Durante 280 días, Ezequiel Manzella dejó su casa en Adrogué y recorrió 80 pueblos del litoral argentino en bicicleta. La travesía, en principio autogestionada y que luego se financió a través de redes sociales, implicó un proceso personal que lo llevó a redescubrir el valor del país y de los vínculos que fue construyendo en el camino.
El vecino de Almirante Brown convirtió su experiencia en contenido para redes que, además de permitirle sostener el viaje, le ayudó a formar una red de apoyo. Algo que no esperaba. “Viajar implica valentía, fe y una fuerte convicción personal”, afirma Manzella.
Qué lo motivó a recorrer todo el litoral en bicicleta
La decisión de salir a pedalear por el litoral argentino no fue de un momento para otro. Luego de atravesar una segunda separación y con el objetivo de no volver a caer en la tristeza, Manzella eligió llevar a cabo un sueño que venía postergando hace tiempo. Con sus ahorros compró una bicicleta, la equipó con lo indispensable y partió con el objetivo de conocer personas y lugares, entendiendo que allí reside la esencia del viaje.
El recorrido incluyó pueblos de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, territorios que, según cuenta, le ofrecieron una experiencia humana distinta a la que estaba acostumbrado. Manzella siempre encontró puertas abiertas, gestos solidarios y una sensación de confianza que lo sorprendió. “Lo lindo de viajar es la gente”, resume al comparar el ritmo urbano con la vida comunitaria de los pueblos que visitó.

Entre los paisajes que más lo marcaron aparecen los Esteros del Iberá, en Corrientes, y el Salto Escondido, en Misiones. Lugares que describe como “tesoros ocultos” y que ampliaron su mirada sobre la diversidad natural del país. Para él, descubrir esos escenarios reforzó su convicción de que Argentina guarda bellezas poco difundidas que merecen ser recorridas con tiempo.
Las cosas que tuvo que aprender sobre la marcha
El viaje también fue como una escuela para Manzella. Sin experiencia previa en mecánica, tuvo que aprender a reparar su bicicleta en plena ruta. Enfrentó fallas técnicas que podían frenar la travesía. A ese desafío, se le sumó que durante los primeros días dormía a escondidas en estaciones de servicio porque tenía vergüenza de pedir un lugar para descansar. Con el tiempo, tomó más confianza y la interacción con otras personas se volvió parte central del recorrido.
También, cuenta que la disciplina y el autocontrol se transformaron en valores fundamentales. Pedalear largas distancias le exigía organizarse, fortaleza física y estar enfocado mentalmente. Para el viajero, la fe, entendida como confianza en su proyecto, fue clave para sostener el viaje cuando le surgían dudas o se sentía cansado. Esa fortaleza interna, afirma, es tan importante como la preparación material.
Si bien las redes sociales jugaron un rol decisivo en la travesía, nunca fueron lo que verdaderamente la motivó. A través de su cuenta de TikTok, Manzella documentó el día a día del viaje, lo que le permitió financiar parte de la experiencia y, al mismo tiempo, generar una comunidad que lo acompañó a la distancia. El reconocimiento digital derivó en invitaciones a comer o a alojarse, reforzando la idea de que el comportamiento y el respeto abren puertas tanto en la virtualidad como en la realidad.
De regreso, Manzella ya proyecta una nueva etapa para continuar con su viaje y conociendo el país. Planea retomar la ruta con destino a Ushuaia, habiendo ya iniciado el viaje por el norte argentino antes de irse hacia el sur.

