Interna al rojo vivo: Bullrich etiqueta a Villarruel de «peronista» y sacude la mesa chica
Lo que comenzó como una distancia protocolar se transformó en una batalla abierta por la identidad del Gobierno. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lanzó una de sus declaraciones más fuertes hasta la fecha, marcando una línea divisoria que parece no tener retorno: ubicó a la vicepresidenta Victoria Villarruel más cerca del «camino del peronismo» que de las ideas del cambio radical que propone el Ejecutivo.
El «peronómetro» de Patricia
En sus últimas declaraciones, Bullrich no ahorró calificativos. Al analizar los movimientos de la Vicepresidenta en el Senado y sus recientes gestos de autonomía política, la Ministra fue tajante: «Ella está tomando un rumbo que nos resulta ajeno. Va más por el camino del peronismo, de esa política de acomodo que nosotros vinimos a combatir».
Esta frase no es casual. En el lenguaje del oficialismo, llamar a alguien «peronista» es la máxima descalificación y el paso previo al aislamiento político total. Bullrich, consolidada como la «espada defensora» de la gestión de Javier Milei, busca con esto cerrar filas alrededor del Presidente y dejar a Villarruel en una isla política.
Los motivos de la fractura
Detrás de los dardos mediáticos, hay razones estratégicas que explican este cerco:
- La agenda propia en el Senado: Villarruel ha mantenido diálogos con sectores de la oposición que en la Casa Rosada ven con desconfianza.
- El perfil institucional: Mientras Bullrich encarna la confrontación directa y el «todo o nada», la Vicepresidenta cultiva un perfil más conservador y tradicional, con vínculos aceitados con las Fuerzas Armadas y sectores del nacionalismo que no siempre coinciden con el libertarismo puro.
- La sucesión: En el entorno de Bullrich creen que Villarruel está «construyendo su propio proyecto» para el futuro, algo que consideran una traición en medio de la crisis actual.
¿Hacia un gabinete sin Vicepresidenta?
El cerco no es solo verbal. En los últimos actos oficiales y reuniones de gabinete, la presencia de Villarruel ha sido cada vez más limitada. El objetivo de Bullrich —y de otros sectores del «triángulo de hierro» en Olivos— es dejar claro que el liderazgo es único y que no hay lugar para agendas paralelas.
Para VIVE, este conflicto plantea una pregunta clave: ¿Puede el Gobierno sostener la gobernabilidad en el Congreso si la relación entre sus dos figuras más importantes en esa cámara está rota?




