstone, experta de la Universidad de Cambridge.
Aunque era una empresa estadounidense, la United Fruit Company no tenía lazos oficiales con la administración Eisenhower. Pero cuando Arbenz propuso la expropiación y la redistribución de la tierra en los grandes terrenos de las plantaciones de banano para aliviar la pobreza crónica que vivía su país, la United Fruit Company buscó el apoyo del gobierno jugando la carta de la Guerra Fría y mostrando a Guatemala como un país vulnerable a la influencia soviética.
“Arbenz iba a darles una compensación generosa -más del doble de lo que la United Fruit Company había pagado por esas tierras- pero ellos no estaban contentos con el monto”, explica Livingstone.
Pero más allá de lo que Arbenz había sostenido en 1950 cuando asumió el poder – que iba a transformar a Guatemala de una sociedad feudal en una economía capitalista-, Eisenhower aceptó intervenir.
La justificación de Eisenhower fue la llamada doctrina Monroe. A principios del siglo XIX, el que fuera el quinto presidente de EE.UU., James Monroe, hizo una declaración que señalaba que el hemisferio Occidental debía estar libre de la influencia de poderes europeos, una idea que se convirtió en un arma defensiva para mantener a raya a los países de aquellos temas que EE.UU. considera sus asuntos regionales.
Pero en 1904, otro presidente de EE.UU., Theodore Roosevelt, actualizó esta política para hacerla “una justificación explícita de la intervención militar de EE.UU. en la región”, aclara Livingstone.
Y anota que la ahora llamada Doctrina “Donroe”, un juego de palabras entre Monroe y el nombre de pila del presidente Trump, también se apoya explícitamente en este mensaje para justificar el ruido de sables sobre Venezuela, Groenlandia e Irán.
“Antes de la captura de Maduro, el propio mandatario estadounidense hizo el anuncio reinstalando todas las justificaciones doctrinales de la intervención de EE.UU. en el hemisferio que hemos conocido desde siempre”, señaló el periodista Jon Lee Anderson en la revista New Yorker.
Esta “lógica de esferas” es “el corazón del enfoque de Trump sobre el orden mundial y es en parte una respuesta a su aversión prolongada hacia el globalismo, multilateralismo, la formación de alianzas y guerras eternas en países lejanos”, señala Stewart Patrick, director del programa de Orden Global e Instituciones de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.
La meta de la nueva estrategia de seguridad nacional de EE.UU., de acuerdo a lo dicho por Trump el año pasado, fue la de “proteger el comercio, el territorio y los recursos que son el corazón de nuestra seguridad nacional”.
Desde entonces, el mandatario ha enfatizado que el “dominio estadounidense” es la clave – y la presión militar, ideológica y psicológica será aplicada para proteger los intereses de EE.UU.
En Venezuela e Irán esos intereses están vinculados al petróleo, explica Anderson, y la amenaza de que China lo pueda tomar primero.
Groenlandia también posee recursos importantes que Trump quiere antes de que los adquieran los adversarios de Washington.
Tácticas centenarias
En Guatemala fue otro asunto: ideología. La Guerra Fría con Rusia y bananas. Pero así como ocurre con la justificación, las tácticas permanecen las mismas.
“De forma similar a lo que vimos en Venezuela recientemente, hubo un entramado militar alrededor de Guatemala”, señala Livingstone.
“Einsenhower anunció que estaba enviando dos submarinos al sur y también envió bombarderos a Nicaragua, que comenzaron a interceptar barcos en el mar cerca de Guatemala. Cosas que vimos en Venezuela”.
La CIA lanzó panfletos en Guatemala con la amenaza de una invasión, usando dibujos para alcanzar a una población que en ese momento tenía un alto porcentaje de analfabetismo.
Estableció una cadena de radio que priorizaba su transmisión desde el interior del país, aunque, según los expertos, muchas de las señales provenían del exterior.
“En la emisora de radio de la CIA, afirmaron que miles de personas se estaban uniendo a las fuerzas mercenarias”, apunta Livingstone. “Pero cuando cruzaron la frontera, no hubo un levantamiento espontáneo”.
“La CIA, que apoyaba esta supuesta invasión, comenzó a bombardear puntos estratégicos en Guatemala y en la propia capital. Incluso lanzó una bomba de humo masiva contra cuarteles militares y reprodujo en la radio el sonido de los bombardeos. Esto tenía como objetivo desmoralizar a la población y al ejército”, añade.
A su vez, la cúpula militar, creyendo que no podría derrotar a los invasores, instó y finalmente convenció a Arbenz para que dimitiera.
En pleno siglo XXI, Groenlandia – y, por extensión, Dinamarca-recibió amenazas directas de Trump en redes sociales, incluyendo planes para anexar el territorio e imponer sanciones económicas ante cualquier resistencia.
Mientras tanto, en Irán, la presión psicológica se intensificó, con amenazas de fuertes acciones militares para forzar la obediencia, infundir miedo y proteger los intereses estadounidenses. “Un ejército enorme se dirige a Irán”, publicó Trump en redes sociales.
“Al igual que Venezuela, está listo, dispuesto y es capaz de cumplir rápidamente su misión, con rapidez y violencia, si es necesario”.
En aquella operación de los años 50, unas semanas después de la renuncia, Arbenz se vio obligado a exiliarse.
“En el aeropuerto, el nuevo régimen lo obligó a desnudarse y registraron hasta su ropa interior frente a una multitud que lo abucheaba, y luego lo subieron a un avión”, afirma Livingstone.
Más de 70 años después, Maduro se vio obligado a viajar a Nueva York tras ser capturado por las fuerzas estadounidenses.
“Primero vimos las imágenes del bombardeo de Caracas”, dice Anderson. “Y lo siguiente que vimos fue a Maduro encadenado, flanqueado por militares y humillado. Esto forma parte de un patrón”.
Analistas como Mike Crawley, de CBC News, señalan que la estrategia de Trump hacia Groenlandia también se basa en la política visual -anuncios en redes sociales, cancelaciones de visitas de Estado e imágenes provocativas-, como un modo de afirmar su dominio y socavar la capacidad de acción de los Estados más pequeños.
Amenaza a largo plazo
El estribillo común de quienes apoyan la intervención estadounidense es que solo los dictadores y quienes muestran desprecio por la democracia o la seguridad estadounidense tienen algo que temer, pero hay varios observadores que discrepan.
“Guatemala demuestra que EE.UU. estaba dispuesto a derrocar a un gobierno elegido democráticamente y que, desde que se proclamó la Doctrina Monroe, Estados Unidos intervino en América Latina más de 80 veces”, afirma Livingstone. Y agrega: “Trump está reafirmando la doctrina en su forma más descarada”.
Sin embargo, lo que vino después de aquella intervención en Guatemala podría preocupar al presidente.
Siguieron décadas de violencia e inestabilidad, durante las cuales los gobiernos autoritarios, y luego los carteles de la droga explotaron el vacío de poder, fortaleciendo posiciones y canalizando tanto migrantes desesperados como narcóticos ilegales a través de la frontera estadounidense.
Y esto, según los observadores, representó una amenaza a largo plazo mayor para los intereses estadounidenses que las reformas agrarias o los temores a la influencia comunista utilizados para justificar las intervenciones en primer lugar.

