Marcelo Márquez Barreto viajó a Los Angeles a buscar a su hija Narela el 26 de enero último. Se despidió de su esposa asegurándole que iba a encontrar, como sea, a la joven bonaerense de 27 años, que estaba desaparecida hacía cuatro días. En las primeras horas del jueves 29 del mes pasado, Marcelo le escribió a su mujer con todo el dolor del mundo: «Gorda, la encontré, está muerta».
Barreto estuvo veinte días en Estados Unidos, desgarrado y solo, luchando para traer como fuera el cuerpo de Narela Micaela, que se había ido a mediados de 2024 para hacer algo de dinero y volver a Buenos Aires para ayudar a su familia. Vivió primero en Miami y luego en Los Angeles, adonde se trasladó en 2025. En lo que parecía ser el mejor momento desde su estancia, ya que se había podido mudar sola, fue encontrada muerta y todavía se desconocen los detalles.
Finalmente, a cuatro semanas de haber sido encontrada «en la calle sin vida», según comentó su familia, este jueves llegó al país el cuerpo de la argentina que trabajaba como camarera. Amigos y familiares motorizaron una colecta para poder repatriar los restos de la joven. Se necesitaban unos 20 mil dólares y lo que se había juntado superaba los quince mil. La mamá, que es recepcionista y el papá, fletero, no pudieron afrontar tamaños gastos.
En Banfield, donde los Barreto están instalados en la casa de la abuela materna de la víctima, dudan sobre qué pudo haber pasado con Narela. Preferirían inclinarse por la hipótesis que sostiene que la chica se topó en su camino con «algún fisura que la haya sorprendido y atacado». De alguna manera podría ser una tragedia del destino, ante la otra alternativa, esa que atemoriza: «Que haya sido buscada y asesinada de manera premeditada».

«A Nare la encontraron tirada a unas cinco cuadras de su casa, en una zona céntrica de Los Angeles. No estaba en un baldío, ni escondida en algún matorral, estaba en una esquina y la encontró un peatón, que llamó a la policía. ¿Cómo la encontraron? Inconsciente, sin papeles que la identificaran y sin su teléfono. Para las autoridades era una NN».
Según pudo saber Clarín a través de la familia, la autopsia realizada no arrojó señales de violencia ni abuso. Ahora restan saber los resultados del examen toxicológico, que llevará más tiempo hasta conocerse los detalles. Por el momento no se confirma ni se descarta un homicidio. Un verdadero misterio.

En paralelo, la Policía de Los Angeles seguía el rastro de un hombre colombiano, pareja de una relación inestable que tenía Narela. Dos amigas argentinas, que viven allí, están convencidas que «el colombiano es el principal sospechoso». Todavía los investigadores no dieron con su paradero.
En la familia, que siempre se mantuvo unida, no creen en malas compañías ni en peligrosas influencias que la hayan llevado a Narela por caminos inconvenientes. «Ella siempre se mantuvo en contacto, especialmente con la mamá, a la que le contaba todo. Y su estado de bienestar era algo constante. Estaba contenta, sentía que podía progresar, le gustaba estar en Los Angeles y pensar quedarse un tiempo más. De haber estado metida en algo, lo hubiera compartido, porque ella era así, transparente».
De acuerdo a lo deslizado por los Barreto, este viernes habrá una ceremonia para despedir sus restos en una cochería de Remedios de Escalada, entre las 9 y las 13, para luego ser trasladados al cementerio de Lomas de Zamora. «Es tremendo todo lo que estuvimos viviendo este tiempo, pero por fin y gracias a Dios, la tenemos acá, con nosotros y vamos a poder despedirla como se merece y por suerte todo esto se va a terminar», confió Santiago, hermano de Narela.
El amplio grupo familiar se mantuvo fuerte, unido y, también, con mucho hermetismo. «Nos damos una mano entre todos, tíos, primos, estamos como podemos, te diría que destruidos, la extrañamos mucho a mi adorada hermana. Primero la desaparición, luego la peor noticia, y finalmente mi papá allá, solo, intentando traer a mi hermana cuanto antes, pero siempre había algo que demoraba el regreso… y es entendible».
SC

