En La Base América Latina, la socióloga, periodista y analista internacional Nahia Sanzo, integrante del grupo Geopolítica hacia el Sur, analizó las implicaciones de la creciente coordinación entre Estados Unidos y varios gobiernos latinoamericanos alineados con la agenda de Donald Trump.
Para Sanzo, este tipo de alianzas debe entenderse en el contexto de una reconfiguración del poder global, donde Washington busca reforzar su dominio regional ante el ascenso de nuevas potencias y el debilitamiento relativo de su hegemonía internacional.
En ese escenario, América Latina vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia estadounidense.
Según la analista, el argumento de la lucha contra el narcotráfico funciona como una justificación política para consolidar la presencia de Estados Unidos en la región
La “guerra contra el narco” como argumento geopolítico
Según la analista, el argumento de la lucha contra el narcotráfico funciona como una justificación política para consolidar la presencia de Estados Unidos en la región.
Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.
Sanzo sostiene que esta lógica no es nueva. De la misma forma que en otras regiones del mundo Washington ha utilizado la “guerra contra el terrorismo” para justificar su presencia militar o política, en América Latina el narcotráfico cumple una función similar.
“El combate al narcotráfico ha sido siempre una excusa muy útil para mantener presencia en determinados países que Estados Unidos considera estratégicos”, explica.
Desde esta perspectiva, la región continúa siendo vista por Washington como su “patio trasero”, pero también como una profundidad estratégica desde la cual proyectar poder en un sistema internacional cada vez más competitivo.
En un contexto donde la hegemonía estadounidense enfrenta desafíos, el objetivo sería garantizar al menos el dominio pleno sobre el continente.
Una división entre aliados y enemigos
Para Sanzo, una de las consecuencias más importantes de estas alianzas es la creación de una división política clara en la región entre gobiernos considerados aliados y aquellos catalogados como adversarios.
En ese esquema, explica, los países que se alinean con la estrategia estadounidense buscan garantizar que no serán objeto de presiones políticas, económicas o diplomáticas.
Entre los países que, según la analista, ya enfrentan presiones directas se encuentra Cuba, pero también menciona otros donde podrían intensificarse las tensiones, como Brasil, Colombia o México, dependiendo de sus decisiones de política exterior
En cambio, los gobiernos que mantienen posiciones más autónomas o con orientaciones políticas de izquierda se convierten en blancos de presión. “Estamos en una lógica de amigo o enemigo”, señala.
Entre los países que, según la analista, ya enfrentan presiones directas se encuentra Cuba, sometida desde hace décadas a sanciones económicas y políticas. Pero también menciona otros casos donde podrían intensificarse las tensiones, como Brasil, Colombia o México, dependiendo de sus decisiones de política exterior.
La dimensión militar de las nuevas alianzas
Otro de los elementos centrales de esta estrategia es el componente militar.
Sanzo considera que, al igual que ocurrió con la OTAN en Europa, Estados Unidos busca fortalecer vínculos militares con sus aliados regionales, lo que incluye acuerdos de cooperación, presencia de tropas o ampliación de bases militares.
Sin embargo, en América Latina el objetivo no sería únicamente la venta de armamento, sino garantizar presencia política y capacidad de intervención.
En muchos casos, explica, las alianzas con Washington implican poner a disposición del gobierno estadounidense recursos naturales, territorio y capacidad operativa.
“Lo que se busca es garantizar esa presencia y ese poder para hacer lo que Estados Unidos quiere”, afirma.
La analista menciona como ejemplo operaciones conjuntas recientes en países como Ecuador, donde se ha discutido la posibilidad de mayor presencia militar estadounidense.
En contraste, señala que en países con gobiernos más autónomos —como México— esta posibilidad encuentra mayores límites políticos.
«El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca coincide con una etapa de creciente confrontación geopolítica y con una estrategia estadounidense orientada a reforzar su control sobre regiones consideradas estratégicas» dijo Sanzo
Cambios en la política migratoria y seguridad continental
Sanzo también abordó los recientes cambios en la política migratoria estadounidense y las reconfiguraciones institucionales dentro del aparato de seguridad de Estados Unidos.
La destitución de la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y su traslado a un nuevo cargo internacional forma parte, según la analista, de una reorganización política destinada a reforzar la estrategia migratoria del gobierno de Trump.
A su juicio, figuras como Noem funcionan principalmente como caras visibles de una política diseñada por otros actores con mayor poder dentro de la administración estadounidense, como Stephen Miller o Marco Rubio.
En ese contexto, la frontera ya no se concibe únicamente como una línea geográfica entre México y Estados Unidos, sino como un espacio continental de control migratorio y seguridad.
“Para Washington la frontera ya no está solo entre San Diego y Tijuana; ahora es todo el continente”, explica.
La integración latinoamericana como única alternativa
Ante este panorama, Sanzo considera que las posibilidades de respuesta de América Latina frente a la presión estadounidense no pasan por el terreno militar. La única alternativa viable, sostiene, es la integración regional.
Frente a la enorme capacidad política, económica y militar de Estados Unidos, los países latinoamericanos solo podrían equilibrar fuerzas si actúan de manera coordinada.
“Se puede compensar la falta de armas siendo un número suficientemente grande de países y construyendo algo en conjunto”, señala.
Sin embargo, reconoce que ese escenario es actualmente difícil, debido al giro político hacia la derecha que experimentan varios gobiernos de la región y a la disposición de algunos de ellos a alinearse directamente con Washington.
En ese contexto, Sanzo identifica tres países que podrían jugar un papel clave en la construcción de un proyecto regional alternativo: México, Brasil y Colombia, dependiendo de su evolución política en los próximos años.
Un escenario complejo para América Latina
Para la analista, América Latina enfrenta un momento particularmente complejo en el escenario internacional.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca coincide con una etapa de creciente confrontación geopolítica y con una estrategia estadounidense orientada a reforzar su control sobre regiones consideradas estratégicas.
En ese contexto, las decisiones que tomen los gobiernos latinoamericanos en materia de cooperación, integración o autonomía política serán determinantes.
“La tarea es extremadamente dura y extremadamente difícil”, concluye Sanzo, al referirse a la posibilidad de construir un proyecto regional capaz de equilibrar el poder de Estados Unidos en el continente.
Para ver la entrevista completa y el programa «El “Escudo de las Américas”: Trump reúne a su club de presidentes dóciles | La BaseLatam 1×150» sigue el enlace:

