La mujer cuenta que desde finales de año lleva siempre un espray de autodefensa en el bolsillo. “Había dejado al crío en el colegio, y bajaba por la montaña mirando el móvil –cuenta esta vecina del Poble Sec de siempre, sentada con otras en un merendero de Montjuïc–, y de repente ese hombre se abalanzó sobre mí. No intentó robarme el móvil. Fue una agresión sexual. Trató de agarrarme y llevarme hacia él ¡y yo me libré y salí corriendo! entonces se puso a gritarme que me iba a matar y a tirarme piedras. Desde entonces nunca bajo sola y siempre llevo el espray, aunque no tengo claro si sería capaz de usarlo ¿y si me lo quitan? estas cosas se te meten muy dentro, y de repente todo te da miedo”.
Una larga y reciente retahíla de sucesos alimentó la inquietud, el desasosiego, la desazón… “En varios puntos de Montjuïc siempre vivió gente de cualquier manera, siempre tuviste que ir con algo de cuidado –tercia otra vecina, también del Poble Sec de siempre, también sentada en un banco de este merendero–, pero es que en el último año todo se agravó mucho, ahora sí que tenemos gente viviendo por toda la montaña, gente muy variada”. Es un asunto delicado. Por ello estas mujeres prefieren conservar el anonimato. En esta montaña ya viven unas 200 personas de muy diferentes condiciones. En los últimos meses las chabolas y las tiendas de campaña también se expandieron por las laderas más transitadas.
“No hemos de criminalizar a los sintecho. Faltan políticas sociales”, dice la asociación de vecinos
“Es que aquí tenemos gente que trata de buscarse la vida, que quiere salir de esta situación, que busca trabajo…”. “Y otros con problemas con el alcohol y las drogas, también con problemas mentales, que se pasan el día dando vueltas por la montaña, rebuscando en la basura…”. “Y también viene gente a esconderse”. “Yo cuando salgo de trabajar del chiringuito ya bajo siempre con un compañero. Estos días el funicular no está en funcionamiento, y el autobús lanzadera deja de pasar sobre las ocho de la tarde. Y a esas horas con la iluminación que tenemos aquí y las cosas que están pasando ya no me atrevo a bajar sola”.
Otras tampoco se acercan a los jardines de Laribal. “El otro día apareció un exhibicionista delante de un colegio”. “Hace poco detuvieron a uno que lanzaba piedras contra el bus que lleva los críos a la escuela. Este hombre siempre está escarbando en los contenedores”. “Hay más jeringuillas que nunca”. “Una noche uno intentó colarse por mi balcón. Mi marido lo impidió. Entonces se fumó un porro. También lo tengo visto”. “Ya no te acercas ni a los de Jacint Verdaguer”. Muchas tampoco quieren subir al Castell. “Y hace poco hubo una violación en los jardines Costa i Llobera”. También evitan el parque de la Primavera y todos los caminos que unen la montaña y el Poble Sec. Las tiendas de campaña ya llegan al Paral·lel.
“La gente ya no quiere llevar a sus hijos a los columpios”, tercian por la avenida Paral·lel
En la asociación de vecinos del Poble Sec dicen que las administraciones apenas están dando respuestas. “No podemos criminalizar a los sintecho. Necesitamos políticas sociales decididas. El Ayuntamiento y la Generalitat han de coordinarse. A veces el Ayuntamiento envía sus servicios de limpieza y a la Guardia Urbana para desmantelar algunas chabolas. Pero así solo movemos el problema. Y también necesitamos más policías que patrullen a pie. Algunos delincuentes tratan de esconderse en la montaña, y los problemas se están extendiendo por las calles del barrio”.
En la plaza Les Tres Xemeneies, en el Paral·lel, junto a los columpios, tenemos un asentamiento de quita y pon. “Muchas mañanas vienen la Guardia Urbana y los servicios de limpieza, los despiertan y limpian –dicen representantes de la mancomunidad de ocho comunidades de las calles Palaudàries y Puig i Xoriguer con unos 700 vecinos–. Entonces los del asentamiento se marchan, y regresan por la tarde. A veces tenemos dos o tres tiendas, y otras ocho o nueve. Unos cuantos no causan problemas, pero otros sí y los que bajan de la montaña beben, hacen sus necesidades en cualquier sitio, trapichean…”. Los vecinos tienen una colección de vídeos muy escabrosos. “Al final nadie quiere llevar a sus hijos ni a los columpios ni a la plaza. La situación se agrava cada semana y el Ayuntamiento no nos hace caso. Y aquí somos muchos, y no todos estamos de acuerdo a la hora de definir las soluciones. Los discursos radicales están creciendo”.

Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.



