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Ángel Sarati: «El Flaco de La Perlita «

Por Pavla Ochoa /

Cada barrio tiene sus propias historias y personajes que son  importantes para su comunidad. La Perlita tiene desde su nacimiento como barrio, el 26 de octubre de 1952, nombres de personas que hicieron crecer el rioba, en sus jóvenes 84 años Ángel Sarati, El Flaco, es unx de ellxs. 

En tiempos en que el oficio de vender diarios en su formato papel es casi una especie en extinción, por dominar el mercado los diarios en su versión digital y el constante flujo de información por redes, lxs canillitxs y diarierxs, son sobrevivientes de un tiempo en el que su tarea en los barrios era la de comunicadorxs populares.

Este es el caso de «El Flaco«. Aunque nunca vivió en el barrio, sus vecinxs lo reconocen como parte esencial de La Capital de Moreno, porque marcó huella en los corazones de esa zona de nuestro distrito. 

Para quienes somos de La Perlita sabemos que el primer diariero fue un vecino que llegó a estos pagos en 1953 «Don Paco», que hacía todo el reparto en un carro y luego tuvo su propio kiosco en la Marcos del Bueno. Años después, el Flaco y Fierro, tomaron la posta de ese reparto en la zona. 

En sus inicios solía verse a Ángel, vendiendo diarios y revistas con su bicicleta por las calles de barro y los pocos asfaltos de época que tenía el territorio en ese entonces. En lo personal, lo conocí cuando tenía 5 años. Ahí vi al «Flaco», versión década del «80», con una moto siambretta de color azul y su carro, llevar a domicilio los encargos de publicaciones.

Era simpático y práctico a la hora de hacer su tarea. Se especializaba de cada pedido y si no lo tenía movía el avispero hasta poder conseguirlo. Los días de lluvia recuerdo que se llenaba de nylon y cumplía con su tarea comunicacional y social. El Flaco, como otros canillitas, eran y son comunicadores populares. Y eso generaba que cada vecinx, lo buscara para tener la noticia fresca o la revista de historietas. Algunas de las publicaciones que más le pedían las familias eran la Billiken y Anteojito, para su pibxs. Y las  revistas de costuras y cocina para quienes aprendían a hacer cosas a falta de los actuales tutoriales de YouTube. Y obviamente de coladas, se sumaban las «Corin Tellado» y «Selecciones«. 

Empujo en mí mente los recuerdos de mí niñez y lo vuelvo a ver entrar con su moto y carro azul a mí casa de la calle México, casi enfrente de la vieja Escuela Agraria, a llevarle el encargo semanal a mí vieja Alicia. Era como una escena de una vieja película argentina centrada en un barrio. Ambxs, hablaban de las noticias o sobre publicaciones que aún no le llegaban para la venta o estaban fuera de circulación comercial. Él, las anotaba para conseguirlas y en ese instante, yo aprovechaba para husmear las revistas de historietas. Escuchaba de refilón esa charla en la que casi siempre se sumaba alguien, me hacía parte de la bulla y convencía a mí mamá que me comprará esas aventuras en cuadritos. 

Ese recorrido de entregas era por si mismo una fuente de información en ruedas, y lo más importante, es que hacía posible de que podamos hojear las revistas gratarolas según la duración de la charla barrial. 

Ese hincha de Independiente, que nació el 30 de julio de 1941, nunca dejó hacer su trabajo, no hubo tormenta que lo detuviera con el reparto del día. Siempre fue respetuoso del oficio aprendido. Ese esfuerzo que muy pocxs saben que es la tarea de ser canillita. Consiste en levantarse temprano para ir a buscar los diarios y revistas en el centro de Moreno, a las 3 o 4 de la mañana. Luego, armar los diarios, porque obviamente vienen desarmados todo en paquetes. Salir a repartir los pedidos, quedarse en el puesto hasta última hora. Regresar a su casa, cenar, dormir y volver a despertar para ir a buscar los diarios y comenzar otra jornada. Ese círculo se repitió en todos sus años de trabajo. 

Siempre me sorprendió la velocidad del armado en las manos de El Flaco o el diariero Charly (Carlos Taponeco, el de la Estación de Moreno), digno de ser parte del Libro Guinness de los récords. El esfuerzo y compromiso con su profesión hace más grande aún las figuras de estos personajes que son recordados en cada barrio de nuestro distrito.

El Flaco, con el paso del tiempo, tuvo su propio kiosco de diarios y revistas, atendido por su compañera de vida, Mercedes. En distintas puntos de la calle Marcos del Bueno, en la entrada del barrio, luego en la vereda de la histórica verdulería de Don Antonio y su último lugar sobre Paysandú. Pese a tener su propio puesto, nunca dejó de hacer el reparto en el rioba. Ya no iba con su vieja Siambretta, sino que ahora era su Zanella con un canasto adelante. Volvía al mediodía al puesto y ahí se quedaba rodeado de quienes charlaban de fútbol, política o chismes barriales.

Continuará…

Redacción

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