A la hora de cerrar este artículo hemos recibido la triste noticia del fallecimiento de Fernando Ónega, Maestro con mayúscula, como yo le solía llamar, porque realmente lo era. No ya del periodismo, que también, sino del puro sentido común. Siempre sabía encontrar una mirada tranquila y diferente a las noticias que le tocaba narrar. No sé cómo habría enfocado hoy el anuncio de Donald Trump de romper relaciones comerciales con España. Seguro que le encontraba un aire socarrón y perfectamente le podía restar trascendencia a la noticia con su retranca gallega. Lo que es seguro es que Pedro Sánchez se habría llevado alguna colleja irónica. Fernando no necesitaba abusar de las frases grandilocuentes para soltar verdades como puños que no nos dejaban nunca indiferentes. En La Vanguardia llevábamos varios meses sin gozar de sus artículos a causa de una larga enfermedad. Se le ha echado y lo echaremos en falta.
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