La ideología dominante parece empujarnos a saber de todo y a estar permanentemente hiperinformados. Pero esa aspiración encierra una trampa: lejos de ampliar la comprensión del mundo, muchas veces nos deja apenas rótulos o consignas elementales. El viejo refrán lo advierte con claridad: “El que mucho abarca poco aprieta”.
El hombre padece una creciente dispersión mnémica. Cada vez le resulta más difícil abarcar la infinidad de asuntos, datos e informaciones que le exige la exuberante cultura consumista y del espectáculo. Esta disgregación de la memoria responde, entre otras cosas, a la hiperestimulación mediática, a la feroz competitividad y a la superficialidad que atraviesa la vida contemporánea. La fascinante tecnología -internet, redes, inteligencia artificial- igualmente contribuye a este fenómeno. En este contexto, el tiempo, la memoria y hasta el deseo de profundizar se vuelven escasos. La estrategia más habitual consiste en saber un poco de muchas cosas y reservar la mirada profunda para lo que realmente interesa o para la propia actividad. Sin embargo, la superficialidad tiene un costo: cuanto menos se profundiza, más fácil resulta ser engañado -o autoengañarse-, porque las causas de lo que ocurre rara vez se encuentran en la superficie.
Cuestionar ese mandato de saber casi nada de mucho podría aliviar esa atadura mental. Aunque conviene recordar que existe una tendencia muy humana hacia la simplicidad. Ya lo señalaba el filósofo escocés David Hume: en la base de muchos razonamientos equivocados suele estar precisamente esa inclinación.
Ps. Jorge Ballario [email protected]
OTRAS CARTAS
El enemigo ya no es el soldado sino el más inocente
El pulpo es un animal muy inteligente, tímido, inocente. Pero imaginemos uno perverso altamente dañino, al de estilo de Hollywood: Úrsula, con una cabeza y ocho “brazos”. ¿Por qué se me ocurre un símil con una cabeza con corbata roja y todo un ejército de fieles sumisos? “Nada es más peligroso que una mano obediente sin conciencia” (Simone Weil). Sólo que hoy esas manos manejan joystick que comandan la miríada de drones. El calificativo “abierta” en “Roma, ciudad abierta” recordaba una ciudad desmilitarizada que debía estar libre de ataques. Hoy vemos un trágico festival de acciones contrapuestas a tal premisa. El enemigo ya no es el soldado: es el hospital, la escuela, la casa o cualquier cosa que cobije al enemigo aunque éste sea la persona más inocente.
Una cosa ha venido creciendo desde las primeras luces con la Humanidad: la locura de tiranos que nunca mueren con la muerte que diseminan. Y aquí nos encontramos hoy, otra vez con estos “Juegos de guerra” en donde la sangre ficticia de la pantalla pasa a regar, por el descuartizamiento de los caídos, la misma tierra que cobija a la Humanidad toda. Y sí, otra vez ha rebrotado esta adicción del hombre, mucho más letal que las mismas drogas.
Héctor Cuadrado [email protected]
La presión fiscal y la crisis de las pymes
Es cierto que hay menos pymes, y que no crecen nuevas empresas. Pero el drama es la presión fiscal, especialmente la inicial. Para abrir un negocio, salvo excepciones, hay que pagar “tasas” exhorbitantes (esas pseudo tasas deberían ser por un servicio, si no es un impuesto ilegal). La incidencia de Ingresos Brutos (IIBB) es mayor que “Ganancias” (toda una contradicción de política fiscal) que debe ser corregida. Además, IIBB es generador de inflación porque va en cascada. Hay intendentes que han exonerado a las empresas que se instalan. Otros municipios cobran, porque dicen que necesitan atender a la gente (y que la mayor tajada se la llevan las provincias), lo que es cierto.
Como propuesta, hay que concentrar la recaudación en IVA y Ganancias. El IVA porque crédito-débito ayuda a “fiscalizar” y se cobra por el valor agregado. Ganancias, es el más lógico, porque se paga al ganar, no cuando se pierde (IIBB).
Hugo Jorge Carassai [email protected]

