Las políticas neoliberales de los 90, que desembocaron en la crisis de 2001, no solo dejaron un tendal económico y social: convirtieron a los cartoneros y cartoneras en un sujeto político organizado de enorme potencia simbólica.
De la marginalidad forzada por el colapso, emergieron experiencias cooperativas que reivindicaron a los recicladores urbanos como trabajadores y actores centrales de la economía popular.
Esa figura encarna el fracaso persistente del empleo formal para integrar a millones y, al mismo tiempo, la capacidad de los sectores populares argentinos para organizarse, disputar derechos en medio del derrumbe.
Que 25 años después sigan los mismos problemas estructurales señala dos cosas con crudeza: la continuidad -e incluso profundización- de la exclusión social y la consolidación de una identidad colectiva que sigue siendo estrategia de supervivencia, pero también demanda activa de políticas públicas y reconocimiento.
En nuestro país hay alrededor de cinco mil basurales a cielo abierto. Cada día se generan 45 mil toneladas de residuos -el equivalente a una tonelada cada dos segundos- y cerca de 16,5 millones al año
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Lorena Gómez vive en la Villa 31, barrio popular al norte de la Ciudad de Buenos Aires, es madre de siete hijos y toda la vida fue cartonera: “Hasta 2023 nos pagaban 250 pesos el kilo de cartón, pero hoy solamente entre 40 y 50 pesos. Tengo que trabajar un día completo para juntar 100 kilos de cartón y hacer cinco mil pesos (3,50 usd). Recorro largas distancias, varias horas, para obtener lo que vale un cuaderno para la escuela de mis hijos”.
La capital argentina genera 7.500 toneladas de residuos por día -un promedio de 2,5 kilos por habitante-, más de un kilo por encima de la media nacional, según datos oficiales del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana
Ese estrangulamiento económico, propio de los barrios populares en tiempos de Milei, se potencia con una puntual persecución política del Jefe de Gobierno Porteño Jorge Macri: “Durante las últimas manifestaciones contra la reforma laboral -ya aprobada por el Congreso- detuvieron a más de 40 personas en la represión, la mayoría eran compañeros nuestros”, dice a Diario Red América Latina Carlos Albarracín de la cooperativa “Amanecer de los Cartoneros”.
Y añadió: “Tuvimos muchísimos allanamientos en nuestros predios, dijeron que vendíamos drogas en los comedores, pero jamás encontraron nada. Esto es brutal, Macri no para de criminalizarnos”.
En ese escenario, los cartoneros y cartoneras -recicladores urbanos- no son un actor marginal sino una pieza estructural para pensar la economía circular, el ambiente y la política contemporánea en la Ciudad de Buenos Aires, donde la tensión entre el Estado y los trabajadores informales se profundiza con cada año de gestión de Macri.
Criminalización y persecución política
En Argentina, casi el 25% de los residuos termina en vertederos a cielo abierto, según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). La organización advierte que estos sitios “son una fuente directa de emisiones de gas metano, que impactan negativamente el clima y la salud humana”.
El metano es el gas de efecto invernadero más significativo del sector residuos y, en 2022, representó más del 17% de las emisiones totales de metano del país, casi en niveles equivalentes al sector energético, de acuerdo con el Inventario Nacional presentado ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.
En ese contexto ambiental crítico, el gobierno de Javier Milei promulgó el año pasado el Decreto 1/25, que autorizó la importación de residuos como insumo para procesos productivos. La medida impactó de manera directa en los recicladores locales: devaluó el precio de los materiales nacionales, redujo los ingresos de cooperativas y desincentivó el reciclaje interno.
A esto se suma la subejecución de programas como Argentina Recicla y el préstamo BID 5567/OC-AR, junto con el vaciamiento de organismos ambientales.
En la Ciudad de Buenos Aires, el conflicto tiene nombre propio. “Jorge Macri repite que el dinero destinado a la cooperativa Amanecer de los Cartoneros es una caja de Juan Grabois -actual diputado por la provincia de Buenos Aires, referente del espacio Frente Patria Grande-.
Le ofrecimos sentarnos, organizar los números, mostrarle nuestro trabajo y demostrar que rendimos al 100% el dinero de todos los meses”, afirmó Carlos Albarracín, de la cooperativa Amanecer de los Cartoneros, del MTE.
La capital argentina genera 7.500 toneladas de residuos por día -un promedio de 2,5 kilos por habitante-, más de un kilo por encima de la media nacional, según datos oficiales del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana. Para las cooperativas, ese volumen representa tanto una oportunidad ambiental como una disputa política.
“Básicamente somos hostigados por el Jefe de Gobierno. Nuestras plantas se caen a pedazos, siendo que somos de las cooperativas de reciclado más grandes de Latinoamérica. En buenos tiempos, en la sede de Barracas, procesábamos dos mil toneladas de materiales al mes”, sostiene Albarracín.
Macri abrió el año legislativo el lunes 2 de marzo diciendo: “No queremos ser el conurbano”. Como ex intentendente de Vicente López, un partido de Buenos Aires, irónicamente, se empeña en discriminar a los trabajadores que vienen de la provincia que gobierna Axel Kicillof.
Fomenta que de allí vienen la gente en calle, los delincuentes y también quienes quieren usar el sistema de salud y el trabajo que, según él, es de los habitantes de la Capital Federal.
Se estima que del conurbano a la Ciudad de Buenos Aires, a diario, ingresan 1,4 millones de personas por diferentes motivos. El principal es para trabajar. “Muchos cartoneros somos del conurbano, zonas como Lanús, Wilde, Fiorito, Lomas de Zamora; como también un albañil, una empleada doméstica, un pintor pasamos para buscar el pan para nuestra familia.
Incluso la Policía de la Ciudad y la Federal que nos reprime vienen de ahí. ¿Entonces qué le pasa a Jorge Macri? Tienen que recordar que la basura de CABA se quema en la provincia de Buenos Aires, en José León Suárez”, dice el reciclador.
Para Albarracín, el deterioro es visible. “El vaciamiento en las políticas de reciclado urbano se ve en las calles de la Ciudad cuando uno camina, con basura esparcida por todos lados”. Y cierra: “Hoy con los tachos ‘antibandálicos’ criminalizan a los cartoneros y cartoneras. Pretenden que paguemos 900 mil pesos como multa por revolver la basura. Son unos locos»
La amenaza es constante: “Nos dicen que firmemos un papel al entregarnos el carro, pero nos amenazan con que si nos detienen de nuevo vamos a ir detenidos tres meses”. bárbaros” comentaron Lorena Gómez y su marido, Marcelo Acosta, cartoneros en la Villa 31
“Cartonear”, un relato en primera persona
Lorena Gómez y su marido, Marcelo Acosta, son cartoneros en la Villa 31. Salen juntos cada día a recorrer calles y ferias, caminando largas distancias para mantener a su familia. “Nosotros estamos en el centro de todo en esta zona. Tenemos salida por la Terminal de Ómnibus de Retiro y el sector Mugica que sale a Recoleta, uno de los barrios más caros. Estamos poniendo el pecho a los que nos persiguen, nos quitan herramientas de trabajo y muchos compañeros fueron detenidos por la Policía”, dice Lorena.
Ella integra “Cartoneros Independientes”, donde unos 150 trabajadores sobreviven como pueden a los golpes económicos de la realidad argentina. Cuando les quitan los carros deben pagar multas inviables para sus bolsillos. “Nos están pidiendo 50 mil pesos para que nos devuelvan los carros que Jorge Macri manda a secuestrar con sus empleados de Espacio Público.
El año pasado muchos compañeros han pagado y hasta el día de hoy no vieron de nuevo sus herramientas de laburo”, explicó. La amenaza es constante: “Nos dicen que firmemos un papel al entregarnos el carro, pero nos amenazan con que si nos detienen de nuevo vamos a ir detenidos tres meses”.
La economía de su oficio también se desploma. Antes, un kilo de cartón valía 250 pesos; hoy, con la apertura de importaciones y la devaluación del material reciclable, apenas llegan a 40 o 50 pesos. Aunque también hay localidades donde llega a 100 pesos el kilo. Con 47 años, madre de siete hijos, Lorena organiza la casa y las cuentas mientras sale a trabajar. Su hijo mayor tiene 27 y ya forma su propia familia; su hija de 25 estudia en la facultad.
Mientras la basura crece y las políticas fallan, ellos mantienen viva la demanda por derechos y reconocimiento
“Empezó antes las clases y un cuaderno nos sale cuatro mil pesos, lo que ya es un día entero de trabajo para mi”, dice. Y resalta lo preocupante: “Cuando nos vamos a trabajar no sabemos si regresamos a casa. Si Macri con Espacio Público y la policía viene por nuestras herramientas obviamente que no lo vamos a permitir”.
Ella denuncia, además, que el alcalde pretende esconder la pobreza al colocar chapas enormes alrededor de la feria barrial que se encuentra en una de sus entradas y que da directo al ingreso de todos los micros de larga distancia que llegan a la Ciudad. “Está queriendo ocultar la pobreza que genera su propia gestión y la de su primo el ex Presidente Mauricio Macri, porque su color político gobierna por acá desde 2007”, expresó.
No se trata únicamente de recolectar cartón, o romantizar el sistema de recolección informal que salpica a miles en todo el país. Lorena pide comprensión: “Al Jefe de Gobierno Macri le pediría que se ponga un día en nuestros zapatos. Nosotros que somos cartoneros nos reinventamos. Como argentina, apuesto a mi país; voy a seguir dando lo mejor para que mis hijos salgan adelante”.
De la marginalidad a la resistencia, los cartoneros y cartoneras de Buenos Aires sostienen la economía circular frente a la represión y la indiferencia de Macri y Milei.
Sus calles, el mal olor, revelan la continuidad de la exclusión social y la fuerza de la organización popular. Mientras la basura crece y las políticas fallan, ellos mantienen viva la demanda por derechos y reconocimiento. Así, su lucha cotidiana resume la intersección entre pobreza, política y resistencia en una Argentina cruel.




