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¿Puede la inteligencia artificial escribir poesía? Un coloquio reunió a universidades locales y europeas

¿Qué tienen que ver la poesía y la inteligencia artificial? ¿De qué modo se están viendo afectados los consumos culturales y estéticos a partir de las más recientes experiencias de IA generativas? Antes de que comience el año académico, el Coloquio “Semióticas, artes e inteligencia artificial. Nuevas perspectivas para el estudio de las obras co-producidas con inteligencia artificial generativa” tomó el guante de este debate omnipresente, en un encuentro que reunió a investigadores de la Universidad Tres de Febrero, la Universidad de las Artes, y las Universidades de Liège y Lyon, junto a una holgada lista de instituciones locales y europeas de las áreas del arte, la semiótica, la crítica, la curaduría y la creación poética.

Fotografía de archivo fechada el 11 de septiembre de 2023 de una ilustración que muestra un teléfono móvil con el logotipo de Open AI y Chat GPT sobre una pantalla que muestra las letras Google Gemini, en Los Ángeles (EE.UU.).  EFE/ Etienne Laurent ARCHIVO

Con la curaduría de Gastón Cingolaini (UNA-IIEAC), Martín Acebal (IAC-Untref) y Aluminé Rosso (U Liège – Lyon 2 – ICAR), y la visita de académicos de Italia (Cristina Voto, Pierluigi Basso) y Francia (Maria Giulia Dondero, Enzo D’Armenio), el evento fue una oportunidad para reivindicar “un ejercicio de vitalidad de la universidad pública, en tiempos de colapsos presupuestarios”, en palabras de Diana Wechsler, vicerrectora de la Untref y directora de Bienalsur.

La mesa “Inteligencia artificial, curaduría y literaturas poéticas”, en particular, hizo foco en la relación de las inteligencias artificiales generativas (IAG) con las prácticas creativas: ¿se puede crear poesía con IA? Y, en todo caso, ¿tiene sentido hacerlo? El foro tuvo como disparador el libro Soy Código. Habla una inteligencia artificial (Salta el pez, 2022), traducción al español del primer libro de poesía escrito a través de IA, a partir de Chat GPT/Code-davinci-002.

María Fernanda Pinta, doctora en Historia y Teoría de las Artes (UNA/Conicet) reseñó el caso de Los campos electromagnéticos. Teoría y práctica de la escritura digital, coescrito por Jorge Carrión y Taller Estampa conjuntamente con GPT 2y3: un libro-laboratorio que se propuso la experiencia de una escritura híbrida entre lo humano y la máquina, pero que también puede leerse, siguiendo a Pinta, “como un ensayo sobre el paisaje tecnológico del presente, la convivencia con otras inteligencias no humanas y las torsiones o desvíos que el arte puede aún operar, hackeando los sistemas algorítmicos a la vez que la propia tradición del arte”.

Ejemplos de creación poética

Publicado en 2023 por el sello Caja Negra, el libro de Carrión fue uno de los primeros –y entusiastas– ejemplos de creación poética a través de las IAG. En el experimento, se busca producir extrañeza, diversidad genérica y de discursos, al hibridar escritura, creación y edición, y se enfrenta al problema de la singularidad: ¿es, en definitiva, lo singular lo que separa (y diferencia) a lo humano de la máquina?

Pero no todos es futuro. Sebastián Bianchi, poeta, docente e investigador –quien confesó no tener ejercicio ni lecturas previos sobre inteligencia artificial– propuso a mirar al pasado, presentando su serie de trabajos sobre los “juguetes textuales”: antiguas prácticas de escritura, que pueden pensarse como precursores de las IAG. Se trata de géneros y prácticas arcaicos, inscriptos en los bordes de la serie literaria, en los que puede leerse “la línea de montaje de la inteligencia artificial generativa sin la mediación de las máquinas, de la computación”.

Muchas de estas prácticas tienen siglos, y se caracterizan por exhibir en la misma práctica su mecanismo, es decir, “la caja negra como un gesto estético”. Bianchi se remontó al poeta latino Ausonio (siglo IV aC), quien realiza un elogio panegírico al emperador valentiniano a través del centón: un antiguo formato de collage en el que se cortaban y pegaban fragmentos para generar nuevas textualidades.

Inteligencia Artificial. Archivo Clarín.

En los centones aparecen, también, la idea de otras autorías. Dice Ausonio: “Recibe pues un opúsculo en el que entresacamos pedazos. He hecho una narración continuada, un todo completo con partes diversas, con ideas serias y con el mérito de otro”.

Lo interesante del ejemplo de Ausonio, comentó Bianchi, es que en él se cuenta cuál es el método, algo así como el “algoritmo” generado. Del mismo modo, el poeta rescató algunos textos del barroco español en los que se va a “artefactualizar” la escritura, objetos con espesor que funcionan como una suerte de “algoritmo activable” generador de nuevos modelos textuales.

De un modo similar, propuso pensar a los “autómatas” –del ámbito de los inventos– y, llegando al siglo XX, el “Salve Multiforme” de Acuña de Figueroa, los experimentos de Oulipo, Jean Lescure, Raymond Queneau y Carmelo Arden Quin.

Literatura y tecnologías digitales

Juan J. Mendoza, investigador, escritor y asiduo pensador de los vínculos de la literatura y las tecnologías digitales, invitó a pensar las IAG como una nueva entrada en la tradición de la “muerte del autor”, repensando una vez más el estatuto del autor: “En el escritor contemporáneo hay algo de consola de mezcla; una suerte de DJ de citas que samplea pasados, reescribe tradiciones, remezcla archivos y yuxtapone temporalidades”.

Lejos de ver ahí un gesto anticipatorio, Mendoza también observa una vuelta al pasado, incluso una “remedievalización”: en la Edad Media no teníamos la función autor que conocemos desde la modernidad, sino que el texto era colectivo, la figura de autoridad era difusa, el glosador añadía fragmentos, siendo la copia y la interpretación protagonistas. El interés –la clave– pasa por lo que sucede “en el medio”, entre los inputs y los outputs de este nuevo oscurantismo, amén de replantear la pregunta heideggeriana: ¿es todavía el lenguaje la casa del ser?

La respuesta no es, claro, ni evidente ni obvia. Para dar cuenta de este profundo cambio epistemológico que interpela al presente, Mendoza realizó una posible deriva: de 2001 a Interestelar de Christopher Nolan, del sentido del medio según McLuhan a la voz humana como soporte (frente a las tecnologías de lo escrito) y los aportes del físico argentino Juan Martín Maldacena, tan cerca del aleph borgiano.

Y en un contexto en el que las humanidades son atacadas por ser humanidades, resaltó la importancia de “los bordes”, así como el carácter eminentemente científico que poseen las preguntas de la filosofía y del arte. De allí que, “podríamos reescribir a Sarlo, titulando Borges es un escritor en las orillas del universo jerarquizando esta figura del borde bidimensional –papel y lápiz, o escritura– como algo absolutamente sustantivo para la comprensión del propio universo”.

Inteligencia Artificial ingeniero en IA y machine learning. Imagen de AI Lab School.

Pero la IA no solo atañe al mundo de las ideas. Diana Wechsler habló de “los modos de habitar tiempo(s) y espacio{s), alterando la percepción”. María Fernanda Pinta, destacó que: “El tiempo presente me interpela de un modo vital, personal, más que profesional. Deseo poner el cuerpo, algo que se pone en clase”.

Para el cierre del coloquio, la poeta, crítica, y docente Andi Nachón subrayó el hecho de que estas tecnologías están modificando las formas en que enseñamos y aprendemos, lo que consideramos información, si esta tiene un valor o no en sí misma.

También alertó sobre el modo como han afectado las IA los oficios ligados a la palabra: traductores, guionistas, periodistas, menguando su posibilidad laboral. Entre la resistencia y el hartazgo por “esta maraña que nos atraviesa”, Nachón se manifestó alarmada porque el propio Elon Musk habla de 2026 “como el año de la singularidad”– apropiándose de ese término–, e invitó a pensar el poema como el capital simbólico de un azar, destacando lo que hay de cuerpo en la letra de la poesía.

Y si la instrucción de la IA –el prompt– implica una entrega, no perder de vista en manos de quiénes estamos dejando el pensamiento. En definitiva, deslizó la poeta, ”admito y confieso que no logro entender por qué le pedimos a una inteligencia artificial que escriba un poema”.

Redacción

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