Lo que muchos intentaron minimizar como «folklore del fútbol» ha escalado a una categoría mucho más oscura: la instigación a la violencia y el ejercicio de poder sobre los cuerpos. Durante un reciente encuentro en Arroyito, la hinchada de Rosario Central exhibió muñecas inflables vestidas con la camiseta de su clásico rival, Newell’s, acompañadas de gestos que remiten directamente al abuso sexual. Este hecho no es un incidente aislado, sino el síntoma de un sistema que parece blindado contra la perspectiva de género.
El objeto como mensaje de poder
La utilización de muñecas inflables no es una broma inofensiva. Estos objetos representan la despersonalización absoluta de las víctimas. «Al fin y al cabo una se termina sintiendo así, un objeto inanimado», relata una denunciante de abuso en el ámbito del fútbol. Arrojar una muñeca al campo de juego espeja de forma macabra la manera en que los cuerpos de las víctimas de femicidio son descartados en descampados. Es un mensaje de dominación: en este territorio, violar es una forma de demostrar poder.

Una justicia que mira hacia otro lado
El escándalo en las gradas ocurre en un contexto de impunidad judicial persistente. Mientras las tribunas naturalizan la violencia, los tribunales de CABA y otras jurisdicciones continúan emitiendo sobreseimientos cuestionables para jugadores profesionales denunciados por abuso sexual con acceso carnal. El caso de M., quien perdió su trabajo y su salud mental tras denunciar a jugadores, es el ejemplo más crudo de una justicia que, a pesar de admitir que no descree de la víctima, termina protegiendo a los victimarios bajo argumentos jurídicos contradictorios.

El silencio ensordecedor de las instituciones
A pesar de la gravedad de lo ocurrido en Rosario, la respuesta de los dirigentes y del colectivo de jugadores ha sido nula. Hasta el momento, las posibles sanciones se limitarían a cuestiones administrativas, como el ingreso de objetos no autorizados, ignorando la carga simbólica e ideológica de la agresión. El fútbol argentino sigue debiendo una respuesta profunda sobre cuándo se aplicará una verdadera perspectiva de género en un ambiente donde la pornografía y la violencia sexual parecen haber ganado un lugar en la tribuna, a la vista de miles de familias e infancias.



