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La educación define el futuro de Salta

Hoy comienzan las clases en Salta. En cada hogar se siente el esfuerzo: útiles que se compran con sacrificio, horarios que se reorganizan, expectativas renovadas. Las familias cumplen. Y los docentes, muchas veces en condiciones adversas, sostienen las aulas con vocación y compromiso.

Eso debe reconocerse.

Pero reconocer el esfuerzo no puede ocultar una realidad que exige honestidad: los resultados educativos en Salta siguen siendo alarmantes y no muestran mejoras estructurales consistentes.

Los datos más recientes de alfabetización indican que menos de la mitad de los estudiantes de tercer grado alcanza los niveles de lectura esperados para su edad. Es decir, más del 50 % de los chicos no consolida adecuadamente la comprensión lectora en una etapa clave de su formación.

Más preocupante aún: alrededor de 1 de cada 10 estudiantes no comprende lo que lee, incluso en textos simples. No estamos hablando de excelencia académica. Estamos hablando de habilidades básicas.

En cuanto a trayectorias escolares, estudios recientes muestran que solo alrededor del 45 % de los alumnos que comienzan la primaria llegan a sexto grado en el tiempo esperado y con aprendizajes adecuados en Lengua y Matemática. Más de la mitad no completa esa etapa obligatoria con resultados satisfactorios. Esto se traduce en repitencia, sobreedad y mayores riesgos de abandono en la secundaria.

Y cuando miramos el contexto internacional, la situación no mejora. En las pruebas PISA 2022, Argentina se ubicó en el puesto 66 de 81 países evaluados. En Matemática obtuvo 378 puntos frente a un promedio OCDE de 472. Siete de cada diez estudiantes argentinos no alcanzan niveles básicos en esa área.

Salta no está aislada de esa realidad. Según un último informe de Argentinos por la Educación solo 8% de los estudiantes que comienzan la primaria logran llegar al final del secundario en tiempo y forma, cuando el promedio a nivel nacional es de 10%. Y en nuestro territorio son mayores desafíos sociales, el impacto puede ser aún más profundo.

Pero el problema no es solo pedagógico. Mucho tiene que ver con la inversión en Educación, y lamentablemente en nuestra jurisdicción la inversión educativa se ha reducido. La infraestructura escolar sigue siendo una deuda en numerosos puntos de la provincia. Escuelas con mantenimiento pendiente. Aulas superpobladas. Conectividad insuficiente. Obras demoradas o inconclusas. Zonas que crecen sin planificación edilicia acorde.

La infraestructura no es un detalle administrativo. Es condición básica para enseñar y aprender. Y aquí el debate debe ser claro: la infraestructura depende de decisiones políticas y de ejecución presupuestaria.

Cada año se aprueba un presupuesto. Se asignan partidas para educación y para obras públicas. Pero la pregunta no es cuánto se anuncia. Es cuánto se ejecuta realmente y en qué plazos.

Cuando las partidas destinadas a infraestructura educativa no se ejecutan plenamente, cuando las obras se demoran o quedan a mitad de camino, no estamos frente a un problema técnico. Estamos frente a una decisión política.

No es responsabilidad de un docente que enseña en un aula que necesita refacción.

No es responsabilidad de una madre que hace un esfuerzo enorme para comprar útiles.

Es responsabilidad de quienes gobiernan y administran el Estado.

La educación no puede depender del heroísmo individual. Necesita planificación, inversión sostenida y gestión eficiente.

Salta tiene enormes potencialidades económicas: minería, turismo, agroindustria y economía del conocimiento. Pero sin capital humano formado y sin infraestructura educativa adecuada, ese desarrollo será desigual y limitado.

Los malos resultados en comprensión lectora, los altos niveles de rezago en trayectorias escolares y el bajo desempeño en evaluaciones nacionales e internacionales no son una fatalidad. Son una señal.

Una señal de que el sistema necesita reformas profundas.

Una señal de que la inversión en educación debe ser prioritaria.

Una señal de que la ejecución debe ser eficiente y transparente.

Este inicio de clases no puede ser solo una ceremonia. A los docentes, reconocimiento por el compromiso diario. A las familias, respeto por el esfuerzo sostenido.

Y a quienes gobiernan, una exigencia clara: prioridad real, transparencia y resultados medibles.

Porque la educación define el futuro de Salta. Y asumir responsabilidades ya no es una opción. Es una obligación.

Redacción

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