Anoche, el Movistar Arena dejó de ser un estadio para convertirse en un templo del Melodic Techno. El trío australiano RÜFÜS DU SOL desembarcó en Argentina con su gira mundial «Inhale / Exhale World Tour 2026», regalándonos una noche que fue mucho más que un concierto: fue una experiencia inmersiva que redefinió los límites entre la banda y su audiencia.
Tras agotar las localidades en tiempo récord, las 15.000 almas que colmaron el recinto confirmaron lo que ya se sospechaba: el vínculo entre el trío y el público argentino es uno de los más pasionales de su carrera global.
Un despliegue técnico de otro planeta
Lo que se pudo observar en escena fue una clase magistral de vanguardia. La puesta en escena no solo acompañó la música, sino que dictó el pulso cardíaco de la noche. Gracias a un diseño lumínico arquitectónico, ráfagas de láseres envolventes y visuales minimalistas que parecían flotar sobre el escenario, se creó una atmósfera hipnótica que diluyó las paredes del Arena.
En lo técnico, el uso del sistema de sonido L-Acoustics K Series permitió una fidelidad quirúrgica. Cada sintetizador, cada golpe de bombo y la voz etérea de Tyrone Lindqvist llegaron con una claridad asombrosa a cada rincón, logrando que un show de estadio se sintiera tan íntimo como un club de Berlín.
El viaje de Inhale a Exhale
El setlist fue un recorrido emocional perfectamente estructurado. La apertura con los acordes atmosféricos de su nuevo material marcó el concepto de la gira: una dualidad entre la tensión y la liberación. La banda alternó con maestría entre la oscuridad bailable de temas como «On My Knees» y la frescura luminosa de sus estrenos más recientes, como «Music is Better» y «Lately», que ya son coreados como clásicos instantáneos.
«Sentir la energía de Buenos Aires es como respirar por primera vez después de mucho tiempo», llegó a deslizar Lindqvist entre temas, visiblemente conmovido por la respuesta del público.
El momento de la catarsis: «Innerbloom»
Como era de esperarse, el punto de inflexión de la noche llegó con los primeros acordes de «Innerbloom». Lo que ocurrió durante esos casi diez minutos fue una catarsis colectiva. Bajo una marea de luces y miles de teléfonos encendidos, el estadio se transformó en un solo coro. No fue solo música; fue un momento de comunión donde el tiempo pareció detenerse, consolidando ese «vínculo místico» que hace que RÜFÜS sea una banda de culto en estas latitudes.
El cierre de una noche histórica
Para el final, los bises con «No Place» y un cierre explosivo dejaron a la multitud en un estado de euforia absoluta. La precisión sonora y la carga emocional demostraron por qué James, Jon y Tyrone son los referentes indiscutidos del género a nivel mundial.
RÜFÜS DU SOL no solo pasó por Buenos Aires; dejó una marca profunda en la escena electrónica local, elevando la vara de lo que un show en vivo puede llegar a ser.




