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Miguel Angel Solá estrena obra en La Plata

«Porque La Plata es no solo la capital de la Provincia de Buenos Aires, sino también una de las capitales de nuestro teatro”, por esa razón, a Miguel Angel Solá le parece natural estrenar en el Teatro Coliseo Podestá, Por el placer de volver a verla, una obra en la que comparte escenario con Mercedes Funes. Duetos actorales es el formato al que ha recurrido en sus últimas obras, porque el echarse compartidamente al hombro toda la obra hace que las dos actuaciones, lejos de competir y buscar el despliegue vanidoso del plumaje propio, suscite en el otro lo mejor de sí mismo, la complicidad de estar construyendo un clima, la alegría de estar contando juntos una historia.

Por el placer de volver a verla es una obra del canadiense Michel Tremblay, versionada y dirigida por Manuel González Gil, “uno de los hombres que más ha hecho por los actores y actrices argentinos. Cientos, quizá miles de colegas han tenido la oportunidad de ejercer su trabajo gracias al esfuerzo de este hombre incansable a quien tanto le debe nuestro teatro. A todo ser de teatro le deseo un Manuel González Gil cerca”. Son muchos años de trabajar juntos, desde los años en que González Gil fundó la agrupación teatral Errare Humanun Est, en la que participó Miguel Angel Solá, y que tuvo como una de sus puestas más célebres “Los Mosqueteros del Rey”, a comienzos de los 90. Miguel Angel continúa ya no haciendo sino siendo una suerte de Mosquetero del teatro, junto a dos amigos: “ Manuel González Gil y Martín Bianchedi -sus músicas me transportan como la guía de Manuel escribiendo y dirigiendo me hacen más y mejor actor-. Llevamos 40 años los tres juntos y todo ha sido ganancia”.

El Teatro Coliseo Podestá tiene un valor entrañable para Miguel Angel Solá, porque durante largos años la sala tuvo como director a Pipe Herscovich, “un hombre que amaba profundamente el teatro. Alguien a quien me gustaría mucho volver a encontrar para seguir celebrando juntos. Aunque ya se haya ido, sigo brindando con él”, dice como quien mira a un pájaro que gana altura hasta confundirse con el cielo. Tanto en el Teatro Opera como en el Coliseo, Herscovich permitió que Solá se expresara en todas sus facetas. Principalmente, como actor; pero también, presentándose con La Típica en Leve Ascenso, un grupo en el que se mixturaba la música, la poesía y el humor. “Fue una experiencia muy lúdica, muy libre, que disfruté enormemente”.

“Madre: es tu desamparada criatura quien te llama, quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un telón caído”, escribió Olga Orozco, y quizás, con el alma rajada, podría decir lo mismo el desgarrado personaje de “Por el placer de volver a verla”, que va hacia el encuentro de esa mujer dadora del milagro de vivir, la que inscribió en su alma la señal del asombro. Una mujer en la que parecen estar cifradas muchas respuestas. Si uno le pregunta al actor si en su vida ha sido así, si las mujeres le han dado las respuestas que andaba buscando o si sólo le han agregado preguntas, contesta con una voz que no se encrespa en definiciones sino que se tiende en lenta gratitud: “La mujer siempre busca respuestas, pero para nosotros nunca dejan de ser una pregunta”. Pese a sus muchas experiencias al preguntarle si ha averiguado qué es el amor, contesta: “Lo estoy averiguando”. Como si estuviera parafraseando a San Agustin cuando dijo “si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé, pero si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé, Miguel Angel Solá dice a propósito del amor: “Sé cuando estoy enamorado, pero me siento incapaz de definir al amor” .

Hay amor en la voz de Miguel Angel Solá cuando evoca a su tía Luisa Vehil, a su madre Paquita y a su hermana Mónica, dejándonos convencidos que no son solo su familia biológica sino también su familia espiritual. Miguel Angel Solá es un hombre para quien la única tierra firme es el amor, como si todo lo demás fueran arenas movedizas. El amor en el sentido más amplio y profundo. El amor al que los dueños del mundo parecen haberle declarado la guerra. Para Solá, imbéciles de alta peligrosidad se han adueñado de todo, desde “América del Techo”, hasta esta Argentina, donde es inexplicable que la estemos pasando tan mal teniendo tantas posibilidades para que nos vaya bien”. Contra tanto humanicida que pretende un planeta zombificado, el teatro nos ofrece un conjuro. Toda obra en la que participa Miguel Angel Solá es un intento de alumbrar al ser humano en su misterio. Los platenses, el viernes 17 de abril, tendremos, una vez más, la oportunidad de comprobarlo.

Redacción

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