Hay convocatorias que hacen ruido por su masividad y otras que lo hacen por el eco que genera el vacío. Lo ocurrido ayer en la Plaza 25 de Mayo de nuestra ciudad entra, sin dudas, en la segunda categoría. Bajo la consigna de protestar contra la reforma laboral y el rumbo económico del gobierno de Javier Milei, se esperaba una marea de bragadenses indignados, pero la realidad fue más bien un «goteo» que no llegó a mojar ni las baldosas.
Menos de 10 manifestantes se congregaron frente al Palacio Municipal para expresar su rechazo a la reforma laboral incluida en la Ley Bases y a los recortes presupuestarios. El contraste fue absoluto: mientras el documento leído advertía sobre una «crisis terminal» y hacía un «llamado urgente al despertar de los pueblos», el entorno de la plaza permanecía en su ritmo habitual, ajeno por completo al reclamo.
La lectura de los documentos, que contenía términos sombríos sobre el futuro de los derechos laborales y el impacto de las políticas de Milei, no encontró eco entre los bragadenses. Esta falta de adhesión no solo evidencia una fragmentación en el campo social y sindical local, sino también una posible desconexión entre el discurso de las organizaciones convocantes y la realidad de una ciudadanía que, por apoyo o por agotamiento, decidió no acompañar el reclamo en las calles.



