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El empleo textil argentino, “golpeado” por la política aperturista hacia las importaciones del Gobierno de Javier Milei

Buenos Aires – En una fábrica de ropa en Buenos Aires, decenas de trabajadores observan preocupados cómo las prendas importadas ganan terreno frente a máquinas de coser apagadas, postal de la crisis de la industria textil argentina ante las políticas de apertura comercial del gobierno de Javier Milei.

En Confecciones Seman, una fábrica de trajes y camisas, más de 100 empleados trabajan sumergidos en el sonido rítmico de las máquinas de coser. Hasta hace dos años producían más de 3 000 trajes por mes. Ahora fabrican cerca de la mitad. Desde 2023 el sector textil ha despedido a más de 18 000 trabajadores y funciona a un tercio de su capacidad, según datos de febrero de la consultora Analytica y la Federación de Industrias Textiles de Argentina (FITA).

«Todo esto te saca las ganas», dice a la AFP el dueño de Confecciones Seman, Alejandro Pernas, con 40 años de experiencia en el sector. El gobierno destaca que el ingreso masivo de importaciones -incluida la llegada al país de plataformas chinas como Shein y Temu- ha hundido los precios en beneficio de los consumidores en un país donde la indumentaria ha sido históricamente costosa.

«Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo», dijo este mes el ministro de Economía, Luis Caputo. Los industriales advierten que ante la competencia que representan las importaciones baratas deberán profundizar los recortes de personal, en un sector que emplea a más de 500 000 personas en toda su cadena de valor. Desde su llegada al poder en diciembre de 2023, Milei ha impulsado un fuerte ajuste fiscal y flexibilizado las importaciones con el objetivo de reducir la inflación y abaratar los precios; un programa que sin embargo ha derivado en una fuerte caída del consumo.

Desde entonces Pernas comenzó a importar algunos productos terminados. Busca sostener los puestos de trabajo de la fábrica, pero dice que en estas condiciones de «apertura indiscriminada» y consumo deprimido no podrá hacerlo por mucho tiempo. «Si el mercado permite que convivan los dos escenarios, producción local e importación, sería fantástico», señala, pero advierte que en cambio «hoy el mercado en Argentina no es vigoroso».

Polémica

A 1 000 kilómetros de Confecciones Seman, en la provincia de Mendoza (oeste), un local vende por peso ropa usada importada de Asia, Estados Unidos y Europa, a 15 000 pesos (10 dólares) por kilo. «La ropa está muy cara. Estuve mirando en el centro y era una locura», dice Jimena, de 34 años, mientras revisa percheros.

Las importaciones de ropa aumentaron un +97,3% el año pasado y, desde 2023, los precios han caído un -30,6%, según un informe de la consultora Analytica. Un informe de 2024 del centro de estudios Fundar indica que la ropa en Argentina es un 35% más costosa que en el resto de la región, aunque la tendencia es contraria en la indumentaria de gama baja, y hay dispersión de precios. Según Fundar, el proceso de encarecimiento se inició hace más dos décadas y entre las causas se encontraron «las crecientes barreras a la importación». Caputo ha declarado que el sector textil ha sido históricamente protegido por el Estado y en consecuencia los argentinos «han venido pagando textil y calzado dos, tres, cuatro, 10 veces lo que valen en el mundo», en un modelo que solo benefició a los empresarios del sector.

Las declaraciones de Caputo y otros funcionarios han despertado críticas por parte del sector textil, y la FITA ha afirmado en un comunicado que el problema es la «competencia fraudulenta», puesto que la producción nacional enfrenta «una elevada carga tributaria, altos costos, deficiencias logísticas y falta de financiamiento».

Preocupación

El ingeniero industrial Daniel Romani (70), gerente de taller de Confecciones Seman, dice que la gente en la fábrica está «muy angustiada y muy nerviosa». «Es lógico, porque ven que de hacer 200 prendas, se pasó a 150, a 120 y ahora estamos haciendo 100 sacos por día. Entonces el operario que tiene oficio de muchos años acá se siente preocupado. Porque ¿dónde va a ir a trabajar?». La postura del gobierno es que aquellas industrias que no puedan competir deben reconvertirse, pero Pernas tiene sus reparos. «Mi empresa se puede reconvertir, mañana puede ser importadora, pero ¿en qué se va a reconvertir la chica que coloca mangas en mi empresa hace 30 años?», pregunta el empresario.

Redacción

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