Ha dado en el clavo Cristian Canton, director asociado del Barcelona Supercomputing Center (BSC), al recetar una aplicación reposada de la inteligencia artificial en el ámbito público. Le han bastado un par de frases. La primera: “Es peligroso empezar a correr antes de aprender a caminar”. Y la segunda: “Hay que coger dos o tres cosas y hacerlas muy bien, aterrizarlas con todos los recursos posibles y usarlas para seguir construyendo, sin fragmentar”. El cambio tecnológico que a su modo de ver deja en pañales la revolución industrial del siglo XIX es ya una realidad en la Administración, y por eso este martes, el Ayuntamiento de Barcelona ha compartido su estrategia para los próximos tres años. Una inversión de 9,4 millones que se usarán “de manera ética, democrática y sostenible” para impulsar, de momento, asistentes en materia de vivienda y trámites locales y traductores para las oficinas de atención ciudadana.
El alcalde Jaume Collboni ha sido el encargado de desgranar los detalles del plan. “Ser más eficientes y atender mejor a la ciudadanía” gracias a la tecnología, ha resumido el regidor del PSC. Es la smart city que pregonaban Xavier Trias y su teniente de alcalde Antoni Vives hace 15 años, pero con herramientas que por fin permiten hacerlo posible. Ya en el 2021, la capital catalana se puso como deberes establecer un marco normativo que no convierta la IA en un pozo de desigualdad. “Teníamos que hacerlo con valor y con sentido, de manera gobernada y al servicio de las personas”, ha resumido Emili Rubió, gerente del instituto Barcelona Innovación y Tecnología (BIT), heredero del legendario Instituto de Informática de Barcelona que Ernest Maragall dirigió en los años 90.

Dejen a un lado cualquier imagen cinematográfica vinculada a la inteligencia artificial. Entre otras cosas, porque la Administración pública tiene muchas más limitaciones legales (y éticas) que el sector privado. Ya llegarán, o no, los taxis y los camiones de basura autónomos, la automatización total de las líneas de metro, la semaforización variable en función de los flujos de tráfico, las zonas verdes y azules de aparcamiento con sensores o la optimización del alumbrado callejero. Pero por ahora, siguiendo el consejo de Canton, Barcelona se centra en los asistentes virtuales y la información, amén de todo lo que ya tiene asido a la tecnología, como las aplicaciones del Bicing o de moto compartida, el Smou con todo tipo de servicios de movilidad o el Spro que se usa para la carga y descarga, entre otras.
Ya está en marcha en la página municipal de vivienda un chatbot capaz de responder a cualquier pregunta vinculada con este asunto. Normativa, leyes, consejos, dudas sobre los derechos del inquilino y el propietario; todo lo necesario para no caer en trampas contractuales, como el número de meses de fianza que se deben abonar obligatoriamente (uno) o los topes de renta en las zonas consideradas tensionadas. Habot, así se llama el invento, se pensó inicialmente para los técnicos del Ayuntamiento, pero vistos los resultados, se llegó a la conclusión de que debía abrirse al gran público. Tras un rato testeando, este diario puede corroborar que responde sin grandes tecnicismos y que ayuda a que el neófito se oriente.

No se trata, ha defendido Rubió, de “arrebatarle el empleo” a ningún funcionario. Es más bien al contrario, ha aseverado, ya que la idea es quitarles el trabajo más automático y pesado, el de menor valor añadido, para que se puedan dedicar a cosas que realmente aporten. Tarde o temprano, sin embargo, ciertos avances vinculados a la automatización de procesos es probable que generen algún que otro conflicto laboral, sobre todo en materia de movilidad, donde los sindicatos mantienen un gran poder de movilización. Léase TMB y el sector del taxi, cuyas licencias son propiedad del Área Metropolitana de Barcelona.
El futuro
La idea es que los funcionarios tengan menos trabajo mecánico y que puedan dedicarse a cosas que aporten valor
En materia de movilidad, para después de verano se espera que esté terminado un ingenio para que los técnicos municipales puedan tener controlados al minuto los efectos de las obras en marcha en la ciudad. No vendrá nada mal en un momento de gran intensidad en Barcelona en cuanto a grandes infraestructuras que han puesto muchas calles patas arriba. No se prevé, a diferencia de Habot, que la ciudadanía pueda tener acceso a esta información. Lo que será una realidad antes de que llegue el calor serán los 180 traductores simultáneos que ya se han licitado por unos 75.000 euros. Son del tamaño de un móvil y se usarán en las oficinas de servicios sociales y de atención ciudadana, donde es habitual recibir a personas que no hablan el idioma del personal que atiende. Permitirá mantener un diálogo fluido, por voz y escrito (a través de su pantalla).
También está al caer otro asistente para que los ciudadanos puedan agilizar la tramitación de las dos peticiones más demandadas: el padrón y la tarjeta del área verde de aparcamiento. La limitación legal no evita el paso final de la presencialidad para firmar documentos (así lo estipula la normativa), pero la idea es que se pueda avanzar en todo el papeleo para que al final solo quede estampar el autógrafo.
Collboni ha celebrado que con esta inversión, Barcelona se cerca al porcentaje en tecnología de las metrópolis punteras, como Londres o Seattle. Estamos, ha dicho, en el 3,1%, con la idea de poder alcanzar el 4%. Los 9,4 millones anunciados este martes para los próximos tres años, sin embargo, suponen cerca del 0,08% del presupuesto total de la ciudad del próximo trienio. Una smart city a su ritmo.



