A Donald Trump le gusta hablar en público, el único problema es que a menudo afirma una cosa y la contraria. Cuando por fin se ha dirigido al mundo desde la Casa Blanca tras comenzar la operación Furia Épica junto a Israel, contra el régimen de los ayatolás, manifestó cosas distintas de las que había dicho dos días antes en su residencia de Mar-a-Lago. Donde dijo que su objetivo era un cambio de régimen, ahora resulta que el objetivo es que Irán no tenga armas nucleares; donde anunció que en un mes la operación estaría concluida, en las últimas horas habló de que la guerra requerirá mucho más tiempo; y donde proclamó que sería una intervención desde el aire, advirtió en su comparecencia que estaba dispuesto a desplegar tropas en tierra. E incluso ha llegado a afirmar que los nuevos líderes de Irán querían negociar, pero la nueva cúpula iraní lo ha negado rotundamente y Trump no ha vuelto a insistir en ello.
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