El fin de una era: Sadesa y el drama de la industria nacional
La noticia sacudió al círculo rojo: Sadesa, la nave insignia de la familia Galperín en el sector industrial, se encuentra en una situación de vulnerabilidad inédita. La empresa que fue el motor económico para que Marcos Galperín fundara Mercado Libre en un garage de Saavedra, hoy no puede sostener sus costos operativos básicos en la planta de Esperanza, Santa Fe.
Un desplome en cámara lenta Lo que comenzó como un goteo de suspensiones terminó en un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC). De los más de 2.000 operarios que supo tener la planta en sus años de gloria —cuando procesaba el 10% de la producción mundial de cuero— hoy apenas quedan 400. La sangría de puestos de trabajo es el síntoma de un modelo industrial que, según los especialistas, está siendo «vaciado de incentivos».

La trampa de la desregulación El punto de quiebre para Sadesa fue la decisión del Gobierno de liberar la exportación de cuero salado (crudo). Históricamente, Argentina protegía a sus curtiembres asegurando que el cuero se procesara en el país para generar valor agregado. Al quitarse estas retenciones y cupos, los frigoríficos prefieren vender el cuero crudo al exterior, dejando a las curtiembres locales sin materia prima o con precios imposibles de pagar en dólares.
«Estamos viendo cómo el cuero argentino se va sin un solo minuto de trabajo local, mientras nuestras máquinas se oxidan», señalan desde el entorno gremial de la planta de Esperanza.
El peso de un apellido Resulta paradójico que la empresa de la familia Galperín —fervientes defensores del modelo de libre mercado actual— sea una de las principales víctimas de la falta de protección industrial. La firma ya notificó que no puede afrontar ni siquiera la cuota de la cámara empresarial (FISFE), un gasto mensual de apenas $360.000, lo que demuestra que el problema no es solo de ventas, sino de asfixia financiera total.
¿Relocalización en marcha? El mercado teme que este sea el paso previo al cierre definitivo de las operaciones en Argentina. Sadesa ya cuenta con una estructura aceitada en el sudeste asiático (Tailandia y Vietnam). Sin competitividad local y con un consumo interno pulverizado, el riesgo de que la familia Galperín decida bajar la persiana en el país para siempre es una posibilidad que crece día a día.




