Foto: Presidencia de Cuba
El presidente cubano Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez pronunció un discurso este martes 24 de febrero de 2026 ante la Audiencia Pública Parlamentaria celebrada en el Capitolio Nacional, en el marco del cincuenta aniversario de los Órganos Locales del Poder Popular. El acto, denominado oficialmente como parte del «Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz«, reunió a representantes del sistema político cubano bajo la presidencia de Esteban Lazo Hernández, titular de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado.
La fecha elegida para la conmemoración concentra, según el mandatario, múltiples efemérides históricas: desde el reinicio de la guerra de independencia en 1895 y la entrada a La Habana del Generalísimo Máximo Gómez en 1899, hasta la promulgación de la primera Constitución socialista del continente en 1976 y la ratificación de la nueva Carta Magna en 2019.
La creación de los Órganos Locales del Poder Popular en 1976 fue presentada por Díaz-Canel como «la expresión más auténtica de la democracia socialista», derivada del pensamiento político de Fidel Castro. A lo largo de su intervención, el presidente describió esas instituciones no como un diseño meramente administrativo, sino como el mecanismo a través del cual el Estado conecta con las demandas de cada comunidad, barrio y consejo popular.
Sin embargo, el propio discurso introdujo señalamientos autocríticos sobre el funcionamiento actual de esas estructuras. Díaz-Canel mencionó explícitamente el formalismo, la improvisación y el exceso de centralización como factores que «coartan la iniciativa creadora de los individuos, los colectivos y los municipios». Sobre ese punto afirmó: «Durante demasiado tiempo hemos confundido a veces el Poder Popular con una correa de transmisión de decisiones ya tomadas.»
La postura oficial fue clara en cuanto a la autonomía municipal: «El país se salva desde lo local, desde la capacidad de cada territorio de encontrar sus propias soluciones, de fomentar sus emprendimientos, de gestionar su cultura y su economía con creatividad y sin ataduras innecesarias.»
Contexto económico y agresiones externas a Cuba como telón de fondo
Díaz-Canel situó sus declaraciones dentro de lo que calificó como un escenario nacional «complejo», marcado por dificultades económicas y condicionado por factores externos entre los que enumeró el bloqueo estadounidense, la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, las medidas coercitivas unilaterales y lo que denominó una «genocida Orden Ejecutiva» que, a su juicio, busca privar al país de suministros energéticos. No ofreció datos concretos ni cifras sobre el impacto económico de esos factores.
Junto a esas presiones externas, el presidente incluyó en su diagnóstico los «errores e insuficiencias propios», con la precisión de que solo puede transformarse «lo que antes es mirado de frente y con total honestidad.» La frase concentró una de las apelaciones centrales del discurso hacia las administraciones locales: «Servir al pueblo es gobernar de cara al pueblo, rendir cuentas con datos y con resultados, explicar cuando no se puede y rectificar cuando se ha hecho mal.»
Los delegados electos recibieron un llamado directo: «No basta con resultar electos, hay que ser elegidos todos los días en el respeto y la confianza de los compatriotas que son nuestros vecinos. Hay que estar más en la calle que detrás del buró.»
Tres mandatos: delegados, administraciones y ciudadanía
La estructura del discurso se organizó en torno a cuatro ejes conceptuales que el presidente presentó como significados del aniversario: la cercanía entre representante y representado, la participación ciudadana como motor colectivo, la honestidad en el análisis institucional, y lo que denominó «blindar la esperanza» frente a las presiones externas.
Sobre la participación, Díaz-Canel diferencia entre la concurrencia formal a eventos y el involucramiento activo: «La democracia participativa no se agota en ir a votar cuando se instalan las urnas. Se ejerce en la asamblea de rendición de cuentas, en el trabajo voluntario, en la reunión de vecinos que se organizan para cuidar la tranquilidad del barrio.»
El discurso cerró con un reconocimiento de que el sistema es una «obra inconclusa» que requiere adaptarse a fenómenos contemporáneos como el envejecimiento poblacional, la migración, y las nuevas tecnologías. En sus palabras: «Los Órganos Locales del Poder Popular tienen que ser capaces de dialogar con un país que no es el mismo de 1976, y de hacerlo sin renunciar a sus principios fundacionales.»
La última sección del discurso combinó balance con exhortación. Díaz-Canel convocó a que el quincuagésimo aniversario opere como «un punto de inflexión, no la meta«, con disposición a «cambiar todo lo que deba ser cambiado en la manera de funcionar de las instituciones». El compromiso enunciado se sintetizó en tres premisas: no perder el vínculo con la ciudadanía, asumir como propio el dolor ajeno, e insistir en resolver antes que en explicar.
El acto se realizó en el Capitolio Nacional con presencia de los cuerpos legislativos y representantes del sistema del Poder Popular a escala nacional.



