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Barcelona

El vendaval deja Barcelona patas arriba

A las ocho de la mañana las ramas de los árboles golpean la ventana como si fueran hijas del Demonio ¡el casco! ¿dónde está el casco? Ahí afuera los contenedores se desplazan como empujados por un espíritu maligno, los desperdicios se expanden por doquier dibujando inmundos remolinos, las bicicletas que se alquilan mediante apps ultraliberales se amontonan las unas sobre las otras…

Has de caminar dibujando un ángulo agudo, y si te das la vuelta uno obtuso. Y con los ojos achinados, poniendo cara de velocidad, rezando para que no se te caiga encima una valla y te conviertas en el objeto de una de esas noticias que desatan la estupefacción. Cualquiera que haya convivido con el Levante, la Tramontana y otros vientos que a la postre perturban a la gente sabe que no puedes fiarte del enemigo invisible. El paseo de Gràcia ofrece imágenes inauditas, como la de al lado.

Al mediodía un sol primaveral calentaba el paseo Marítim, y hasta los recién casados se acercaron

Al mediodía un sol primaveral calentaba el paseo Marítim, y hasta los recién casados se acercaronMane Espinosa

Encima las redes ya están llenas de fotos de coches sepultados, árboles descuajaringados ¡una mesa de pin pon salió volando! el azar deja en anécdotas lo que podrían haber sido muchas desgracias. Barcelona presenta de repente aires pandémicos: mucha gente teletrabajando, unos cuantos comercios cerrados, el tráfico superdespejado… “El cambio climático nos está matando –dicen tras un mostrador de la calle Tallers–. La lluvia nos arruinó la Navidad, ahora el viento… ¿y mañana…?”. Las personas sin techo tratan de asegurar sus enseres al mobiliario urbano.

La Universitat de Barcelona cerró sus puertas y despertó la curiosidad

La Universitat de Barcelona cerró sus puertas y despertó la curiosidadANA JIMENEZ

Es que, además, es jueves, y en un día laboral a la ciudadanía le resulta más fácil atender las recomendaciones de las administraciones públicas y quedarse en casa. Luego ya si les dicen que el fin de semana no pueden ir a la torre se ponen verracos y no pocos hasta denuncian que están pisoteando sus derechos fundamentales.

Por momentos algunas calles de Ciutat Vella rememoraron la pandemia

Por momentos algunas calles de Ciutat Vella rememoraron la pandemiaANA JIMENEZ

Hubo un tiempo no muy lejano en que esta ciudad hacía gala durante las cuatro estaciones de su etiqueta de urbe mediterránea y el caos se desataba más o menos una o dos veces al año, cuando caían cuatro gotas y los Ferrocarrils se colapsaban a la hora de recoger a los niños de los colegios de la parte alta. Y luego estaba la madrugada en que decían que a lo mejor nevaba cuatro copos. En realidad todo era homogéneo y previsible.

Una palmera caída en el paseo Joan de Borbó

Una palmera caída en el paseo Joan de BorbóANA JIMENEZ

De un tiempo a esta parte, sin embargo, digan lo que diga, tenemos olas de calor del averno, intensísimas lluvias torrenciales de corte amazónico, noches de frío extremo hasta ahora nunca vistas por aquí… Y a medida que estos episodios se manifiestan con mayor frecuencia las administraciones prefieren que los ciudadanos las tilden de alarmistas, exageradas y agoreras en vez de que las acusen de confiadas, imprudentes y negligentes. Al barcelonés nunca le gustaron las inclemencias, pero lleva peor la incompetencia de sus administradores.

El viento sopló con especial fuerza a primera hora de la mañana

El viento sopló con especial fuerza a primera hora de la mañanaMane Espinosa

La verdad es que al poco de que se produjeran los ataques de las ramas hijas del Demonio la ciudad empezó a recomponerse y perder aquellos aires distópicos. Un hombre ayuda a otro a levantar su moto, algunos padres llevan a sus pequeños a jugar con los columpios, la gente deportista concluye que ya sí que puede corretear un rato. El viento está ahí, pero en algunas calles ni lo notas, según sea su orientación, y encima el sol poco a poco se antoja primaveral.

Las bicis compartidas se desplomaron por toda la ciudad

Las bicis compartidas se desplomaron por toda la ciudadMane Espinosa

En la playa de Sant Sebastià se está la mar de a gusto. Una pareja de novios celebra su matrimonio en el paseo Marítim. Los turistas resuelven que no hay ningún motivo para no aprovechar la jornada. A los que se hospedan en hoteles y les advirtieron sus recepcionistas. Pero la mayor parte de los que pernoctan en apartamentos ni se enteraron. “Tampoco es para tanto”, da uno a entender.

Muchas mesas y sillas también cayeron al suelo

Muchas mesas y sillas también cayeron al suelo

Los museos están todos cerrados, pero la mayor parte de las tiendas del Portal de l’Àngel están abiertas. Tampoco escasean los bares. Algunos hasta se animan a reinstalar su terraza. Nuestra civilización resiste robusta. Además, coger un taxi resulta más sencillo que nunca. “Es que a trabajar está yendo mucha menos gente –dice un conductor–, y al ambulatorio pues es que no va nadie”.

A las once y veinte los encargados de las terrazas del paseo Joan de Borbó ya te preguntan que si quieres comer, un grupo de manteros se aposta en la plaza Catalunya, varios mimos con sobrepeso inflan globos de colores frente a la Catedral, un captador de clientes de un club ilegal de fumadores de cannabis sesea a los viandantes por la Rambla… Las industrias accesorias al turismo se reactivan rápidamente. Carteristas y traficantes también se desperezan.

Sobre las cuatro de la tarde los teléfonos se ponen otra vez a dar alaridos para comunicar que el estado de alarma quedó atrás. De todas formas las administraciones aún recomiendan quedarse en casa. Ahora los tertulianos debaten sobre si tanta prevención fue exagerada y sobretodo centralista. Afortunadamente el saldo de la jornada es mucho menos dramático que el del vendaval del 2009, cuando el Govern no atendió las advertencias de Protecció Civil y lo confió todo al sentido común de la gente. Entonces murieron siete personas, cuatro de ellas niños que estaban jugando al baseball.

Luis Benvenuty Alcalde

Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.

Redacción

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