Llamo un martes para pedir cita previa. Porque así funcionan muchas tiendas actualmente. El viernes de esa semana tenía fiesta y podía aprovechar la tarde para acabar de decidir qué jacuzzi me encaja mejor en casa (y en el bolsillo). Porque sí, cada uno tiene sus caprichos y la vida son esos cuatro días de los que tan solo quedan dos. Me dicen que pasarán nota a un comercial para que me atienda en el showroom . En breve me llamarán. Y pasan los días. Vuelvo a contactar. Se disculpan por la demora y al cabo de unos minutos me llama el comercial prometido. ¿Quedar el viernes por la tarde? No, imposible. No trabajan. ¿El sábado? Tampoco. Todo el día cerrado ¿Entonces? Pues entre lunes y jueves con cita. Evidentemente, el showroom no se encuentra en Barcelona y difícilmente se llega en transporte público. Es decir, todo facilidades para comprar. Eso de adaptarse al cliente parece que ya ha pasado a la historia.
]]>



