Cada vez son más los foros que reivindican avanzar hacia la región metropolitana de Barcelona, la ciudad global de más de 5 millones de habitantes que adquiere el potencial para competir en la economía globalizada. El último ha sido Foment del Treball a través de su think tank , que hace unos días presentó el quinto informe para repensar la metrópoli.
Se puede seguir mirando hacia otro lado, pero ignorar la realidad metropolitana regional no tiene sentido, sobre todo por parte de alcaldes celosos de perder autonomía municipal. Son temores legítimos, por supuesto, pero la construcción de la región metropolitana debe sustentarse en el respecto, la confianza y la colaboración entre ciudades, no en el anacronismo de anexiones como las que se hicieron por decreto a finales del siglo XIX y principios del XX.
Toda la región necesita a Barcelona y su marca, pero la ciudad también necesita la región
Cuando Pasqual Maragall asumió la alcaldía en 1982, se refirió a ello en su discurso de toma de posesión. Calificó aquellas agregaciones de “brutalidad creadora”. A cambio, sostenía que la Barcelona metropolitana debía hacerse con “respeto” a la autonomía local. Las palabras de Maragall son hoy más vigentes aún que cuando las pronunció hace 44 años. Entonces, el concepto de proximidad en la gobernanza de las grandes ciudades ya se contemplaba, pero hoy es indispensable.
¿Alguien imagina, en el siglo XXI, que Granollers, Igualada, Mataró o Vilanova pueden gobernarse desde un despacho de Barcelona? Claro que no. Nadie mejor que los alcaldes y ayuntamientos de cada ciudad conocen sus problemas y soluciones. Por lo tanto, la construcción de la Barcelona de los más de 5 millones de habitantes debe hacerse también fortaleciendo cada uno de sus 165 municipios. Así se asientan las regiones urbanas modernas, multicéntricas, por ser más sostenibles y productivas.
Barcelona es una marca de gran prestigio mundial. Ya desde los tiempos del Consell de Cent era el buque insignia de la Corona de Aragón. Ha sufrido sus altibajos, pero, desde los Juegos de 1992 es una ciudad de éxito internacional. Vayamos al Mobile y preguntemos a los congresistas dónde están. La respuesta será Barcelona. Solo algún enterado contestará que en l’Hospitalet. Pese a quien le pese y le guste o no, toda la región necesita a Barcelona y su marca, pero la ciudad también necesita la región. Es un win to win . Hasta Europa la reconoce como tercera región metropolitana —aun careciendo de una institucionalización jurídica supramunicipal— tras París y Madrid.
La presentación del informe de Foment, que lleva años junto con el Cercle d’Economia reclamando avanzar hacia la región, incluyó una conferencia del exalcalde Joan Clos. Dijo que la actual AMB se constituyó con poca ambición hace 15 años y se sumaba a la propuesta de ampliarla con dimensión de región. Y es que solo así se podrán abordar problemas tan acuciantes como el de la vivienda.



